Wednesday, December 07, 2005

Padrenuestro que estás en los genes

Santificada sea tu herencia. Venga a nosotros un poquito de tu cordura y perdona que seamos tan hijos de puta aquí abajo. Hágase lo que a ti te de la gana así en los bloques como en las comunidades. La baguette nuestra de cada tarde, dámela hoy a mí. Vuelve a perdonar lo capullos que somos así como nosotros perdonamos que tú no nos hagas ni puñetero caso y, por la patria y el Rey, no nos dejes caer en la tentación de esta manera mas líbranos de las malas dietas. Amen y amemos todos.
En realidad, yo venía a escribir de los genes o de los científicos que estudian la genética y me ha salido esto. Estoy como una cabra, sí, pero me divierto tanto...
Resulta que llevo tres días leyendo noticias absurdas, todas ellas provenientes de los ingenieros genéticos de este planeta que se esfuerzan por estudiar cosas que no le importan a nadie.
Por ejemplo, ayer salió un informe que dice que los murciélagos con testículos o huevos gordos tienen el cerebro pequeño. Bueno y qué. ¿Acaso es esto extrapolable a los humanos? No. Pues entonces, a quién le importa. Seguro que en los humanos es al contrario, que los que tienen el cerebro grande tienen los aquello que te dije de un tamaño proporcional al tema. O no. Eso es lo que habría que estudiar, no a los bichos esos tan feos.
Luego sale otro estudio que dice que el hombre tiene el mapa genético más parecido al de los perros que al de los ratones. Menuda conclusión. Digo yo que salta a la vista que con los ratones no tenemos grandes cosas en común, aunque ahora que lo pienso los ratones son los que siempre salen en los experimentos, o no, miento, son los conejillos de indias. En fin, que para semejante estudio que ha durado diez años ya podían haber estudiado otra cosa.
Y para colmo, sale otro informe que dice que los bebés que tienen la cabeza gorda tienen más probabilidades de que de niños sufran cáncer de cerebro que el resto. Vamos, que te entran unas ganas de medirle la toroa a tu bebé a ver si está dentro de la media o es cabezón. Pero si es cabezón, tampoco significa que tenga que ponerse malo. Luego, ¿a santo de qué alarmar a las madres primerizas con hijos cabezones de esta forma?
No sé, que el mundo está loco ya lo sabía, pero que los científicos que siempre han tenido fama de gente seria se dediquen a tanta chorrada es como para tirarse del pelo y quedarse calva.
O igual son cosas mías.

Saturday, November 26, 2005

De mayor, quiero tener piojos

¿De dónde vienen los piojos? Nadie lo sabe. Por lo visto, no viven ni en los animales ni en las plantas ni en ninguna otra parte, su único habitat posible es la cabeza humana y sus víctimas favoritas los niños. Es curioso porque sólo se pueden contagiar de cabeza a cabeza y no están relacionados, en contra de lo que mucha gente cree, con la higiene. Esto me llama mucho la atención porque recuerdo que, de pequeña, cuando alguien tenía piojos era como que se destacaba por guarro cuando en realidad no tiene nada que ver, porque lavarse más a menudo no supone ninguna garantía contra la invasión del piojo.
Los parásitos que sí están relacionados con la higiene son los que acampan, no en las cabezas, sino en los genitales, las ladillas vamos, pero esos insectitos son menos visibles y no se distinguen tan fácilmente como las molestas y casi brillantes liendres que casi todos hemos visto de pequeños anidar en nuestro cuero cabelludo. Estamos ahora en plena campaña navideña piojera. Los piojos, habiten donde habiten, sólo se ven durante la época escolar porque es ahí donde encuentran terreno abonado para desarrollarse. Miles de cabezas infantiles pegándose las unas a las otras entre juegos de recreo. Es sintomático que de mayores los piojos ya no nos quieran. Ellos saben a quién chuparles la sangre y las cabezas de los adultos deben estar vacías de fantasías y de la imaginación que nutre a los pequeños y también a sus piojos. Esos bichitos misteriosos saben lo que hacen. Dicen que la explicación es que de mayores ya no nos acercamos tanto los unos a los otros y que al evitarse el contacto humano, se acaba el peligro de contagio. Tremenda decepción. Daría lo que fuera por tener piojos ahora mismo, con 31 años, porque eso significaría que aún hay una parte de mí que sigue siendo niña y que los piojos no me odian del todo. Pero sobre todo, significaría que tengo un contacto humano, quiero decir, con humanos, fuera de lo normal y eso, en principio, no me parece ninguna mala idea.
No sé qué tiene este tema de los piojos que cuando empiezas a pensarlo o a hablarlo, te pica todo. ¿No les pasa? ¿Acaso no se están arrascando ya? Es como la melodía odiosa que se te pega cuando alguien la canta en el autobús, que te la quieres quitar de la cabeza y no puedes... En fin, voy a revolcarme un poco por ahí a ver si pillo algún piojo. Buenas tardes.

Friday, November 18, 2005

Hombre rico, hombre pobre

Odio a la gente llorona, no a la gente que cuando tiene motivos derrama lágrimas, sino a los que lloran en seco constantemente, esa gente que se cree víctima del mundo, de la sociedad, de la vida. Oooh, todo es tan duro. Me revienta esa gente. En mi trabajo hay más de una persona que cumple con este perfil y no sé cómo me contengo para no sacar el látigo y hacer que espabilen. Tampoco es que tenga derecho a cambiar cómo son, pero como este diario es mío, diré que me sacan de quicio todos los lacrimógenos que me rodean a diario. Es desesperante ver esas caras de asco y esa forma sorda de refunfuñar por lo bajuni de lo mal que les tratan los compañeros o entes abstractos sin nombre y apellido a los que dirigen su gesto retorcido y mala follá. Por lo menos, si tuvieran valor para nombrar el origen de sus desdichas, merecerían mi respeto. Esta actitud se puede encontrar tanto en hombres como en mujeres aunque en este caso he de reconocer que hay más mujeres que la utilizan porque parece que ir de débil o de tacita de cristal viste, como que da femenidad frente al lloriqueo masculino que siempre roza la sensiblería. Lo peor es que la mayoría de la gente que llora sin lágrimas lo hace únicamente para llamar la atención entre los que le rodean. Si estuvieran solos en una isla desierta, probablemente, sonreirían felices y contentos porque no tendrían a nadie a quien dar la brasa con lo desgraciados que son. Yo me solidarizo con los llorones que tienen motivos para llorar. Hay algun@s a los que, realmente, la vida los trata a patadas y esa gente, si es capaz de soportar los duros golpes que reciben tan sólo compartiendo sus malos ratos a base de lagrimeo esporádico, no me importa, tienen mi hombro para eso porque verdaderamente tienen razones para sentirse como mojones humanos aunque no lo sean. Los verdaderamente insoportables, a mi modo de ver, son aquéllos que creen que el mundo se hunde cuando se les rompe una uña, no les entra una foto, se les mancha el pantalón de café o alguien les grita capullos sin venir a cuento. Se creen con el derecho de resoplar a viva voz por semejantes tonterías cuando hay gente por ahí perdida en el mundo que está muriéndose de hambre, cagando y limpiándose el culo con cartones de la calle o viviendo entre ratas. Tanta tontería me da náuseas y no porque a mí a veces no se me escape también sino porque es el vicio generalizado de este mundo de ricos mediocres que hemos creado que ni siquiera sabemos disfrutar lo que tenemos y sonreír a la vida por la suerte que tuvimos cuando nos parió nuestra madre y no otra. Debe ser puro complejo de culpa porque sabemos que vivimos tan bien a costa de que otros vivan entre basuras. Pero si no vamos a ser capaces de donar todo lo que tenemos a la Beneficencia y pasar de lo material, por lo menos, coño, no nos amarguemos los unos a los otros, que la vida son dos días y pronto la vamos a palmar.

Thursday, November 17, 2005

De la cabeza a los dientes

Hoy es el cuarto día consecutivo de jaqueca de esta semana y, por fin, encuentro un respiro. No sé si se debe al chute de Spidifen que me he tomado o al hecho mismo de que ya la cosa no podía durar más sin que mi cabeza acabara estallando. He estado al borde mismo de la locura porque las noches con jaqueca son horribles. Es como si te estuvieran comiendo los sesos con cucharilla de café y tú mientras tanto estuvieras ahí, en posición horizontal, haciendo como que no pasa nada cuando lo que te pide el cuerpo es pegarte cabezazos con la pared. Afortunadamente, y no quiero cantar victoria, el dolor se ha ido y nadie sabe cómo ha sido. Cuando todavía me estaba quejando de mi dolencia, he hablado casualmente con otra amiga mía a la que acababan de colocarle un segundo aparato en los dientes. Tenía uno bastante incómodo ya y en la fecha prometida de que éste desparecería, no sólo no se ha ido sino que le han puesto un artilugio mecánico extra entre los dientes. Y todo porque tiene problemas de mordida, la chiquilla. Ahora anda preocupada por su novio, porque entre aparato y aparato se va a llevar dos años sin poder compartir algunos de esos placeres de la carne para los que la boca está indicada por receta médica. En fin, que hablando de lo suyo y de lo mío, me ha dicho que ella también tenía migraña antes y que los dolores se le fueron justo cuando le pusieron el aparato éste en los dientes porque el problema era justamente que su mandíbula estaba tan desencajada que acababa explotando por ahí. Qué misterios los del cuerpo humano. Yo, después de eso, me he quedado parada y he pensado que igual lo mío no era tan grave. Mi neurólogo dice que mis dolores son benignos y mi mandíbula encaja perfectamente. Al rato de hablar con ella, se me han quitado los dolores. Hay que ver que no hay nada como mirar el que se come las cáscaras de tus altramuces para que tus salaíllos sepan más ricos. Pues sí, ésta es mi moraleja de hoy. Come todo lo que puedas, mientras puedas, que cuando menos te lo esperes, te colocan un aparato en los dientes. Y se jode la marrana.

Saturday, November 12, 2005

A tomar por culo

Estoy un poco rara hoy. Creo que el tiempo me afecta más de lo que pensaba y hoy, como está la cosa revuelta, que parece que llega una borrasca o no, que hay nubes pero no llueve, viento, y tal y tal, así ando. Bueno, la verdad es que llevo al menos tres días con una mala lecheeeee.... con una violencia contenida.... con unas ganas de coger a alguien y pegarle una tunda palos....
Bueno, esto es una forma de hablar. A diferencia de otras personas, mi capacidad para repartir candela está muy poco desarrollada. Cuando era pequeña, en el cole, yo era muy grandota, pero siempre me llevaba las tortas de las típicas enanas malajes que abundan en todo colegio de monjas que se precie y que se gastan una mala hostia... En fin, que siempre fui de instinto violento contenido, aunque de palabra hiriente. Mi manera de canalizar toda esa violencia que a veces, sin venir a cuento, me atrapa, es soltar barbaridades por la boca. Es un ejercicio que practico a diario, pero cuando estoy de mala hostia, verbalizo cada monstruosidad que a veces me doy miedo. Mira que si un día me da por traducir toda mi agresividad bocal en forma de guantazos.
Para mí que más que llover mañana, se acerca un tsunami o un huracán, por el elevado tono de mal carácter que hoy me embarga. Vamos, que si en vez de mi mal humor, midiera la meteorología por el dolor de los juanetes, como mi tía Maricarmen, tendría los pies del tamaño de un centollo.
Me sorprende que no esté con la regla porque tengo esa típica sensación en la que lo bueno y lo malo suenan mucho más bueno y más malo de lo normal. Ese estado de ánimo en que alguien te dice. Hola qué tal? Y tú respondes. ¿Qué tal, qué tal? ¿Y tú para qué coño te metes en mi vida, hijo de puta? No sé si me explico. Pues así estoy hoy. Creo que la culpa es del Teletipo de los cojones, que me está asfixiando. Pero bueno, hay que relativizar. Mañana descanso, así que mañana me dedicaré a relativizar. Hoy por lo pronto, me cago en la madre que parió a Paneque, me cago en los muertos de la tía Frasca y me cago en todo, ¡cipote! Qué me gusta la palabra cipote. Creo que es el taco que más mala leche puede expulsar de tu cuerpo. Ojalá pudiera gritar ahora mismo aquí, a pulmón partío ¡cipoteeee! ¡cojoneeeeeeeeeeeessss! ¡a tomar por culo tooosssss, cabrones de mieeeeeeeeerdaaaaaaaaaaa! Bueno, lo dejo, que me embalo. Karma, karma es lo que a mí me hace falta, mucho karma. Lo mejor será que me vaya a los baños califales, a ver si el agua me inspira un poquito de buena onda.

