Ya no puedo más. Estoy hasta el moño de estatutos. Que si el estatut de Cataluña por aquí, que si el estatuto andaluz por allá y lo que nos queda. Pero no, no estoy cansada de que los políticos hagan su trabajo y se arranquen las tiras del pellejo para conseguir aquello que prometieron a sus votantes, eso me parece cuando menos, lo normal. Lo que me cabrea es que a propósito de reformar un estatuto de autonomía todo el mundo pueda opinar sobre el sentimiento nacional que tenemos unos y otros. Y sobre todo, que pongan en boca de, por ejemplo, "los andaluces" lo que cada cual piensa o siente sobre su propia identidad nacional, que como sentimiento, es algo puramente personal. Porque, si bien es cierto que los andaluces no tenemos problemas para ser andaluces a la par que españoles, eso no significa que estemos dispuestos a quedarnos atrás en el carro de la acumulación de derechos. Que alguien se lo explique al PP, que parece no entenderlo. Capaces como han sido de criticar hasta la saciedad a los catalinos por llevarse el oro y el moro de la corona del estado ahora pretenden que los andaluces renunciemos a llevarnos nuestra parte del pastel simplemente porque aquí nadie tiene problemas de doble personalidad sobre el concepto andaluz-español-nacional. Que ya está bien, por Dios mío. Si me preguntan a mí si creo en la identidad nacional de Andalucía, diré que me trae al fresco, pero si me dicen si quiero para los míos los mismos derechos y las mismas posibilidades de gestionar nuestros recursos que Cataluña, el País Vasco o Madrid, tendré que decir que sí. Porque lo cortés no quita lo valiente y la tranquilidad andaluza no hay que confundirla siempre con indiferencia o, lo que es peor, con ignorancia manipulable. No sé, me cabreo, me cabreo.
Wednesday, May 03, 2006
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