Wednesday, May 31, 2006

El imperio de la no justicia


Ayer volví a ver en la tele El primer caballero, una película que, como muchas otras, habla del triunfo del valor, la sinceridad o la integridad por encima del odio, la cobardía y el egoísmo. Transcurre en la época del rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda. Cuenta justo esas cosas que ya sólo se ven en el cine. A mi generación, nos educaron en valores abstractos como la justicia, la paz o la igualdad que ya no están de moda a efectos prácticos y que seguimos buscando, sin éxito, en nuestro alrededor. Es cierto que a muchos se les llena la boca con esas palabras. Todo el que tiene el poder intenta convencer que lo posee porque lo merece y vende la moto de su legitimidad para administrarlo. Ja. Nada más lejos de la realidad. La integridad, el honor y el amor propio se están vendiendo a precio de saldo en cada esquina, en cada empresa, en cada ayuntamiento, porque el mundo está reinado por la mediocridad, ni siquiera por los malos más inteligentes. Tal y como está el patio, se me han quitado las ganas de tener hijos. Si los tuviera, habría que elegir entre educarlos para ser buenas personas o para tener éxito en la vida. Por supuesto, en teoría, es posible ser ambas cosas a la vez, pero se debe sufrir tanto cuando uno está arriba e intenta no caer en la tentación de olvidarse de los que están abajo, que muy pocos se resisten, así que igual es mejor optar por una educación que promueva lo que la sociedad premia, es decir, el egoísmo, la injusticia, el despotismo y la superficialidad. Al menos, se evitaría la frustración del que quiere y no puede y todos sabríamos a qué atenernos. Puede que mi discurso sea pesimista, pero el mundo que describo lo hacemos entre todos.

¿Consumidor o presa?


Hace un mes y medio, después de haberme resistido durante años a la invasión de las nuevas tecnologías en casa, llamé a Telefónica y pedí un completo de los que te incluyen adsl, televisión y teléfono (llamadas nacionales) por una cantidad irrisoria. Bueno, lo de irrisorio es un decir. Dijeron que pagaría unos 40 euros al mes (los 3 primeros meses) y asentí porque no había nada más barato. El tiempo que estoy en mi pisito es tan escaso que, de antemano, sabía que no iba a amortizar. Hoy he recibido la primera factura y, en números gigantes, aparece la cantidad de 217 euros a pagar. El recibo salió de mi buzón esta mañana, lo abrí en el coche y el shock fue tal que tuve que parar en la primera cabina para informar de que se había producido un grave error, un malentendido. Al otro lado de la línea, una voz me aclaró que todo estaba en orden. “Señora, la oferta son 40 euros, a lo que hay que sumar 86 por instalación de línea (que me dijeron que era gratis), 34 por instalar el aparatito de la tele (tampoco nadie me dijo que aquello costara dinero), 13 euros por alquiler de línea (que al precio que pago ni siquiera es mía) y que se multiplica por tres porque se cobra un mes por adelantado, ah, y 2 euros por unas llamadas que hice a un 902 porque la línea se estropeó un par de veces. Todo esto, con la cantidad de IVA correspondiente según ley y bla, bla.. suman 217 euros. Si hubiera tenido una cámara en el bolso, me habría hecho una foto para enseñar al mundo cómo se te queda la cara cuando te timan con tanto estilo. Como mi solicitud fue por teléfono, no tengo contrato, así que he hecho una queja formal, que es lo único que me queda y aquí estoy, esperando un milagro. Eso le pongo un pleito que podría acabar costándome a mí el dinero. A fin de cuentas, para los grandes depredadores, la gente normal no somos consumidores con derechos sino presas a las que chupar la sangre. Lamentable, simplemente, lamentable.