Thursday, November 10, 2005

Calvas

Hace días que le llevo dando vueltas a este tema y no encuentro respuesta. ¿Por qué sólo los hombres se quedan calvos? ¿Por qué las mujeres no perdemos el pelo al hacernos mayores? Hablaba el otro día con una amiga, intentando averiguar el motivo genético, la explicación racional para que las mujeres, que somos las que sometemos nuestras cabelleras a mayor suplicio con permanentes, tintes y cosas varias, tengamos el privilegio casi asegurado de llegar a la vejez con una melena nutrida mientras la mayoría de los hombres ven peligrar, pelo a pelo, la densidad de su cuero cabelludo. Mi amiga me dijo que la cosa se debía a un tema hormonal. Eso, a nivel puramente fisiológico, podría ser y de hecho, creo que es la explicación. Pero ¿qué motivo argumental está detrás de este hecho? ¿Por qué los hombres calvos suelen tener más pelo en el resto del cuerpo que otros? No creo que la explicación sea la que dice el saber popular de que si piensas mucho se te cae el pelo, porque conozco yo a cada calvo... cuyas ideas brillan por su ausencia. Tampoco se explica biológicamente como una evolución lógica de los humanos, que perdemos el pelo porque ya no nos hace falta para abrigarnos ya que entonces se perdería en el cuerpo y no en la cabeza. Y otro tema, ¿por qué el pelo se pone blanco? Quiero decir, ¿por qué a una gente le sale canas y a otra gente no? Me explico. Que se te caiga el pelo sin ton ni son no tiene lógica ninguna, pero que se te ponga blanco podría ser una consecuencia inevitable derivada del envejecimiento de las células del cuero cabelludo. Pero hay gente con 20 años y el pelo blanco y otra parte de la población que muestra sus primeros pelos blancos a muy avanzada edad. ¿Qué explicación puede tener esto? Canas y calvicie son temas que, no sé, me quitan el sueño por las noches. Bueno, me lo quitan cuando no tengo porque cuando tengo sueño, caigo como un tronco sin remedio. Por cierto, este otro tema también me intriga. ¿Por qué hay gente con insomnio y gente que duerme o que dormimos como un lirón? .
Otra cosa que hablé el otro día con un colega del trabajo y que también resulta muy misterioso es el hecho de que los hombres tengan mamas, tetillas. ¿Alguna vez los hombres las usaron para amamantar a alguien? Si no los hombres, ¿los monos macho quizás?. Y si no es así, ¿por qué conservan esos pezoncillos en sus cuerpos? ¿Es posible que no los usaran nunca, pero estén ahí en previsión de que alguna vez sean hermafroditas? Porque lo cierto es que todo lo que tenemos en nuestros cuerpos suele tener una función o acaba atrofiándose a través de las generaciones. Qué cosas. La vida y el cuerpo humano está lleno de misterios. Y una última pregunta antes de irme. ¿Ha visto alguien alguna vez un torero con gafas o bigote? ¿Alguien puede contestar a esta pregunta? En fin, ya volveré mañana a hacer nuevas disquisiciones. Ahora me tengo que ir, me estoy cagando. Debe ser del esfuerzo de tanto pensar. Je, je.

Friday, November 04, 2005

Orgullosa


Estoy un poco preocupada. Resulta que la prioridad prioritaria de mi vida es la familia seguida directamente por mi orgullo. En cuarto lugar ¡en cuarto! queda el amor, después de mi carrera y sólo antes que el dinero. Estaremos todos de acuerdo en que tengo un problema serio. Bueno, sé esto de mis prioridades porque acabo de hacer el test de Buda que me ha mandado una amiga por email y he puesto en segundo lugar el tigre en una lista de cinco animales. El primero fue el caballo, menos mal. Y después puse a la vaca, la oveja y el cerdo. Yo creo que el que montó el test hizo trampa. ¿Quién se iba a imaginar que la oveja sería el amor? No pega. Para mí que lo hizo algún resentido para hacer que la gente se sienta mal. Todo el mundo al que le he hecho el test ha dicho lo primero de todo el caballo o el tigre, excepto uno que tiene vocación de cabrero. En este caso, yo creo que no cuenta porque su amor no está enfocado a las personas sino en concreto al género animal bovino.
Desde hace una hora, ando dándole vueltas al temita. Mira que si soy una orgullosa y por eso no me quiere nadie. Es que... vaya tela con los test que te mandan las amigas. Si hay alguna que me esté leyendo, que tome nota y no me envíe cosas así para que yo no me coma la cabeza de esta forma. Me consuelo porque no he puesto al cerdo primero y, en consecuencia, no soy una materialista de mierda. Aunque más materialista que orgullosa sí que soy, pero claro, ¿quién va a poner al cerdo el primero de todos?
Luego hay otra pregunta sobre definiciones de animales y en esa me ha salido que el mar, que es lo que yo espero de mi vida, es para mí la paz. Ahora resulta que soy una tía orgullosa, pero pacifista. Y el amor, que se define a partir de la palabra café, yo lo interpreto como una reunión. Menos mal que no puse cigarrito, que es lo que me vino a la cabeza lo primero o si no, sería una orgullosa pacifista y guarrilla. Lo único que acerté de pleno fue la rata, que representa a mis enemigos, y que yo definí como asco porque los pocos enemigos que tengo lo único que me provocan es asco.
Luego también tenía que decir una palabra para perro y puse amigo. De aquí resultó que ésa es mi personalidad. Y digo yo, ¿esto cómo se interpreta? Qué pasa que soy una amiga superguay o que necesito amigos más que otra cosa o que yo soy mi mejor amiga. Es que, claro, con una palabra no hay quién se entere.
Lo que más me sorprendió fue el gato. Yo le coloqué la palabra arisco y resultó que el gato equivale a la personalidad de la pareja que yo busco. ¿Arisco? ¿Arisco? ¿Arisco? Esto qué significa, por Dios, que estoy buscando a un sieso? No hay derecho.
Los tests son una mierda y quien los hace más. Por favor, que nadie me mande más test de personalidad, que me agobio. Gracias. Firmado: La orgullosa.

Tuesday, November 01, 2005

Buenos días, Marga



Me acabo de enterar de que tengo una fan. Juro y perjuro que no está comprada. Dice ser mi fan y yo no he tenido nada que ver, se le ha ocurrido a ella solita, para que vean que la gente se engancha a cualquier cosa, por absurda que pueda parecer. Yo también soy fan de ella, de mi Marguita, la loca de las peinetas que en silencio entra en mi página web y ahora, por primera vez, me ha dejado un mensaje. Qué ilusión. Yo que pensaba que escribía para mí misma y que todas mis palabras se ahogaban en el anonimato más absoluto.
Pero yo a Marga me da que la conozco. Si no me equivoco, Marga es es... es... mi amiga Marga, la recién casada que recién ha llegado de su segunda luna de miel, de Argentina, con su marido, el Nasho, ése que tan mal me caía antes y tan bien me cae ahora. Y es que el Nachete ha resultado ser un pedazo de pan y no un mendrugo como yo pensé al principio. Sí, lo reconozco, tengo muchos prejuicios y me encanta poner etiquetas antes de conocer a la gente. Sobre todo, etiquetas malas. Me gusta crearme enemigos ficticios y mis verdaderas amigas lo saben, saben que soy inofensiva pero tengo esa mala uva al principio. Yo con la gente nueva soy como el vino, o me convierto en Rioja del gueno gueno o me agrio y me hago vinagre. Necesito tomarme mi tiempo para que lo bueno que hay dentro de mí salga por sí solo. Luego soy bastante entrañable, cuando se me conoce, a pesar del pronto bruto que a veces se me escapa. ¿Verdad Marga?
Marga me entiende porque ella es tauro, como yo, y sabe que mi cabezonería es más grande que yo misma. A veces, cuando me equivoco, me da vergüenza reconocerlo y refunfuño mucho, pero si la cosa me importa de veras, siempre me puede mi Pepito grillo particular y rectifico. Eso me pasó con el esposo de Marga, don Ignacio.
Es más, ahora ya no puedo pensar en mi amiga Marga sin pensar a la vez en el Nachete al lado. Es como si tuvieran adhesivos colocados y vinieran de golpe uno con el otro cuando tiro de ellos en mi memoria. Qué cosa tan curiosa. Quién le iba a decir a Marga hace unos años, cuando las dos nos lamentábamos a dúo de lo idiotas que son los tíos y lo mal que nos lo hacen pasar, de lo tontos que son y lo poco que se merecen que suframos tanto por ellos, que acabaría tan felizmente casada con todo un señor dentista con el que siempre anda mostrando sus dientes (quiero decir sonriendo, para los torpes que no entiendan las metáforas) y por el que se le cae la babilla.
Ojalá pudiera decir lo mismo de todas mis amigas. Ojalá todas fueran tan felices como la florecilla de Marga. Y ojalá acabemos todas teniendo la misma suerte que mi amiga Margarita. Yo no pierdo la esperanza. Si la Leti está con el príncipe y mi Marga con un dentista, seguro que debe quedar un modelo de pasarela o un marajá árabe para mí. Tampoco pido tanto, un cuerpo serrano que me quite el sentío y un corazón como un camión. Pero a lo que iba. Buenos días Marga y gracias por venir a verme. Un día de éstos, voy a tener que hablar un poco de ti...

Un eufemismo para cada ocasión


Me di cuenta cuando un gamberro empujó a una chica en el metro de Madrid y tuvieron que amputarle una pierna. La joven pasó a ser calificada por los medios "discapacitada" del tirón en lugar de obtener el tradicinal título de coja. Los eufemismos en este país están a la orden del día, son como una especie de plaga que lo impregna todo de mala manera y a mí me dan un poquito de corage, sí señor. Yo es que soy así de rara.
Sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate, maquilla ya tu realidad...
Hace tiempo que en España no existen ciegos porque ahora los que no ven son invidentes, no hay cojos, paralíticos o mancos sino discapacitados, ni bizcos o tuertos sino deficientes visuales. Ahora los enanos son bajitos, los viejos son la tercera edad y los feos gente poco agraciada. Los defectos tradicionales han dejado de existir gracias al maravilloso mundo del camuflaje verbal a gran escala y algunos ingenuos deben andar por ahí pensando que a fuerza de no nombrarlos han desparecido eso, los cojos, los mancos y los ciegos.
Lo impresionante del tema es que, mientras en los medios de comunicación, todo el mundo se afana en inventar términos a cuál más complejo o surrealista para denominar realidades que no cambian por tener un nombre distinto (un muerto en una guerra siempre será un muerto aunque la prensa lo llame caído en misión patriótica o pálido objetivo de una mina antipersona), nadie se preocupa de borrar las verdaderas palabras malsonantes que no son las que nombran realidades sino las que las interpretan.
A la par que han desaparecido los cojos, se han multiplicado los gilipollas, las putas, los cabrones, los maricones y los coños, cipotes o cojones que acampan a su antojo en nuestros oídos sin grandes sonrojos. Digamos que nos hemos acostumbrado a lo que en mi tiempo eran "palabrotas" de ésas que te costaban una señora "hostia" (permítanme la licencia literaria) con nada más surrurarla. Recuerdo yo que cuando quería llamar a mi hermana algo más fuerte que tonta (imbécil, no vayan a pensar), me acercaba mucho a su oreja para que nadie oyera lo que iba a decir y soltaba mi insulto prohibido como quien lanza una bomba. Luego tu hermana se chivaba a tu madre de lo que habías dicho y aquello solía acabar como el rosario de la Aurora. ¡Qué tiempos, se te ponía la cara o el culo más rojo que un plato de salmorejo! Sólo de pensarlo, me entran unas ganas locas de crear una liga reivindicativa en pro del cachete justificado: por pura nostalgia más que nada. Y por hastío de ver cómo sufren ahora esos padres hijos de la democracia, tan condescendientes, que viven con la dictadura y el chantaje emocional de sus propios hijos, a los que sólo les falta nacer con una mini Constitución infantil de sus derechos bajo el brazo. Pero sin obligaciones, que eso no mola, tío.
Ahora nadie se escandaliza al ver a los grandes hermanos de turno o los locutores de la realidad más rosada, por no hablar de políticos de alta alcurnia, insultar a bocajarro o soltar el taco de rigor delante de una cámara y hasta con micrófono en mano (todavía resuena en mi memoria el ¡Andrea, coño, cómete el pollo! de Belén Esteban o el ¡Manda huevos! de Federico Trillo). Es como que hace gracia incluso, como que la gente es más mona o entrañable cuanto peor hable. Pero ¡eso sí! que a nadie se le ocurra decir que ha visto a un cojo, por muy pata chula que ande o tuerto, aunque le falte un ojo. Preferimos el insulto a la verdad. No se puede ser más patético. Yo lo siento por los niños, que a fuerza de ver la hipocresía general, acabarán creyendo que puta es un nombre de pila, capullo un color de piel y un ataúd una cama muy dura donde uno se echa a dormir la siesta más grande de su vida. Angelitos. Con lo monos que son de pequeños.

