Friday, December 22, 2006

El día del bombo


El otro día discutí con mi pareja sobre la lotería. Uy, eso de "mi pareja" me ha sonado tan frío, pero es que el español es cojo en vocabulario sentimental. De los novios, ese estado en que dos que se quieren (tocar, jeje) se ven por las noches para tomar una copa o ir al cine, pasa al amante o al marido, sin escalones, a excepción de ese horrible palabro que vale para todo lo que se cuenta en pares: pareja. Si no hay firma de por medio, dos que viven juntos ¿qué son, amantes Por ejemplo: El otro día discutí con mi amante de la lotería. Me juego la cabeza a que han visualizado --no mientan-- dos cuerpos desnudos sobre sábanas de raso que se citan fortuitamente para mantener relaciones exentas de todo romanticismo. Nada que ver con la realidad. Por otro lado, al casarse, los novios pasan a ser esposos, o marido y mujer. Esa es otra. ¿Por qué yo me llevo un marido o un esposo, que suena a yugo, y ellos a una mujer Si me casara, ¡querría a mi hombre! En fin, que las parejas de ilegales, quizás la mayoría, carecemos de un nombre social que defina nuestra situación y eso resulta, además de discriminatorio, frustrante. Siempre me lío. Yo hablaba de la lotería, ¿no Pues eso, que a cuenta de imaginar, mi amante y yo, que somos una pareja, discutimos sobre la posibilidad de que nos tocara la lotería. Él se conforma con 100 millones, yo con 40 (no es que yo sea más generosa, es que tengo mentalidad de pobre). Después de horas de conversación sobre las ventajas e inconvenientes de ser millonarios y sobre lo que haríamos si nos cayeran miles de euros del cielo, llegamos a la conclusión de que discutir por el dinero de la lotería antes de que te toque es perder el tiempo. Total, le va a caer a los otros, y ellos, como en la peli de Amenábar, siempre acaban volviéndose invisibles.

Friday, December 08, 2006

Ahorrar, tremenda quimera

No sé qué me pasa que por más que lo intento no consigo ahorrar. Debe ser que ese valor, tan predicado por los directores de cajas y bancos, es una práctica no apta para el común de los mortales sino para seres sobrenaturales que tienen la mente tan fría que son capaces de resistir toda tentación material y además calcular los imprevistos de la vida diaria sin que éstos les descabalguen el presupuesto a la primera de cambio. O eso, o son millonarios. O todo el mundo miente y, aunque en realidad tiene la loseta llena de billetes, finge estar tieso. Porque estos días no se habla de otra cosa. Imagino que mientras unos pocos, que nadie sabe dónde están ni quiénes son, concentran en sus manos todos esos miles de billetes de 500 que dicen que pululan por España, el resto nos pasamos la vida haciendo números para concluir siempre a fin de mes con que no nos queda ni un duro (perdón por el anacronismo) para engordar al cerdito de barro. Eso si no llegamos al día 30 con la cuenta a menos cuatro. Je, je. En esos momentos, piensas "¿cómo lo harán los demás?". Y, al minuto siguiente, llama el cartero (dos veces) y entiendes que lo hacen igual que tú, a base de recibos (el coche, el teléfono, el gas, la hipoteca, la letra del centro comercial, la multa del Ayuntamiento, la VISA, la otra multa, el móvil... y todo lo demás). Y gritas: "¡maldita esclavitud!"; o te consuelas: "tranquila, ahora viene la paga de Navidad y te pones al día". Pero sabes que eso es mentira, que la paga de Navidad está caput antes de que ingrese en tu cuenta, y sueñas que ojalá tus hijos no creyeran en los Reyes ni en Papá Noel y que se avecina una empinaaaada cuesta de enero. Y lo peor, que por mucho que ganes, más dinero gastarás. Así que sacas 30 euros con la VISA y los dilapidas en lotería. Total...