Thursday, May 18, 2006

Wednesday, May 17, 2006

Las líneas de la mano


Hay momentos en la vida en que hacemos cosas que, en nuestro sano juicio, no tienen explicación porque, según cómo se miren, son absurdas. El otro día, caminando a paso ligero por la Mezquita, una gitana me cogió la mano y empezó a leerla en voz alta. Yo, que acababa de rechazar el ramito de romero y negado con la cabeza, como hago siempre cuando paso por ahí (y paso diariamente dos o tres veces), sufrí un shock al escuchar, sorprendida, cómo aquella mujer hacía un resumen de mi personalidad y, como guinda, me dibujaba un futuro a medida de mi capricho. Supersticiosa y tonta como sólo algunos podemos serlo, le solté diez eurazos por una tarea que a ella le llevó tres minutos y a mí un día de dolor de estómago. Sucumbí al efecto de la pitonisa en un momento de debilidad que, probablemente, leyó en mi cara y asumí que el dinero no es importante si se da “con agrado”, solicitud que ella me hizo antes de tomar el billete. “Tiene que ser dinero en papel, diez euros mínimo o te dará MALA SUERTE”, dijo. Aquella mujer había pronunciado las palabras mágicas para que la caja registradora abriera la boca y pillara un buen bocado, yo. Tanto poder tiene a veces la sugestión que en semejantes circunstancias uno no tiene escapatoria. Mi particular vidente me advirtió que no debía contar a nadie sus predicciones y desde entonces ando con la lengua cosida al gaznate. Pero, llegados a este punto, hoy me pregunto: si pasado un tiempo razonable, el destino que ella me auguró no se cumple, ¿tengo derecho a protestar? Algo me dice que en este servicio no hay hoja de reclamaciones. Qué injusticia. Por si acaso, yo “me he quedado con su cara”.

Sunday, May 14, 2006

Transexuales diferentes


Esta tarde, circulado a toda velocidad a bordo de mi ciclomotor después de ver una película argentina de esas que invitan a filosofar sobre las relaciones humanas, se me iluminó una idea en la cabeza. De repente, pensando porqué hay tantas mujeres atraídas por hombres gays, se me antojó si no existirá un tipo de transexualidad aún por descubrir. El fenómeno por el cual hombres gays se encuentran en realidad atrapados en cuerpos de mujeres y viceversa. Si a una mujer le gustan los hombres pero justamente los hombres gays, ¿no debería quizás ser esa mujer un hombre y así poder disfrutar de ellos? El transexualismo no es otra cosa que la equivocación, el desencuentro fortuito entre un cuerpo de un sexo y un espíritu de otro. No sería raro por tanto que un hombre gay no se sintiera mal en el cuerpo de una mujer porque su lado femenino está especialmente desarrollado, pero sus anhelos sexuales estarían dirigidos a un tipo de hombre que no corresponde con el modelo heterosexual. Dios mío, creo que he descubierto un fenómeno nuevo en el que nadie ha caído hasta ahora. ¿O sí? Da igual. El caso es que quería compartirlo con mi ordenador antes de que se me fuera el santo al cielo. Misión cumplida. Hasta la próxima elucubración mental transitoriaaaaaaaaaaaaaaaaa.

Wednesday, May 03, 2006

Ya no puedo más

Ya no puedo más. Estoy hasta el moño de estatutos. Que si el estatut de Cataluña por aquí, que si el estatuto andaluz por allá y lo que nos queda. Pero no, no estoy cansada de que los políticos hagan su trabajo y se arranquen las tiras del pellejo para conseguir aquello que prometieron a sus votantes, eso me parece cuando menos, lo normal. Lo que me cabrea es que a propósito de reformar un estatuto de autonomía todo el mundo pueda opinar sobre el sentimiento nacional que tenemos unos y otros. Y sobre todo, que pongan en boca de, por ejemplo, "los andaluces" lo que cada cual piensa o siente sobre su propia identidad nacional, que como sentimiento, es algo puramente personal. Porque, si bien es cierto que los andaluces no tenemos problemas para ser andaluces a la par que españoles, eso no significa que estemos dispuestos a quedarnos atrás en el carro de la acumulación de derechos. Que alguien se lo explique al PP, que parece no entenderlo. Capaces como han sido de criticar hasta la saciedad a los catalinos por llevarse el oro y el moro de la corona del estado ahora pretenden que los andaluces renunciemos a llevarnos nuestra parte del pastel simplemente porque aquí nadie tiene problemas de doble personalidad sobre el concepto andaluz-español-nacional. Que ya está bien, por Dios mío. Si me preguntan a mí si creo en la identidad nacional de Andalucía, diré que me trae al fresco, pero si me dicen si quiero para los míos los mismos derechos y las mismas posibilidades de gestionar nuestros recursos que Cataluña, el País Vasco o Madrid, tendré que decir que sí. Porque lo cortés no quita lo valiente y la tranquilidad andaluza no hay que confundirla siempre con indiferencia o, lo que es peor, con ignorancia manipulable. No sé, me cabreo, me cabreo.