Monday, October 24, 2005

¿Quién dijo miedo?


Esto no hay quién lo aguante. El caos se ha apoderado de nuestras vidas. Por si fuera poco vivir con el miedo a la amenaza terrorista, ahora hay que relajarse en un mundo atacado por catástrofes naturales que cada vez estallan más cerca, oigo voces que me hablan de la sequía, "sin pre-ce-den-tes", del cambio climático que achicharra el planeta. Intento conciliar el sueño sabiendo que hay un pollo resfriado suelto que quiere contagiarme con sus virus, hago como que no pasa nada cuando leo el periódico (a los periodistas no nos queda otra que leerlo) y veo que la gente está loca y andan los hijos matando a los padres, los ancianos abusando de las niñas y los maridos apaleando a las esposas y viceversa, sonrío mientras espero a mis sobrinos, que según las estadísticas, acabarán siendo drogadictos, ludópatas o concursantes de Gran Hermano, a la puerta del cole sabiendo que es posible que un acosador infantil les aceche y finjo que todo va bien. Pero es ¡mentira! Soy una falsa y creo que hasta huelo mal de lo cagaíta que voy por la vida. Vamos, que yo ya sólo me relajo cuando suena aquello de "¿quién es ese hombre?... Sí, yo también soy adicta a pasión de gavilanes, porque el mundo me ha hecho así. Gracias que ellos existen y son el consuelo nuestro de cada día, la excusa para la evasión. Y eso que a mí sólo me da tiempo a escuchar la musiquilla y salir corriendo al trabajo. También es mala suerte la mía. Pero resisto estoicamente de martes a jueves porque sé que Buenafuente me espera cuando llego a casa. Los demás días, lo paso peor. Quién me iba a decir que acabaría siendo adicta a Antena 3. A lo que iba. Antes del 2000, el problema era que pronto se iba a acabar el mundo y nos íbamos a ir todos al otro barrio, pero desde que el 2000 pasó y el mundo siguió, lo que de verdad asusta es pensar que el único barrio que tenemos es éste y que el mundo, como dicen los Aslándticos, está fatal de los nervios.

Thursday, October 20, 2005

La Teri


Tengo una amiga en Madrid, se llama Silvia aunque un grupo de gente la llamamos Teri por lo histérica que era cuando entró como un huracán en nuestras vidas. Vivíamos en Londres en aquella época un montón de españoles recién llegados de los más diversos puntos de la península intentando llevarnos lo mejor posible. En la misma casa, enorme, con jardín y hasta estanque con nenúfares, vivíamos María José y yo, que ejercíamos de madres de la gran familia; Pedro y Martín, una pareja gay que ejercían como padre e hijo pequeño del gremio; estaba José David, el hombre obsesionado por la vida en pareja; Edu, un onubense buena gente rey del despiste; vivían también a ratos dos amigas de Pedro; Quique; Isra, el contacto de la Teri también conocido como rey pasmado y Nora, amiga de Quique y enemiga de todos los demás. Éstos son los nombres que me vienen a la cabeza al pensar en aquella casa, pero el paisaje estaba compuesto por muchos más personajes como el holandés, María la que se llevó las fotos y nunca más se supo o Alberto y Roberto que coincidieron en el tiempo con la aparición repentina de Silvia, la de Madrid.
La Teri, como no podía ser menos, apareció acompañada de otra persona, Bea. En Londres, nadie llegaba a una casa "okupa", aunque no fuera okupa como en este caso, sin traer a alguien más. Es como una tradición que abre las relaciones interpersonales en forma de una gran cadena. El caso es que un día llamó desde España y anunció que venía a Londres a vivir y que su amigo Isra le había dicho que podía quedarse en nuestra casa. Pedro contestó al teléfono y, al colgar, sólo pudo decir. ¡Esta tía es una histérica, yo no la quiero aquí!. Hablaba el sumum de la tranquilidad, don Pedro, ese adorable niño cuarentón, calvo, guapísimo y enamorado de las latas de Stella. Pedro estaba (no sé si sigue estando porque hace tiempo que le perdí de vista) loco, terriblemente loco, pero nos daba igual. En aquella casa de Ivydale road todo el mundo estaba loco. Como no podía ser menos, Teri y Pedro acabaron siendo una pareja que igual se querían que se odiaban a muerte. A la energía desbordante de la Teri la contrarrestaba su compañera, Bea, una chica dulce y silenciosa que hablaba poco pero comunicaba mucho. Silvia era la bullanguera, la petarda, la que tenía que ordenar, organizar, animar, festejar todo. La Teri es un poco como yo, pero cada una en su estilo. Es del tipo mandón dulce y le encanta ser el centro de atención. Es una tía adorable, una secretaria con deformación profesional que siempre que viajas te organiza la llegada de tu vuelo, la salida de tu AVE o la entrada de tu coche en el garage correspondiente. Ella es la más resuelta y la más eficiente. Si necesitara una secretaria, seguro que apostaría por la Teri. Nunca se le escapa un detalle. El caso es que un día apareció en Londres con su maletón y Bea, nuestra amiga Beatriz que, por cierto, se casa muy pronto, y se instaló en nuestras vidas y en nuestros corazoncitos.
Hace tiempo que casi todos dejamos la ciudad del Big Ben y volvimos cada mochuelo a nuestro olivo. El único que resistió a la vorágine del regreso fue Martín, que vive enamorado de un nuevo amor, Steve el galés, en una nueva Londres orientada hacia el sur. Nuestro grupo siempre fue del sur, de la parte menos noble pero más divertida de Londres. El sur siempre es lo mejor, en todas partes del mundo, en las ciudades, en los pueblos. O puede que lo diga yo porque soy del sur de España y viví siempre en el Sector Sur de mi ciudad. La Teri, como digo, sucumbió a la ola del retorno y abandonó el país cuando se cansó de hacer camas en Onealdwych hotel. De allí salió a la vez Bea. Dejaron las dos un buen día la casa de Nunhead y se la pasaron en herencia a la por entonces todavía bien avenida parejita gay de la que ya he hablado. Allí quedaron los recuerdos de muchas noches en vela, bebiendo vino tinto y cervezas, de fiestas y resacas, de besos robados y de besos presentidos. En Nunhead quedaron muchas cosas, pero sobre todo, quedó la huella de los españoles de la órbita de Ivydale road, quedó el buen rollo impreso en nuestras memorias y quedó una amistad indeleble.
Hace dos semanas, volví a Londres después de dos años de ausencia y, por azar, acabé en el cine de Peckham, el barrio contiguo a Nunhead. Esta vez fui en autobús y tardé más de hora y media en llegar desde el centro de la ciudad. Digamos que tomé el bus que más vuelta da antes de llegar a su destino, lo que me permitió recordar sitios ya olvidados como Elephant and Castle o los letreros de Southwark. En ese cine maloliente y caluroso vi Kinky Boots. La recomiendo. La película, el barrio y Londres me recordaron a la Teri y a sus chillidos matutinos y sus risas de por la tarde. La Teri es mucha Teri y, como a ella le gusta que se lo recuerden, hoy he decidido escribirle una página a ella, una especie de homenaje extraño.
A veces, me da melancolía no vivir en la ciudad encantada del Metro en rojo y azul, la ciudad de los zorros y los cuervos, la de los anocheceres tempranos y los amaneceres fríos. Londres me gustó desde el primer día que la vi, hace de eso ya más de catorce años, cuando la visité antes de empezar en la Universidad para hacer un curso. Me encandilaron sus cabinas rojas y sus autobuses de dos plantas y, sobre todo, me enganché del paisaje multicolor de la gente que la habita. Además, los hombres de Londres son tan guapos...
Pero ahora prefiero soñarla y recordarla que vivirla. Ya no soporto vivir bajo tierra tantas horas al día ni aguantar eternamente que un rayo de sol se pose sobre mi piel. Sólo de pensar que tengo que quedarme allí me entra la claustrofobia. Mi vida ya no está allí, pero aún así, la echo de menos y a ratos, cierro los ojos y me veo perfectamente integrada entre los personajes de Camden Town, de la Picadilly line o de Covent Garden. Como diría Humphrey Bogart e Ingrid Bergman: Siempre nos quedará Londres ¿o decían otra cosa?

Wednesday, October 12, 2005

Si no duermo, me muero



Tengo más sueño que vergüenza. Qué malo es comer en la calle, quiero decir en un restaurante, bar o similar, y lanzarse acto seguido al trabajo sin anestesia. Llegas y es como si te metieran un mazazo en la cabeza cuando intentas funcionar como si no pasara nada. Pero sí que pasa. Tu cuerpo pide siesta, cabezadita, coscón, descanso. Es horroroso saltarse ese paso en verano, pero en invierno a veces cuesta aún más coger el ritmo en medio del sopor de la calefacción, abrir los ojos con alegría y fingir que uno está fresco como una rosa. Hoy es para mí uno de esos días de impotencia físicomental que te degradan en tu categoría de persona y te convierten en un mueble. Comí fuera de casa, vine a trabajar sin cumplir antes con el merecido reposo del guerrero y ahora no hago más que deambular como un zombi mientras mis compañeros mi miran con caras raras. Es fiesta para el resto del mundo, el día del Pilar, la jornada estrella del orgullo nacional y yo tengo sueño, mucho sueño, quiero dormir. Aaaahhhh!!! Quiero dormir y no puedo. Si no duermo me muero. Así no se puede levantar el país, eso está claro.

Tuesday, October 11, 2005

¿Y tú qué lees?