Adiós, bogavante, adiós


No sé si un bogavante se merece una columna de opinión, pero como la decisión depende de mí, voy a inventarme que se la merece. Y si me equivoco, pues manden una carta de opinión o algo.
Lo habrán leído en los periódicos o, en el peor de los casos, visto en televisión (digo en el peor por puro egoísmo. Si a ustedes les da por dejar de leer estas páginas, a ver de qué voy a vivir yo). Al lío, hablaba de la espectacular noticia sobre un bogavante, holandés y gigante (¡de nueve kilos!), que ha llegado a Benalmádena donado por un restaurante del país flamenco (allí no saben tocar las palmas, pero son más flamencos-) que era incapaz de deshacerse de semejante monstruo marino. Al parecer, el dueño, que le había cogido un cariño al animal de mírame y no me toques, no ha tenido más remedio que perderle la pista a su colega y enviarlo a un parque submarino. No teman, allí le han cogido tanto cariño que nada más llegar lo han bautizado como Tijeritas, no solo por su origen flamenco sino porque tiene unas garras de 30 centímetros er gashí . Llámenme sentimental, pero a mí esta historia me ha despertado el espíritu navideño más que un kilo de turrón. ¡Cómo somos los seres humanos! Y es que he imaginado a ese pobre hombre mirando a los ojos a su bogavante-amigo después de cuatro años sin poder vender al bicho porque valía un ojo de la cara y casi se me escapa un lagrimón. Lo peor fue visualizar esa despedida hombre-bogavante en la que el humano despide al marisco deseándole un futuro mejor. Igualito que cuando veo a padres abnegados en un aeropuerto diciendo adiós a sus hijos antes de partir a Londres para que aprendan inglés. Solo deseo que en el parque ese lo traten bien. Y que cunda el ejemplo de amor a los animales, ¿que no?.

Las pelusas


Tengo miedo. Mi casa ha sido invadida sin remedio y no sé qué hacer para librarme del enemigo, las pelusas. No, medusas no, que no vivo yo a la orilla del mar, me han invadido las pelusas. Igual piensan que soy una exagerada y que no es para tanto, pero se equivocan. Es para tanto y para más. El día entero me paso persiguiendo con la escoba a esas esquivas y sibilinas masas de pelo informe que son capaces de esconderse en los sitios más insospechados para aparecer justo cuando menos te lo esperas con el único objetivo de hacerte quedar fatal, es decir, cada vez que viene alguien de visita. En esos momentos, cuando mejor quieres quedar, al menos una de ellas siempre tiene que hacer acto de aparición y delatar que, cual cabeza de niño con piojos, tu casa está infectada. Mi madre, consciente de mi delirio, me ha comprado una mopa. Con ella, sólo he conseguido una mopa (que no tenía) llena de pelusas y nuevas pelusas voladoras. Como las cucarachas, las pelusas nacen, crecen, se reproducen y aunque las mates y te rías de ellas, vuelven. Desde que empezó la temporada de la manta, he observado el mecanismo reproductor de las pelusas con detenimiento y puedo afirmar que el mejor caldo de cultivo pelusero se sitúa bajo las camas. No pregunten porqué, pero es así. Mi obsesión contra estos bichos inertes es tal que el otro día me desperté empapada en sudor de una pesadilla en la que una pelusa gigante me devoraba a mordiscos. En mi trance, parece que sólo algunas mujeres (no todas y casi ningún hombre) son capaces de confesar que me entienden. El resto, ignorante de la plaga o temerosos de confesar su vergüenza, aseguran que sus casas están libres de pelusas. Mi único alivio es ir de visita a casa de alguien y comprobar, de soslayo, que la pelusa delatora también viene a saludarme. Ya lo dice el refrán. Mal de muchos…