Acabo de leer La sombra del viento, ese libro de Carlos Ruiz Zafón del que tanto había oído hablar en todas partes y que me resistía a leer únicamente por llevar la contraria, por rebeldía. He esperado hasta que ya no he podido aguantar y me lo he tenido que tragar. Sí, literalmente me lo he tragado porque me he chupado más de 500 páginas en menos de cinco días sin dejar de trabajar, comer y dormir en estas jornadas. Es curioso cómo puede engancharte un libro y sumirte en la intriga de las palabras cruzadas sin que tú puedas hacer nada por evitarlo. Te atrapa como una red de araña y plum, ahí te quedas. La cuestión es que pocos libros buenos suelen captar tu atención de esa manera. Normalmente, lo políticamente interesante suele ser un plomazo y viceversa, lo plomazo suele ser políticamente aburridísimo. Pero como lo importante es participar, quiero decir, leer, pues a la mierda con la calidad literaria. Que aprendan los buenos literatos de los malos y que se coman la sesera para encontrar la manera de que lo que debe interesar además resulte atractivo. Bueno, hablo por hablar en realidad. Después del libro de Zafón estoy con el Ensayo sobre la ceguera de José Saramago y también estoy picada. Se supone (yo no sé de qué depende esto) que ambos libros son literariamente hablando bastante buenos y sin embargo, me gustan, nos gustan, gustan. A punto estoy de caer en la tentación de leer el Código da Vinci, al que también me he resistido desde que empezó el boom de Dan Brown. El caso es que empieza a fastidiarme que todo el mundo, pero que todo el mundo hable del librito y yo tenga que poner cara de póker. A punto he estado de comprármelo en inglés para ver si ponía más intriga al hecho de tragármelo. Lo malo es que el de Brown es una trilogía y seguro que acabo leyéndome los tres de un tirón. Y además, aún tendré que sacar tiempo para ver Buenafuente. Qué estrés, qué estrés.

Wednesday, October 05, 2005

Pon un perro en tu vida


“Más sufre el que ve que el que enseña”, dice un viejo refrán bastante desfasado cuyo inventor se olvidó de lo que disfrutan algunos con sus dos ojitos y algo que mirar. Y es que los voyeurs lo tienen claro: “ojos que no ven, corazón (por no decir otra cosa) que no siente”. Aunque el voyeurismo está considerado por la vieja escuela psiquiátrica como una patología de perversión sexual (más extendida entre los hombres que entre las mujeres) consistente en la búsqueda del orgasmo a partir de la mirada anónima de escenas reales de sexo, lo cierto es que, en la práctica, la vista es uno de los sentidos más explotados a la hora de buscar el placer desde tiempo inmemorial. Prueba de ello es el auge de la pornografía impresa o audiovisual y el éxito de las escenas eróticas televisadas casi en directo en programas como Gran Hermano o Aquí hay tomate. Cuántas pajillas cruzadas se habrán hecho algunos a costa de la famosa escena de restregón de Terelu y Pipi. Está claro que una imagen, para muchos, vale más que mil palabras. Según el Informe Durex, el 42% de los españoles afirma haber consumido pornografía en compañía y un 26% dice haber grabado o fotografiado a su objeto del deseo. ¡Ay!, si es que este país está lleno de mirones.
En lo que se refiere a la vista, mirar ha dejado de ser un ejercicio pasivo aplicado al sexo para convertirse en un ejercicio activo de motivación sexual. Basta con echar una ojeada a las corrientes que llegan de los países más fríos (me refiero a la meteorología) para saber que los desafíos están a la orden del día. En Gran Bretaña, el voyeurismo activo ha pasado a llamarse “dogging”, nombre derivado del gusto de algunos que con la excusa de ir a sacar el perro se entretienen viendo sexo en directo en parques, jardines y aparcamientos. La organización de este tipo de eventos erótico festivos corre de cuenta de internet. En el dogging (también llamado en la península ibérica cancaneo puro y duro) se combinan otras técnicas también de origen anglosajón como el swinging o cambio de pareja. Según los datos más recientes sobre el tema, el 60% de los parques británicos cuentan con su propio rinconcito-dogging y la práctica empieza a extenderse a lugares como Alemania, Francia, Bélgica, Italia, Irlanda y cómo no, Estados Unidos. Allá donde una teta de Jannette Jackson constituye un revuelo internacional, dicen que hay gente fornicando en zonas públicas. ¡Qué fueeeerteee! España, donde la represión sexual digamos que no atraviesa su momento más álgido, parece no ser caldo de cultivo para estas prácticas, pero internet a veces hace milagros así que igual acaba imponiéndose como moda. El perfil del dogger es el de parejas hetero de más de 30 años que buscan nuevas experiencias y que se excitan con el punto exhibicionista mientras los que hacen de mirones suelen ser hombres ya maduritos, la mayoría casados y de clase media y hasta alta (se han visto en las sesiones perros de alta alcurnia acompañados por dueños con jerseys de rombos, dicen las malas lenguas). El cancaneo no se limita a parques y jardines, un buen coche es otro de los receptáculos posibles, a veces dentro y a veces sobre él. Y, no se lo pierdan, circulan manuales sobre las posturitas más provo para hacer en un vehículo, tanto de penetración como de sexo oral o anal las preferidas de los sujetos voyeurs. Y es que, se me olvidaba, las sesiones doggeras no se limitan al ámbito hetero sino que se están especializando, pudiéndose encontrar en el mercado encuentros también homo y bi. Busque, compare, y si encuentra algo mejor, mírelo. El único problema detectado en torno a esta práctica es el aumento del número de violaciones, asaltos o chantajes, así como la proliferación de enfermedades a cuenta del cambio de pareja. Tanta diversión tenía que tener su lado malo.
Y pasando al terreno más naif del voyeurismo, un 85% de los hombres confiesa que sería capaz de reconocer a sus compañeras de trabajo mirando sólo sus pechos o sus traseros. La vista es el sentido más desarrollado del género masculino y parece estar bien enfocado. Las mujeres, que tienen oído y olfato privilegiados, dicen sentirse más impactadas por las manos y los ojos de los hombres. Debe ser por sus ojos que Brad Pitt es el hombre más sexy para las féminas españolas. O son sus ojos o es que hay mucha mentirosa suelta por este país.
En todo caso, los sexólogos apuestan porque mirar es una práctica sana y natural que todo individuo sexualmente activo debería emplear como un posible motor de arranque. Para empezar, no estaría mal iniciarse con la pareja y una sesión de masturbación exhibicionista en el asiento del copiloto mientras el/la otr@ conduce. En principio, que todo quede entre tu pareja y tú. Nada de irse a la calle desnud@ y con la gabardina. Mientras el dogging llega a España, hay tiempo para entrenarse en el arte del voyeurismo casero consentido. Otro juego para descubrir nuevas opciones sexuales relacionadas con la vista es cerrar los ojos. Ese viejo juego de hacer como que no ves puede abrirte muchos horizontes desconocidos por obra y gracia de la madre imaginación. Sí, sí, a veces no hace falta “ver para creer”, sólo hace falta probar.

Tuesday, September 13, 2005

Alzheimer


Llevo un tiempo preocupada, muy preocupada. Creo que tengo Alzheimer, y un Alzheimer galopante además. Se me olvidan las cosas a los dos segundos de haberme propuesto recordarlas y sólo tengo 31 años. ¿Qué pasará cuando tenga 40 o 72? Seguro que iré por el mundo vagando, perdida, sin recordar la cara de mis amigos. Uy, es que sólo de pensarlo me echo a temblar. Y eso que me hincho de comer uvas pasas, que dice mi abuela que son muy buenas para reforzar las neuronas. Pero ná. Yo no noto que la cosa mejore. Para pasas, mis pobres neuronas. Con lo lista que era yo de chica, que se me quedaban las cosas al vuelo. Qué pena. No puede ser normal que me acuerde sólo de las cosas absurdas, de las letras de las canciones más malas, de las caras más feas, de los olores que no me gustan y se me olviden las cositas bonitas, las comidas que me gustan, los títulos de las películas que me encantaron y el contenido de libros de los que sólo puedo asegurar que en algún momento los leí. Y eso que no me drogo por el puro miedo que me da a quedarme chocha antes de tiempo, que si no... Lo bueno de la mala memoria es que igual, con el tiempo, se te olvida que te olvidas de las cosas y no te da el agobio. Vamos, digo yo... por no estar callada.

Monday, September 12, 2005

Más vale sola... que mal acompañá


Hoy me van a oír. Estaba aquí calladita, aguantando, pero ya no puedo más... Y es que... Y es que... Estoy hasta el coño de ver cómo mis amigas se atrofian la vida. O de ver cómo se siguen atrofiando la vida a pesar de saber que la cosa les jode con avaricia. ¿Se puede saber qué gen tienen algunas mujeres que les hace emocionarse cuando sufren? Porque, digo yo, hay que ser pardilla para enamorarse de alguien con el único fin de convertir tu existencia en una amargaera constante. O en un adiós a la diversión. O en una luna de miel perenne en Torrox Costa, que hay que ser cutre pa eso. Es que me hierve la sangre la gilipollitis aguda de algunas de mis semejantes. Que no es que yo vaya ahora de salvadora de la patria ni de superprogre, pero porqué hay que tropezar trescientas veces con el mismo poste para darse cuenta de que lo mejor es coger la calle de antes, que no tiene ningún obstáculo. En fin, que la gente se busca problemas porque quiere. Y que las amigas de las que sufren por pura obstinación estamos hasta el mismo higo de aguantar memeces. Que quede claro. Que cada palo aguante su vela, señoras. Que la vida es muy corta y parece ser que sólo hay una, así que dejen de maltratarse rodeándose de maltratadores mentales, físicos o sexuales. Ah, y que follar es muy sano, incluso cuando se está en pareja. A follar y a reír mientras se pueda. Que no puede una echarse novio para tener que decir adiós al sexo. Que no pué sé y además es imposible...

Sunday, September 11, 2005

Que digo yo... porque sí


Aquí estoy yo. Dicen que estoy currando, pero en verdad estoy simplemente esperando, aguantando. Y me aburro. Tengo que decirlo, me aburro en cantidades inmensamente proporcionales al tiempo de espera. Porque esperar, señores y caballeros, damas y señoras, es un auténtico coñazo. Quiero decirlo sin contemplaciones, a las claras: trabajar en el negocio de la espera es muy fastidioso, por mucho que te paguen por hora. Yo, que adoro la puntualidad, cobro mi sueldo a base de largas horas de tedio pasmoso plantada frente a una pantallita de ordenador. Se preguntarán ustedes en qué trabajo. La menda lerenda se abstiene de contarlo, me delataría. No, no soy guardia jurado ni enfermera de Urgencias en un hospital de pueblo. Sólo puedo decir que es un mojón esperar profesionalmente porque la impaciencia no es profesional y te quema las entrañas igual que si tu espera fuera amateur. En fin, que me aburro como una ostra, coño, y tenía que desahogarme. Ahora me siento mucho mejor.

Tuesday, September 06, 2005

Chupar y chupar, todo es empezar



Chupar es un placer, de ahí el éxito del chupa-chups en el mundo entero, pero que te chupen.. que te chupen... no sé cómo decirlo, que te chupen es... mejor. Lo malo del sexo oral es que no sólo se llama así porque la boca es la encargada de hacer el trabajo duro, sino porque, si no se abre la boca y se pide, parece que nadie se acuerda de ofrecerlo en el menú de degustación, es como que hay cierta racanería general a la hora de chupar al otro no se sabe bien si basada en la vergüenza, el asco o el puro ahorro energético. Qué pena. Con lo que alimenta el cuerpo y el espíritu un poquito de derroche salival. Y es que este tipo de prácticas sexuales no son consideradas sexo como tal. Según recientes informes, la mayoría de jóvenes de hoy consideran relaciones sexuales aquellas en las que se produce coito. Si no hay penetración es como que la cosa no vale, a pesar de que puedan darse orgasmos igual o más placenteros que los derivados del mete-saca, valga la vulgaridad. De hecho, hay mujeres que sólo consiguen “eyacular” de esta manera. Por esta regla de tres, la base de las relaciones entre homosexuales, tanto de gays como lesbianas, no serían sexuales porque giran en torno a otras cosas más allá de la penetración en sí misma. Qué cosas. La edad influye en el mayor o menos gusto por esta práctica, que atrae al 68% de las mujeres de entre 18 y 44 y a un 40% de las mayores de 45. Respecto a los hombres, más del 74% de los españoles ha sido protagonista de una fellatio alguna vez en su vida. Ninguno presentó hoja de reclamaciones.
Según las declaraciones publicadas en el foro Sexalud.com de Terra, la mayoría de los hombres que han practicado un cunnilingus (versión femenina del sexo oral) confiesan haber disfrutado e incluso haberse excitado proporcionando placer a su pareja de esta manera. La vista es el sentido que más excita a los hombres, de ahí que les ponga ver a sus parejas al borde del colapso. A pesar de los mitos de los malos olores que acompañan al pilón, (olor que para muchos es casi un afrodisiaco) la vagina es una de las zonas más limpias del cuerpo humano ya que está diseñada para limpiarse por sí sola a través de la lubricación. Para algunos aún existen reparos de bajar al pozo a beber a veces fomentados por los miedos de las algunas mujeres excesivamente pudorosas en este aspecto. A los libres de prejuicios sólo cabe decirles que se afanen en besar los labios de abajo como si de arriba se tratasen. Concéntrate en los movimientos constantes y haz que lengua parezca una lengua, nunca un aspirador . Permitíos incluso un soplidito (nada ventiscas vaginales) en medio del chupeteo, verás que bien le sienta y cómo a ti te levanta. Para recibir, lo mejor es empezar dando y aunque a algun@s no les guste trabajar, a nadie le amarga que le trabajen sus bajos fondos de vez en cuando. Las cosas como son.
En el caso de ellas, las versiones son más variadas. Según el mismo foro de Sexalud, hay muchas mujeres que dicen abiertamente que les da asco comerse el pirulí, en especial, si la cosa implica tragar el líquido sorpresa del final de la maniobra. No pasa nada por comerte el batido, no te vas a quedar embarazada ni nada por el estilo, pero es comprensible que no te guste. Si éste es el problema, basta con marcar un gesto para retirar a tiempo el manubrio. Si, de momento, no te apetece, no le des más vueltas, pero si lo tuyo es un querer y no poder, lo mejor es intentar camuflar el plato con adornos sabrosos como chocolate o nata para que entre mejor o meterse en el baño o la ducha y calentar los motores mientras el agua cae a nuestro alrededor, acaba con los malos olores y crea atmósfera al mismo tiempo. La imaginación es la mejor aliada del sexo hablado. Invéntate que tienes entre las manos un plátano o un micrófono y actúa en consecuencia. Tampoco hace falta que la primera vez te marques un garganta profunda. Todo se andará. Ah, para acabar un poquito más rápido, estira la piel del pene hacia abajo mientras aplicas el masaje labial. Acelerará el proceso.
Cuando hayáis chupado por separado y dominéis la técnica del lametón acompasado, pasad directamente a los números. En concreto, al 69. Si por separado sois capaces de disfrutar a base de lenguetazos, qué no pasará si os afanáis simultáneamente cada uno desde su punto de mira. A estas alturas, nada de prisas. Aplicáos la versión “de luxe” del cunni-felatio y a... gozar.


¿Sabías que..?
1—El semen no engorda, sólo tiene entre cinco y siete calorías por ración, es decir, lo normal en una o dos cucharaditas de café, así que no se te ocurra poner como excusa que estás a dieta. No va a colar. Además, tragar el semen no hace a nadie más viril ni puede hacer que tu voz se vuelva varonil, lo que sí puede es contagiar algunas enfermedades de transmisión sexual no sólo por su ingestión sino por contacto oral o genital. Cuidadín.

2—El melón, el kiwi, la piña (y sus zumos), el apio, la fresa, la canela y una dieta vegetariana dan buen sabor y olor a los fluidos de tus partes bajas.

3—El brócoli, los alimentos salados, la carne y el pescado y los productos lácteos pueden hacer que tu “leche” sepa a rancio. ¡Mal rollito!

4—Los espárragos, el alcohol, el tabaco, el café y algunas drogas como la cocaína pueden provocar un sabor desagradable en tus bajos. Respecto al olor, no hay nada que una toallita desinfectante o un buen baño caliente no depure.

5—En imágenes obtenidas por ultrasonido se ha observado que ya en el seno materno algunos fetos se meten mano, es decir, usan sus manitas para tocarse los genitales. Tocarse ahí donde a uno le da gustito es algo natural a esas edades, igual que es muy natural en la mayoría de las especies animales.

6—Existen lubricantes sintéticos hidrosolubles comestibles de distintos sabores para que te comas la salchicha con un poquito de salsa. Por si tus glándulas salivares están exhaustas.

7—La piel del glande no hace falta bajarla de un manotazo antes de posar la boca sobre el pene. Puedes acariciarla con la lengua e ir bajándola con la boca o con la ayuda de los dedos. Intenta que tus dientes no hagan acto de aparición. Si no os corta el rollo, cúbrelos con tus labios al más puro estilo abuela desdentada.

8—A la mayoría de las chicas no les gusta sentir que su chico les baja y les sube la cabeza con la mano, que marquen el ritmo a base de tirones de pelo en “una palabra” mientras ellas están atareadas en degustar su delicioso nabo, digamos que jode. De la misma manera, hay una ingente cantidad de mujeres que se preguntan por el significado del cachetazo en el culo en mitad del acto sexual. No queda claro si a los chicos les da morbo o si lo hacen porque creen que a las mujeres nos gusta. Queda pendiente una encuesta sobre este tema.

Sunday, July 31, 2005

Esos otros locos encogidos


Desde hace algunas semanas participo en una tertulia radiofónica con un puñado de amigos. Es de lo más divertido levantarte por la mañana y todavía con la almohada marcada en la cara, acudir a una charla sobre no sabes muy bien qué temas con la intención manifiesta de soltar por tu boca todo lo que se te ocurra. A mí me resulta muy curiosa esta práctica porque la cosa consiste en charlar con tus colegas sobre las cosas que hablas a diario, pero con gente anónima escuchando sin opción a participar, hecho que, a pesar del micrófono y los casquitos, se te acaba olvidando. En verdad, yo no venía a hablar de esto y como siempre, me voy por las ramas. Lo de la radio venía a cuento de que en una de las últimas reuniones nos dio por imaginar cómo sería la sociedad española dentro de 50 años. En pleno siglo XXI, en el que la juventud es un valor y donde la Tercera Edad parece no encontrar su hueco, nosotros imaginamos un futuro no demasiado halagüeño. La baja tasa de natalidad actual nos hizo pensar que muy pocos jóvenes nos acompañarán en el duro trance de la vejez y, para más inri, esa pobre juventud tendrá que cargar con la tarea de pagar las pensiones a los que ni siquiera se atrevieron a procrear. Las cosas parecen no tener solución cuando todavía están lejos, aunque mi madre siempre dice eso de que Mañana Dios dará, que falta hace y gracias a esa frase tan socorrida la esperanza no se va por el sumidero ni siquiera cuando las perspectivas son tan deprimentes. Si hay suerte, muchos inmigrantes que ahora se parten la cara por llegar a nuestro país, los mismos que ahora deportamos en masa, y sus hijos, llenarán los colegios y ocuparán puestos de trabajo en una sociedad quizás un poco más igualitaria y más justa, o quizás más xenófoba y retrógrada, pero más multicolor. Con suerte, la tasa de natalidad subirá poco a poco. Y con suerte, nosotros estaremos ahí para verlo, ya sea con o sin pensión.

Atención a las hormigas



Esta mañana, sentada en el retrete, vi pasar velocísima a una hormiga sobre mi alfombrilla del baño y la pisé. Al minuto, me arrepentí. Pensé, pobrecilla, si no me ha hecho nada y es tan pequeña. De la pena pasé al odio hacia mi persona. Eres una asesina, has matado a un ser vivo por impulso, sin pensar, mala mujer, pedazo de trozo, asquerosa. En fin, que me eché una bronca en un momento...
Fueron minutos de angustia que me envolvieron en una paranoia de rencor hacia mí misma a la que estoy muy acostumbrada. Digamos que me como la cabeza con casi cualquier cosa. Luego seguí pensando en aquella hormiga que murió a mis pies y me dije: quizás le has hecho un favor. Nadie sabe adónde van las hormigas cuando han muerto. Para mí que no suben al cielo como, dicen, vamos los humanos cuando estiramos la pata.
¿Qué sentido puede tener pasar una corta y entregada vida al trabajo en un diminuto cuerpo de hormiga, expuesta a tantos peligros y amenazas si no es un mero trámite hacia un mundo mejor, hacia una conciencia más amplia, hacia un yo que no sea hormiguero?, continuó mi reflexión.
Debe haber un cementerio de hormigas si hay uno de elefantes y debe haber un más allá también para ellas, que tanto padecen para llevarse una miga de pan a la boca. Entonces, me alegré. Ahora estoy segura de que la hormiga a la que asesiné esta mañana ha pasado a mejor vida, o al menos, como en los videojuegos, ha pasado a la pantalla siguiente y vive en el cuerpo de alguna otra especie superior. Se ha reencarnado, seguro. Lo que no sé es si ahora será escarabajo pelotero o abeja reina. Mira que si se ha saltado algún escalón y de insecto ha pasado directamente al estatus de anfibio, pez o ratón... ¿No será la hormiga el perro ése que me está sacando los dientes? Ah, ay, que me voy, que la hormiga era rencorosa y el perro éste cabrón me quiere morder.

Esos locos bajitos III


Me asombra la facilidad que tienen las nuevas generaciones para familiarizarse con todo tipo de aparatos y tecnologías varias. Aquello que la mayoría de los hoy adultos aprendimos en cursos intensivos de informática, ellos parecen conocerlo casi desde que ven la luz asomados por el seno materno. Para mí que ahora los niños vienen de fábrica con un nuevo microchip compatible con todas las máquinas que a nosotros, los prehistóricos, nos faltaba y antes casi de aprender a hablar, conocen los misterios de cada botón que les rodea. No se les escapa ni uno. La evolución genética debe tener algo que ver en todo esto. El otro día, por ejemplo, estaba yo hablando con mi madre por teléfono mientras ella hacía de canguro con mi sobrina de tres años. Intentaba apagar el vídeo y llevaba un buen rato dándole a todas las teclas, pero no conseguía dar con la correcta y acabó llamándome a mí para aclarar la cuestión. Mientras mi madre me explicaba el problema, la niña, que la observaba atentamente desde el principio de la odisea se acercó a mi madre y le dijo: "abelita, ahí no é, ahí se regomina, e ete botón". Desde el otro lado de la línea telefónica, oí a mi madre seguir las instrucciones mientras se reía de la forma de hablar de doña sabelotodo y el vídeo, efectivamente, se apagó. Supongo que la niña no entendía las risas de mi madre y se preguntaba cómo dos adultas eran incapaces de hacer algo tan sencillo. Hacía tiempo que intuía que los niños de hoy tienen muy poco que ver con los niños de hace veinte años. No hay más que ver la cara que ponen cuando les sugieres que dejen la Play Station y se vengan contigo a echar una partida de parchís o a jugar a la goma. Sólo de la mirada que te echan, te das cuenta de que hay un abismo entre ellos y tú. Para acortar distancias, he intentado con todas mis fuerzas contagiarme del entusiasmo que ellos ponen en sus nuevos juegos, pero no lo consigo. En mi subconsciente persiste la idea de que un ordenador es un enemigo en potencia que te la jugará a la primera de cambio. Ahora entiendo lo del relevo generacional. ¡Qué horror! Creo que me estoy haciendo mayor.