Wednesday, September 27, 2006

Una tómbola

La vida es una tómbola, tonta, tómbola. Ay, qué feliz soy. Mira que la vida es rara, rara, rara. Un día estás ahí con la moral hecha polvo, con la cara lavá y recién peiná, sin maquillar y, cuando menos te lo esperas, un desconocido, de repente, te regala flores. Y entonces se te queda una cara de idiota... y te enamoras y resulta que él tiene un niño muy mono y tú lo quieres mucho y se te queda la boca to partía... porque tú ya te habías hecho a la idea de que tú ibas a ser unasolitaria, la típica tía buena gente, pero solitaria. Y luego resulta que te vas a vivir con él, dejas tu apartamento, agarras las maletas y te vas con él a vivir o a lo que haga falta porque tú con él sabes que podrías ir al fin del mundo. Y pasan los días y sigues enamorá, y se te cae la baba, y te pones muy tonta cuando lo ves y estás todo el día esperando que llegue la noche para coincidir en la camita acurrucados... Y se te queda una cara de tonta... Y lo miras y lo ves el tío más guapo del mundo, y lo vuelves a mirar y cada vez lo ves más guapo. Y luego él te mira y te entra la risa floja de pava que te da tanto coraje. Y le mandas.. y te manda... tantos mensajes al móvil que además tú guardas siempre que tienes el teléfono colapsado y ya no te cabe más na. Y te vuelve a hacer ilusión ir al cine para hacer manitas porque es la cosa más romántica del mundo comer palomitas y darle besitos ahí en medio de tanta oscuridad. Y te despiertas por la noche porque hace un ruidito y le das un beso en la espalda y él te sonríe y se te coge un nudo en el estómago que pa qué te cuento. Y sales de compras y te paras en el escaparate de las tiendas de lencería y luego entras y te compras las bragas más monas que encuentras para estar lo más bonita posible cuando llegue la noche. Y se te quitan las ganas de comer comida. Y pierdes algunos kilos. Y la gente te pregunta que qué te pasa, que te brillan mucho los ojos, que estás como más guapa y más radiante. Y tú te ríes y piensas. Ay, si tú supieras... Pero no se lo cuentas porque ella no es tu amiga del alma. Pero luego te llama tu amiga del alma y le dices tía, estoy muy enamorá y es que me lo como. Yo no sé ser tan feliz y tu amiga te dice que te relajes y que disfrutes. Y tú decides que tiene razón, que la vida son dos días y que vas a disfrutar. Y pasan los días y celebras los aniversarios hasta del día que compraste juntos por primera vez pasta de dientes. Y no tienes gas en casa, pero estás tan caliente que el agua fría te sabe a templada. Y te compras una tortuga y le pones Rita la cantaora de nombre porque estás muy feliz. Y descubres que te gusta que te hagan masajes en los pies antes de dormir y hacerle cositas en la espalda para que se duerma. Oye, y resulta que así, a lo tonto a lo tonto, se pasa el tiempo y eres la mar de feliz. La vida es una tómbola... Qué bonito es el amor.

Sunday, June 25, 2006

Adivina, adivinanza






A ver, ¿qué se ve en estas imágenes? Si lo aciertas, es que eres un monstruo. Y si no, tampoco pasa nada. No hay premio...

¿Compras o te enriqueces?








Comprar es una especie de terapia antiestrés. Sobre todo, si tienes estrés, claro. Es genial practicarla cuando no hay nada importante que comprar, cuando el paseo se hace por puro placer. Hoy es domingo y yo quisiera poder irme de compras. Me conformaría con un mercadillo. Pero todo está cerrado. Qué contrariedad.

Qué tristeza sin fin (je, je)

Estoy de bajona. Es increíble cómo cuando alguien está de capa caída todo se conjura para hacer que te sientas lo peor posible. Enciendes la tele y ves una película que es muy triste. Pones la radio y sólo suenan canciones de lamento. A tu alrededor, todo el mundo parece exultante de vitalidad y buen humor, lo que hace que te sientas un pequeño grano lleno de pus en el culo del mundo. Ah, por supuesto, si te tomas una tostada se te cae por el lado del aceite con tomate. Qué fatalidad. Qué fantástico es sentirse una caca en medio de un jardín de florecillas. No es por quejarme, es solo que no recuerdo en qué momento me crucé con el puto tuerto que me echó el mal de ojo. Si lo hubiese visto, le habría partido la cara. Lo único bueno de todo esto es que sé que estoy con la regla y que en cuanto se me pase dejaré de ver la vida en blanco y negro. Mientras tanto, qué mejor tarea que recrearse en la miseria. Ayyyyy, qué triste estoy. Ay, madre, qué triste. (Je, je).