Esos locos bajitos II


Los niños son extraterrestres mientras lo son, niños, mientras viven en su planeta, en ese mundo habitado por fantasías, miedos y personajes que encarnan en la vida real el papel que cada niño les asigna. Lo sé porque yo también he sido niña. Hay niños que tienen cara de viejos, niños con cara diabólica y niños con rostro de marcianitos y ojos desorbitados que viven pendientes de cualquier acontecimiento que pueda despertar en ellos la sorpresa.
Son seres fascinantes a los que se les presta muy poca atención porque son muy bajitos, pero los en realidad son como diminutos conquistadores que descubren la tierra prometida en sus sueños a cada paso que dan y que moldean sus sentimientos a golpe de tropezones, de bofetadas, de dudas y de misterios. Como debe de ser, sin un guión de comportamiento, sin un molde prefabricado. La mirada de un niño recién nacido es algo alucinante. Sus ojitos redondos se encogen para llorar cada vez que una nueva sensación les asalta, ya sea el hambre, el miedo, la sed o el dolor.
Los planetas imaginarios infantiles son los verdaderos planetas imaginarios. Nada que ver con las verborreas de los adultos o de presuntos poetas que, a base de dar vueltas a las palabras, acaban olvidandon la intención que las motivaba, la esencia. A los niños, las esencias les importan un carajo. Todo en sus vidas es esencia y esencial y el resto, simplemente, no existe para ellos. Todo a lo que se enfrentan esconde secretos ocultos por desvelar que hacen de la realidad adulta un cosmos mucho más rico, que codician, en el que rebuscan y desordenan para hallar lo que otros escondieron bajo llave. A los niños no les gustan los tesoros ocultos ni los libros prohibidos ni los secretos de sus padres. O quizás sí. Son precisamente esas cosas las que despiertan su curiosidad más desesperada y les hace tramar todo tipo de fechorías para dejar desnuda la realidad más pura.
Los niños son los verdaderos sabios, los de la mirada limpia, los que deberían ir a las urnas y votar, los aptos para hablar en las tertulias de la radio y opinar cómo quieren que sea el mundo que sus antecesores les van a dejar en herencia. Ellos tienen la clave de las cosas importantes mientras a los adultos se nos olvidó por el camino que las cosas tenían una clave y un porqué. Precisamente, el niño escondido en cada adulto, al que tapamos la boca para poder crecer, es la víctima que sufre las desdichas de un mundo injusto y el que nos hace llorar cuando bajamos la guardia. Por eso, son los niños los que están en el anonimato y no tienen voz, porque dan miedo a los que se creen que desde su púlpito regalado por la edad se ve todo más claro cuando en realidad todo está más borroso.

Esos locos bajitos I


El otro día, un amigo me contó alarmado que había leído en no sé qué revista que cada vez era más frecuente en las consultas de los psicólogos chicas de entre 17 y 20 años en busca de ayuda porque están hartas de sexo y que se enfrentan, a tan corta edad, al hastío y a la necesidad de huir de una parte tan sana y placentera para el ser humano como es la sexualidad. Igual de mala es la sequía que las lluvias torrenciales incontroladas, pensé. En mi época, mucho más avanzada que la de generaciones anteriores, el despertar del sexo empezaba justamente a la edad a que estas niñas dicen haberlo vivido ya todo. Recuerdo perfectamente que mi primera regla hizo acto de presencia cuando tenía 13 años y me pilló aún jugando con muñecas y mi primer beso llegó casi con la misma edad a la que estas niñas probablemente experimentaron su primer orgasmo. Al decir esto me siento un poco como mi abuela, que no lograba entenderme a mí cuando era pequeña, porque intentaba comparar toda mi vida con la suya y había años luz de diferencia. Puede que mi impresión en este tema sea única y exclusivamente el resultado de un choque generacional lógico que me desborda por las pocas ganas que tengo de hacerme mayor, pero sospecho a la vez que si la experimentación sexual se hace cada vez más prematura es posible que llegue el día en que los niños no tengan la oportunidad de disfrutar su infancia. Me explico. Tengo la sensación de que los niños de hoy tienen tantas ganas de hacerse mayores como los mayores de mantenernos jóvenes. Nadie les debe haber dicho que ser adulto es más una fuente de problemas y responsabilidades que un regalo que te hace libre. Más al contrario, la libertad absoluta se disfruta cuando uno está al margen de prejuicios y vive su edad dorada de la ingenuidad. Ojalá, sin resultar carcas o represores, los adultos de hoy en día fuéramos capaces de hacer ver a los jóvenes del futuro que ser niño es un lujo, que para el sexo siempre hay tiempo y que una vez te haces mayor, nunca más te está permitido volver a ser niño. Lo que yo daría...

La mierda



Hace tiempo que tengo ganas de hablar de lo escatológico, del morbo de algunas palabras. Es un tema que me llama mucho la atención. Es asombroso lo difícil que puede ser para muchas personas hablar en público de algo tan natural como puede ser la mierda, un término que ofrece gran resistencia a ser escrito en mayúsculas sin provocar cierta sensación indecorosa. Sin embargo, es una palabra que recoge la Real Academia y, digo yo, que si no mancha las páginas de un diccionario tampoco ha de manchar las de un diario. Utilizar esta palabra por escrito produce la misma vergüenza que nos da a las mujeres decir que vamos a cagar, es decir, que vamos al baño o a hacer caca. Se me olvidaba que es de mala educación que una mujer cague. Nosotras sólo vamos al water (no vale especificar intenciones), son los hombres los que pueden cagar a gusto y además confesarlo sin sonrojo. Alguna vez, en medio de una reunión formal con desconocidos he tenido fuertes tentaciones de levantarme y anunciar con sonrisa inocente que voy "a mear" sólo para comprobar la reacción de los compañeros, pero me han faltado las fuerzas para tal osadía. Los principios inculcados por la familia son más poderosos de lo que creemos, tan poderosos como contradictorios. No hay cosa que me dé más rabia que ver cómo los padres más modernos ríen cuando entre las primeras palabras del hijo de 3 años está algún taco malsonante del tipo coño o gilipollas, pero ese mismo niño recibe un tortazo cuando se le ocurre pronunciar la misma palabra en edad adolescente. ¿Acaso eso es coherencia? A parte de eso, a las mujeres nos encanta hablar de la mierda. De la mierda de trabajo que tenemos, de la mierda de novio, de la mierda que tiene la casa... Pero ¿cuántas veces hemos tenido que aguantar un pedo o un erupto con tal de no dar mala impresión a nuestra pareja mientras ellos se expanden a sus anchas? Tanto pudor lingüístico acaba por convertirse en continencia doméstica. Necesitaría más papel para quedarme a gusto pero como esta columna ya empieza a oler, yo me lavo las manos. Sólo digo que ya está bien: o todos moros, o todos cristianos.

Thursday, July 28, 2005

En pie de guerra


Estamos en guerra. Sálvese quien pueda. Donde está el cuerpo está el peligro. Aaaah. ¿Qué coño está pasando?Llevo un tiempo con la misma sensación que debía tener mi abuela cuando vivió sus días de Guerra Civil. Yo no oigo los bombardeos cada noche, pero oigo la amenaza constante en la tele, en la radio, en el periódico. "Vienen a por tiiii", sueño por las noches y me despierto pensando que algo anda mal, muy mal cuando un puñado de terroristas han puesto en pie de guerra a todos contra todos, a los malos contra los "presuntos" buenos, a los países contra sus súbditos y contra los súbditos de otros países, a mí contra mis vecinos a los que intuyo sospechosos, a mis vecinos contra mí que me ven como un peligro por andar siempre con una mochila a la espalda.Hubo un tiempo en que el terrorismo era local y el conflicto podría haberse comparado con una guerra civil. Ahora el fenómeno es una auténtica guerra mundial que no sabe de fronteras, donde el enemigo, dicen, tiene cara de moro pero no tiene nombres ni apellidos.Los países ricos, los mismos que desde la Guerra Fría hemos vivido al margen de las guerras porque durante unos años hacer la guerra era cosa de pobres, nos vemos de nuevo obligados a tomar las armas. Obligados porque la injusticia que hemos alimentado durante nuestros años de vacas gordas ha nutrido el fanatismo de los que viven oprimidos por la miseria. Contra el fanatismo de las almas suicidas no valen acuerdos de última hora ni apaños de remanguillé. Hemos dado alas a un monstruo que ahora se vuelve en nuestra contra y además, no podemos quejarnos porque cuando consumía las armas que nosotros le suministrábamos para atacar a los suyos no queríamos ver que algún día podía usar esas mismas armas contra nosotros, sus verdaderos enemigos.Ellos no tienen futuro y prefieren morir, llevándose a más de uno por delante a su paso.Otros tampoco tienen futuro y prefieren venir a vernos en pateras para mendigar que les demos auxilio, pero parece que lo lógico es quejarnos porque no sabemos qué hacer con ellos.En todas las guerras mueren inocentes, civiles, gente que no tiene culpa de nada. Pasó en Vietnam, pasó y sigue pasando en Irak o en Afganistán, paso en Iroshima, pasa en Angola y pasó en Nueva York, en Madrid, en Londres y en Egipto.Las guerras dejan muertos y los muertos inocentes son todos iguales aunque nos duelan más cuando tienen nombres que podemos pronunciar. No hay muertos de primera y de segunda. Da igual si el gatillo lo aprieta un terrorista o un policía de Scotland Yard que se equivocó buscando a los malos. La vida se ha convertido en un videojuego y yo quiero salir de esta pantalla.En medio de tanto horror, sólo queda rezar y esperar un milagro o que la muerte llame a la puerta y tengamos también que decir adiós. Si no lo hace un huracán causado por el calentamiento del planeta provocado por el hombre lo hará otro hombre con una bolsa asesina o un maltratador que nos machaque la cabeza con una escopeta vieja. ¿Cómo protegernos de nosotros mismos?
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Sunday, July 24, 2005

Hablar por hablar


Estoy harta de hablar por hablar. Tengo complejo de loro. El otro día leí en un artículo de Buenafuente, ese milagro televisivo cuya ausencia sufro cada día en silencio, como los hemorroides, que en el mundo en el que vivimos nadie escucha a nadie. Y es verdad, coño. ¿Cuántas veces no nos pasa que estamos ahí, en medio de una conversación supuestamente personal y muy interesante, con alguien en frente soltando la retahíla y tú mientras estás pensando lo que vas a soltar en cuanto que acabe lo que está diciendo? Millones de veces, seamos sinceros. Es más, no recuerdo en este momento cuándo fue la última vez que "escuché" a alguien lo bastante atenta como para poder repetir lo que me decía al minuto siguiente. Qué pena. Somos una pandilla de egocéntricos incorregibles. Y digo somos porque aunque yo sea la única que reconozca que pienso en otras cosas mientras me hablan, he comprobado que es algo muy común. Desde que leí lo del Buenafuen, a veces tiendo trampas a mis interlocutores. Me pongo a hablar y a hablar y de buenas a primeras, zas, me paro un poco y les pregunto. A ver, qué estaba yo diciendo ahora mismo. Muy pocos han podido superar la prueba y salir airosos. La mayoría pueden decir el tema: estabas hablando de fulano o de mengano, o estabas hablando de la calor o de la facultad. Sí, sí, pero qué, qué exactamente. ¿Lo sabes? Pues dilo. No me estás escuchando. En fin, es como que hago pagar el pato a otros por mi propio egocentrismo. Este mundo está mal, muy mal, señores. Lo sé porque vivo en él. Hoy estoy con la regla. Si alguien quiere escuchar mis lamentos, que lo diga. Pero que sea para escucharlos. Si no, prefiero seguir divagando sobre un papel. Bueno, mejor me callo. Si es que no paro de hablar. Tengo complejo de loro. ¿Lo había dicho ya?

Friday, June 03, 2005

La hora M



Si la primavera ha revolucionado tu sistema hormonal y te ha pillado sin pareja o incluso si tienes pareja pero tu cuerpo pide más guerra del que él/ella está dispuesto a soportar, ¿por qué resignarse a quedarse a medias? Aún queda mucho verano por delante así que, chicos y chicas, el reloj acaba de marcar la hora M y sólo cabe una consigna: mastúrbate. En realidad, nadie mejor que tú sabe lo que andas buscando.
Para las chicas, el tema de la masturbación sigue siendo una práctica que, aún siendo más común de lo que se imagina, suele quedar en la intimidad. "Lo hago bastante a menudo, pero jamás lo he comentado con mis amigas, me da pudor, ni siquiera me he planteado nunca decírselo a mi pareja", confiesa Marta con los mofletes al rojo vivo. Para el género femenino, la auto experimentación placentera forma parte del tabú y es una cosa de la que sigue costando sudor y lágrimas hablar a lengua abierta. No me pregunten porqué. Afortunadamente, el mundo evoluciona y con suerte, este tabú también acabará muriendo.La masturbación, entendida como ese momentito o momentazo dedicado a quererse mucho a uno mismo, constituye el ejercicio sexual más seguro del mundo, ya que no conlleva riesgo de contagio de enfermedades, exigencias, expectativas que cumplir y yo diría que hasta viene recomendado por altas instancias eclesiales cuando hablan de abstinencia, por mucho que algunos curas retro hayan difundido entre los fieles más beatos que puede producir cosas raras (cómo pueden saber ellos tanto de sexo, me pregunto). Además, es la mejor vía para llegar a conocer los recovecos de tu cuerpo y tu mente lo suficiente como para poder guiar a tu pareja por la senda que conduce a tu orgasmo y/o eyaculación. Por una paja a tiempo nunca hay que pedir perdón, en todo caso, dar las gracias.
A la hora de innovar en este terreno, lo importante no es tanto el cómo, a veces, sino el dónde, el cuándo o el con qué. La clave está en probar todo lo que se nos ocurra, variar los ritmos de respiración, las posturas y las situaciones. Como sugerencia, Manuel propone recurrir a crear habitáculos receptores para vuestro pene en todo tipo de frutas "desde un buen melón fresquito a una sandía o un pomelo". Experto en darle a la zambomba, propone sumergir el miembro en un calcetín de lycra relleno con arroz o garbanzos y agitar sin demasiado frenesí para evitar que el artilugio quede inhabilitado por el dolor hasta que la cosa de gustito. El dónde puede ser muy importante. "Algunas de mis mejores pajas se han desarrollado en la playa, a plena luz del día, en el agua salada o en la bañera de mi casa, con ayuda del grifo de ducha", explica Ana, una de esas chicas que no tienen pelos en la lengua al hablar de algo tan natural como la vida misma. "Me masturbo casi a diario, generalmente por las mañanas y me pone las pilas para salir a la calle y comerme el mundo". Eso mismo dice Juan que lo hace para luchar contra la pereza. "Como me pongo perdido, no me queda más remedio que levantarme y meterme en la ducha". Acuérdate de prepararte una cenita vegetariana y sorpréndete dándole un uso diferente a las zanahorias o los pepinos. Importante: ponle siempre el capuchón de látex a la verdura y elige siempre algo que no se pueda partir. Ah, el lubricante para unos y para otras es todo un descubrimiento cuando no se ha probado antes. Digamos que hace la vida más fácil y acorta los tiempos.
Los que disfrutan con la estimulación visual tienen una mina en los comics eróticos manga de última generación o en clásicos como El Víbora, mucho mejor que recurrir a las manoseadas revistas porno. Hacerlo frente al espejo, en el retrete del trabajo durante la hora del bocadillo o en pleno atasco al trabajo metido en el coche son opciones sugeridas por Sergio, que no se corta ni un pelo cuando se trata de poner en juego sus fantasías más calientes.
Aunque las masturbaciones de memoria son las más frecuentes, todas tienen un principio motor que arranca en un pensamiento digamos "turbador" que acaba siendo "más-turbador" cuando pone en marcha la máquina. A las chicas, más dadas a revolucionar sus hormonas vía imaginación, les planteo aprovechar para ganar cultura. Qué mejor que un poquito de literatura erótica. Hay toda una colección bajo el título La sonrisa vertical que abrirá tu mente hasta límites insospechados o lecturas eficaces con nombres tan sugerentes como Las cien mil vergas, La vida sexual de Catherine M o Historia de O. No doy más detalles. Pregunta en tu librería. Si eres chico, también puedes.
Por último, no te olvides de jugar con tus juguetes "sexuales", que para eso están. Si todavía no tienes, pide uno para los Reyes. Os aconsejo que preguntéis a Melchor por el Magic Wand, de enchufe, con un accesorio que va directamente a tu pungo G, o el Wahl 7-in-1, también de enchufe, que incorpora siete aplicaciones que te mantendrán entretenida. Pero si quieres uno más práctico, no dudes en echar al carro de la compra un Pocket Rocket, que vale igual para un roto que para un descosío, a pilas, discretito y con una versión sumergible llamada Water Dance. Qué bonito.
Vosotros, chicos, también podéis jugar. Probad con una vagina masturbadora modelo Fleshlight en la versión que prefiráis: boca, vagina o ano o practicad el estilo Amantes con un poquito de placer superplus con una tira de bolas anales Ultra Violet Beads de cinco cuentas que arrascarán tu punto G cuando vosotros estéis preparados.Y llegados a este punto, sólo me queda decir que la masturbación es un ejercicio saludable del que todos los mitos son falsos, como ése que dice que te salen pelos en las manos. ¿A cuánta gente habéis visto con las palmas peludas?. Si es que... Los expertos dejan claro que no hay que preocuparse por la cantidad de veces que uno se masturbe. Lo normal es siempre lo que uno hace. No hay modelos estándar mientras la masturbación no sea la única y exclusiva actividad a la que uno se entregue durante el día. Por último, me permito recordar que la masturbación no es una práctica sustitutoria del sexo en pareja. Masturbarse es tan sano, tan natural y se aprende tanto de uno mismo que hay que seguir haciéndolo yo diría que toda la vida, ya sea con o sin compañía. Ahí queda eso.



QUÉ PUNTO
En un lugar de tu cuerpo, de cuyo nombre no quiero acordarme me han dicho que hay ¡un punto G! ¿Será verdad? Pues sí, chicas y chicos. El punto G existe y hay que buscarlo, encontrarlo y probarlo. Algunos que encontraron la tierra prometida no hallaron tesoro alguno en ella, no les dio un vuelco el corazón ni la líbido por estrechar su mano con su misterioso recoveco, pero otros descubrieron que la parte de atrás es algo más que un pozo de miseria y otras se dieron cuenta que eyacular no es sólo cosa de hombres. Saber no ocupa lugar, así que nunca te acuestes sin buscar un poquito más... de sabiduría. Al grano. Si eres mujer y andas buscando la caja de Pandora, lo mejor es que te tumbes a la bartola, abras las piernas, dobles las rodillas y pongas el culo sobre una almohada, o te tumbes boca abajo o a cuatro patas. El objetivo es encontrar la llamada "esponja uretral", chan chan, que está a unos cuatro centímetros de dedo vagina arriba. Sólo tienes que ejercer presión en esa zona con las yemas de los dedos en un gesto de "ven pacá". Si te apetece, prueba a buscarlo con la ayuda del Crystal Wand, que irá directo al grano o con el accesorio del Hitachi Magic Wand que incluye un accesorio llamado Localizador G. Si lo haces con las manos, notarás que esa pared vaginal es de corte rugoso. Ellos tendrán que hacer lo mismo pero por el orificio de atrás, sí el ojete, y realizar el mismo gesto de ven aquí con el dedo. Yo sólo digo dónde está, el puntazo del punto es que lo encontréis, os presentéis educadamente y si hay entendimiento, todo llegará rodado. Que vaya bonitooooo.

Wednesday, May 18, 2005

Sacred sex


Una de las frases a las que se accede con más rapidez escribiendo en internet las palabras mágicas sexo tántrico son las que pronunció Sting en la presentación de su disco Sacred loved: “Hago el amor ocho horas cada noche”. Semejante perla mediática dio en su día la vuelta al mundo y agitó las mentes de muchos curiosos que se preguntaron cómo era posible tal hazaña, acostumbrados como estamos a leer en los periódicos que la media del acto sexual no supera los 22 minutos o que las patologías sexuales más comunes son la eyaculación precoz, la impotencia y la anorgasmia.
La respuesta es muy sencilla, Sting no es un genio, pero practica el tantra aplicado a sus relaciones sexuales de pareja. Bueno, sí es un genio. No todo el mundo sabe, puede o quiere esforzarse así cada noche.
Antes de nada, he de decir que lo siento por los homosexuales, pero como filosofía milenaria hindú, el tantra está enfocado casi exclusivamente a las parejas heterosexuales porque persigue la fusión de lo femenino y lo masculino, si bien sería perfectamente aplicable a cualquier combinación de sexos posible en lo que a técnica para la prolongación del placer se refiere.
Aunque el sexo tántrico se haya puesto de moda recientemente en medio mundo, lo cierto es que en el otro medio el tema es más antiguo que el tebeo. De ahí viene la buena reputación como amantes que se les atribuye a los hindúes. Por simplificar, la idea consiste en conseguir controlar la eyaculación para prolongar el placer hasta límites insospechados. ¿Difícil? Sí, pero posible.
Todos sabemos que los postres se toman al final de las comidas y eso no hace menos apetitosos los aperitivos ni los primeros o segundos platos. Algo así debería ocurrir con el sexo. Si tomamos el orgasmo o la eyaculación del hombre como el postre, una vez sabemos que llegará más tarde o más temprano, debemos olvidarnos de que el fin es llegar a él, a lo pin-pan-pun, para disfrutar de cada segundo con la misma intensidad y eliminar la urgencia de disparar la pistola lo antes posible. Dejemos que el cuerpo lo pida a gritos antes de darle lo que pide.
Los entendidos en materia recomiendan empezar a probar el plato tántrico acumulando el hambre suficiente para no quedar saciados al primer bocado, es decir, sentarse a la mesa sólo cuando uno tenga todo el tiempo del mundo por delante y el estómago (o en este caso otros órganos) clamen por comer.
Otra máxima importante es que todo lo que está caliente, puede estar aún más caliente, es decir, aunque el deseo sea escandaloso cuando se inicia la marcha, es necesario llevarlo pasito a paso, a fuego lento, hasta su punto de ebullición. Habrá que recurrir a todo tipo de caricias mínimas que eviten el contacto con pechos o genitales para pasar después a depositar el placer en los labios. Besar puede ser y es, de hecho, uno de los ejercicios más sensuales y hay que sacarle el máximo partido en los juegos de iniciación. Se trata de hacer el precalentamiento propio de cualquier deportista en cada parte del cuerpo, sin olvidar ninguna, y dejar las zonas que están calientes de por sí para el final. Controlar el ritmo de la respiración es elemental y, si es posible, debe compenetrarse con la respiración de la pareja, de forma acompasada.
Cuando llega el momento de la penetración, habrá debido pasar más de una hora, y llegará sin prisas, como un paso más hacia la fusión de los dos cuerpos. Una vez dentro, el pene debe olvidarse de heroicidades y limitarse a estar ahí, a sentir dónde se acaba de meter y dejarse llevar por los movimientos naturales de la vagina. Al pajarito empezará a dolerle el pico y querrá soltar su canto, pero habrá que evitarlo controlando la respiración y si es necesario, atándolo como sea, o lo que es lo mismo, siguiendo el dictado de los expertos que indican que apretar con dos dedos la zona del perineo (entre el escroto y el ano) sirve para algo.
En el tantra, la eyaculación se considera un derroche que, cuando se evita, debe traducirse en un ahorro de energía que podrá canjearse en el cerebro del hombre por un ticket hacia el placer infinito. Tampoco hay que sufrir en exceso, sobre todo, al iniciar las sesiones de entrenamiento tántrico. Al cabo de un par de horas y si el cuerpo no aguanta más, se puede proceder al coito propiamente dicho, siempre con movimientos lentos y suaves, que acabarán en un orgasmo, seguramente, mucho más completo del que estás acostumbrado.
El aprendizaje tántrico es lento, aunque a nadie le amargará ser becario o estar de prácticas cuando el trabajo da tanto gustito. Es imprescindible, para uno y para otra, aprender a ejercitar “el músculo” (ellos), intentando controlar sus movimientos conscientemente, lo que requiere mucho entrenamiento, o los músculos vaginales (ellas), a los que hay que adiestrar mediante contracciones de la vagina similares a las que se realizan cuando se contienen las ganas de ir al baño, en ambos casos.
Los que no tengan pareja en este momento, dirán ahora: “sí, muy bonito”, pero yo no puedo plantearme una relación así con alguien a quien acabo de conocer. Quien piense así, se equivoca. Si se trata de un chico, le diría que parte de la magia tántrica que se experimenta gracias a eso que se llama amor es posible si tomamos a la otra persona, sea quien sea, como el receptor más digno de nuestro mimo.
Ésa es la diferencia entre un buen amante y un aquí te pillo, aquí te mato (lo del quiqui rápido está muy bien a veces, pero no deja de ser un pelín insatisfactorio como el pan de cada día). Si la frase viene de una chica, sólo puedo decir que en el tantra somos las mujeres las que controlamos, las que llevamos la voz cantante y, por ello, tenemos la responsabilidad de aprender y guiar al otro por el camino del disfrute común. Fingir los orgasmos, hacer de tripas corazón o mirar al techo mientras un energúmeno galopa sobre ti no es la mejor manera de que a una la tomen por diosa del sexo y mucho menos del amor. El sexo es cosa de dos y el tantra lo deja bien clarito. Quizás la primera vez no duremos ocho horas, como Sting, pero con un poquito de disciplina, los resultados pueden llegar a ser sorprendentes. Tú pruébalo.

Thursday, May 12, 2005

Sex is in the arse


¿Cuál es la mejor manera de empezar a hablar de sexo anal, así, sin precalentamiento? A decir verdad, no tengo ni idea. Lo único que se me ocurre es hacerlo por el principio, es decir, aclarando algo fundamental: la puerta de atrás no es exclusiva de los gays. Muchos la reivindican como patrimonio de la humanidad auque la UNESCO no acaba de decidirse. Por eso, ya lo dijo alguien antes que yo: “Los que practican el sexo anal tienen tantas posibilidades de acabar siendo gays como los que tienen por costumbre comer caña de lomo por Navidad”.
Todos tenemos, ya sea más feo o más bonito, un ojete cuyo uso podemos limitar a su función orgánica elemental o traspasar la frontera y buscar el más allá. Aunque tu tercer ojo no te permitirá ver la última película de Woody Allen, porque es ciego, está garantizado que si te lo propones, te permitirá ver el cielo, o las estrellas, si te empeñas en no seguir una serie de consejos ineludibles.
Para el personal virgen (en lo que al ano se refiere) los expertos recomiendan iniciarse en la intimidad. Lo mejor es hacer ejercicios digitales diarios en la ducha para ir abriendo boca, en este caso, culo. Se trata de introducir, como quien no quiere la cosa, el dedo en el ojal y dibujar circulitos con la esperanza de que el dedo vaya quedando holguerito y acabe pidiendo más y más. En algunos casos, estos ejercicios no son suficientes y es necesario probar con un encantador juguete bautizado como dilatador anal (por ejemplo, the swell guy) con o sin vibrador. Lo mejor es empezar con uno pequeño y blandito. Está pensado para quedar encajado en el cerete mientras tú te entretienes haciendo la colada o preparando los macarrones para el almuerzo. Si vamos a hablar del tema a las claras, conviene borrar de las mentes más retorcidas la idea de que el sexo anal puede provocar a la larga incontinencia fecal. Nada más lejos de la realidad, precisamente las contracciones que se provocan durante el acto fortalecen los esfínteres y facilitan el autocontrol de los mismos.
Si imaginamos el encuentro sexual como un partido de béisbol con animadoras, éstas gritarían alrededor del campo: dame una H (de higiene), dame un L (de lubricante), dame una C (de condón) y dame un S (de suaaaveee). Ninguna de estas letras debe faltar a la hora de enfrascarse en jueguecitos sexuales con el pompis ajenos. Fundamental es empezar el tema con agua y jabón abundantes, sobre todo, si los preliminares incluyen un beso negro (o lametón prolongado en el culo del compañero/a). Si es posible, no está de más evacuar antes de nada, para evitar imprevistos de última hora. El lubricante es otro clásico que algunos parecen olvidar, pero que es absolutamente imprescindible si la idea es que la experiencia resulte placentera. Los expertos recomiendan emplear un lubricante de base acuosa. Descartada la vaselina (base oleosa), vale la crema de manos, pero lo mejor es acudir a un sex shop o una farmacia y hacerse con un lubricante específico.
Si el encuentro implica penetración, no precisamente con el dedo, sino con un vibrador o directamente con el pene, el condón es el mejor amigo de nuestro culo. Evitará el contagio de ETS o de infecciones no deseadas que pueda acarrear el contacto con la parte innoble (no me pregunten por qué) del ser humano. Cuidado con cambiar siempre la funda de la pistola antes de cambiar de orificio o no habrá valido para nada nuestro espíritu preventivo. Si el deseo impulsa a un beso negro, pero el contacto directo con el ojo ciego echa para atrás, se puede emplear un guante de plástico. Casi no se notará la diferencia.
La S de suave podría acompañarse con la D de delicadeza o con la R de respeto. Son claves en cualquier relación sexual, que adquieren más importancia en el caso del sexo anal. No en vano, hablamos de una práctica tan antigua como tachada antinatura desde tiempo inmemorial. Si a tu pareja le da reparos y tú insistes en probar, dale tiempo y demuéstrale que estás dispuesto a hacerlo poniendo todos tus sentidos. Los entendidos en materia lo dejan bastante claro: Nunca pidas nada que no estés dispuesto a dar. Si pides que te pongan el culo, prepárate para ponerlo tú llegado el caso. Aquí no vale entrar a la habitación gritando: “¡Me pido ser activo para sieeempreee!”. Como hemos dicho, y esto va dirigido especialmente para los lectores más prejuiciosos, ser gay no depende de si te va o no que te hagan cositas en el culete. Si Dios escondió precisamente ahí tu punto G (de este tema ya hablaremos otro día), por algo será. En el sexo todo vale. El límite lo pones tú y quien o quienes se pongan en faena contigo.
Ah, se me olvidaba. El sexo anal no es en ningún caso garantía contra el embarazo si no hay preservativo de por medio. El semen puede caer hacia la vagina y acabar liberando espermatozoides deseperados por pillar un óvulo en la cajita de Pandora.

Saturday, April 16, 2005

Marco


Los dibujos animados, como la realidad misma, nunca son lo que parecen sino mucho peor.
Hoy me he sorprendido revisando un capítulo de la serie Marco, aquélla con la que nos machacaron la vida a toda mi generación cuando éramos pequeños y me he dado cuenta de que la cosa está fatal. Nunca me había parado a pensar que Marco es un niño de cinco años, italiano, que se va de su casa por las buenas un día para buscar a su madre nada más y nada menos que a Argentina. El niño, en principio, no es un superpolíglota (que se sepa), pero se le ve constantemente dominar la situación en Buenos Aires y otros lugares criollos sin que la lengua suponga un problema. Una de dos, o en Argentina hablan todos italiano, o el niño lleva traductor o aquí hay gato encerrado.
Yo tengo un sobrino de cinco años y, la verdad, no me lo imagino tan suelto entre una tripulación de marineros de pelo en pecho con los que departe de tú a tú mientras se lavan la ropita sucia.
Para colmo de males, el viajecito no es una cosa de llegar y topar, qué va, se complica con todo tipo de adversidades que el pobre niño tiene que superar con una fuerza de voluntad digna, no ya de un adulto, sino de un dios hebreo. El caso es que el niño, que tiene dos cojones bien puestos, pasa de todos los obstáculos y sigue su camino, como si nada... Un niño de esa edad de los de hoy, como mínimo, necesitaría un comité de sabios psicólogos para superar el trauma. Si es por un cachete y se arma la de Dios, ¿cómo nadie se plantea que Marco es un inmigrante ilegal, menor, sin tutores y puteado a más no poder?
Su padre y su hermano mayor, que no se dignaron a emigrar para que la madre y el niño siguieran juntos, representan lo peor del machismo rancio italiano. Encima, dejan a Marco alegremente irse detrás de su progenitora emigrante mientras ellos dos viven la vida en Italia con el dinerito que la pobre mujer les manda desde el otro lado del mundo. La cosa tiene guasa.
Eso sí, el pobre mío no para de llorar allá por donde pasa. ¿No va a llorar el angelito? En el capítulo de hoy, se hacía pasar por otro niño para ayudar a morir a una mujer que partió, como su madre, en un barco y que delira en su lecho de muerte mientras le aprieta su manita.
El crío Marco este, bien podría ser candidato a Supermán de mayor porque no hay niño humano que resista una tortura semejante. Sin embargo, a pesar de todo el follón de fenómenos inverosímiles y absurdos que contiene el culebrón, a todos los que fuimos niños en los ochenta nos la vendieron y todavía hoy lo venden en televisión como una serie lastimosa, pero educativa, porque enseña a los pequeños a ser fuertes. ¡Manda huevos! Y perdón por la expresión.
El otro día, una asociación feminista reclamaba que Doraemon se retire de TV3 porque es sexista. ¿El gato? Yo me quedé con la boca desencajada cuando lo leí. ¿Cómo puede ser Novita sexista si es simplemente idiota? ¿Es esa serie un peligro para las mentes de los niños y Marco no? Para mí que alguien se está equivocando con el baremo. Tanto maltrato psicológico como tiene que sufrir el pobre italianito abandonado no puede ser bueno ni siquiera como ejemplo y machista la serie lo es con ganas. Y todo, para que al final encuentre a su madre y ahí se acabe la historia, que se te queda una cara de gilipollas...
Al lado de Marco, Shin Chan, por mucho culo que enseñe, es un niñatillo, marrano pero inofensivo, condenado al horario de la tarde-noche por obra y gracia de su gusto a bajarse el calzón. Lo dicho, la cosa está fatal.

Friday, April 15, 2005

La verdad

Esta semana he aprendido una lección. La gente no quiere oír la verdad, sobre todo cuando la verdad no coincide con lo que uno espera. En realidad, esta idea la aprendí hace mucho tiempo, pero siempre se me olvida. Nunca he sido especialista en las mentiras, ni siquiera en las piadosas. Se me dan fatal. Me cambia la expresión, miro a la gente a los pies en lugar de a los ojos y me da la risita tonta delatora. Además, tengo la extraña sensación de que llevo escrito en la frente: mentirosa. Le pasa a mucha gente.
Yo he aprendido a callarme lo que sé que no debo decir. Me callo, me callo y me callo hasta que reviento y entonces me salen las palabras a borbotones y la cago, de una forma o de otra, siempre la cago. Tengo por costumbre escoger la forma incorrecta y el momento equivocado. Alguien debería dar un curso para los sinceros compulsivos sobre cómo dosificar las verdades para que no hagan pupita a los oídos ajenos. Porque, como diría mi madre, nadie quiere oír que le huelen los peos ni que sus hijos te parecen feos.
La indiferencia, la sorpresa o el dolor del que escucha una verdad inesperada suelen poner una tapadera sobre el sufrimiento del que la pronuncia, que pasa desapercibido y camuflado por el sentimiento de culpa que le sigue. Para evitar el maltrago, yo prefiero no estar presente en el momento clave para no ver la cara del que sufre el impacto.
Lo mío son las cartas y los emails de última generación. Tiro la piedra y echo a correr. Soy una cobarde, pero toda una campeona en esta modalidad de lanzamientos. Se me da mejor decir las cosas cuando no tienen sonido, como en el cine mudo, con subtítulos, por escrito. Debe ser deformación profesional. El caso es que siempre me acabo perdiendo esa primera cara de reacción que me gustaría ver por un agujerito. No tengo remedio. Pero tampoco hay que darle más vueltas al asunto. Como dijo una vez alguien, nada es verdad ni mentira. Todo depende del cristal con que se mira. Qué gran verdad.