Qué vida tan perra

La vida es una perra en el sentido más animal de la palabra. Y una perra mala, de esas que muerden y te destrozan las vísceras a bocados. Bueno, es así de perra cuando te va mal. Luego pasa la mala racha, empieza la buena, y entonces la vida es un caniche buena gente que se sienta en tu falda y te hace mimitos. O se convierte en perra pelotillera y faldera que te lleva por donde tú no quieres ir a base de engaños. La vida es una perra sucia cuando no deja que te laves por dentro ni que se te curen las heridas y una perra de concurso canino cuando te renuevas como ave fénix y sales a comerte el mundo vestida de limpio. La vida siempre es perra y nunca perro aunque vivamos la vida hombres y mujeres porque la vida es de todo menos vaga. Aunque a veces parezca que se ha quedado dormida en los laureles y te ha dejado en paz, la perra que lleva dentro te despierta un día a ladridos y descubres que todo ese tiempo que pasó desapercibido no era más que un impás previo a la gran tormenta. La vida es una perra mala, sucia e hija de puta. Qué perra es la vida. Y qué bonita.

Y tú, ¿cómo ligas?

Ayer hice un sondeo para saber cuál es la mejor manera de ligarse a un tío. Para ello interrogué a los novios de mis amigas que son muy colaboradores y están deseando que me eche un novio yo también. Hablamos de hombres a los que ya se conoce pero con los que se quiere dar un paso más. En estos casos, lo más importante es encontrar el equilibrio, ese concepto abstracto que Aristóteles se hartó de definir y que tan difícil es de conseguir. Y el equilibrio entre qué. Pues hay que encontrar la justa medida entre lo que una quiere transmitir de atracción y el margen que debe dejar al otro para que éste no se sienta acosado. Palabras textuales: "que no note que estás desesperada por llevártelo a la cama ni que tu indiferencia aparente sea tan real que crea que pasas de él". Luego dicen que las mujeres somos complicadas. Alguien recomendó ir directamente al grano. Lo peor que puede pasar en ese intento de seducción es "que os convirtáis en amigos". Peligro mortal. Si eso ocurre, no habrá Dios que remonte. "Que sepa que quieres algo más". Ah, muy bueno esto. "Los hombres no entendemos el lenguaje no verbal y todo lo que son pistas evidentes para vosotras pasan desapercibidas ante nos". Qué difícil, coño. Así no hay quien ligue. En medio del debate, alguien (una de las chicas) insistió. "Sobre todo, nunca cambies tus planes para hacer algo con él. Ten presente tus prioridades". Avanzando un poco más en la conversación, pregunté en voz alta cómo se había producido el enganche en los casos presentes y cada uno ofreció su versión. No había nada en común. Cada uno cuenta la película según le fue a él y, si hubo éxito, se deduce que es el método o la vía adecuada. Uno se hizo el interesante, la otra se dejó llevar, el de más allá atacó a la yugular y la que faltaba solo sabe que se encontró una lengua dentro de su boca un buen día. La conclusión y moraleja de mi encuesta está clara. Los sentimientos y las relaciones no se pueden planear. O salen o no salen. O salta la chispa o se apaga. Da igual el empeño que uno ponga porque cada persona es un universo a parte y si alguien simplemente no ve tus señales y acaba liándose con otra es porque solo vio lo que quiso ver y porque, básicamente, no es pa ti. Por eso he decidido que no voy a hacer ni esto ni lo otro sino todo lo contrario. Total, si la cosa no depende de mí, para qué andarse con tanto miramiento. Anda, anda.

Saturday, June 24, 2006

Las cucarachas y el amor

Abrir los ojos a la mañana y encontrarse con una cucaracha americana (rubia), gigante y voladora pisoteando por entre las cuatro paredes que conforman tu hogar es una de las visiones más espeluznantes que se me ocurren. Miles de películas de terror deben haberse ambientado en esa imagen y si no, es que los directores de cine no saben lo que realmente da miedo a los seres humanos. Lo sé porque lo tengo muy reciente. Me pasó justo ayer. Dormía plácidamente en mi cama. A eso de las siete de la mañana, abrí los ojos y me di de bruces con el animal. Ese horrible bicho campaba a sus anchas por mi apartamento. Cuando una vive sola, la experiencia terrorífica es aún más macabra y si te pilla con la regla y con las hormonas revueltas, la cosa se vuelve indescriptible. Chillar no es suficiente entonces. Es como que no sabes muy bien qué hacer para desahogarte. Antes que el bote de Cucal, cogí el teléfono y llamé a mi madre. Una madre es muy socorrida en estas circunstancias. Ellas siempre saben lo que hacer. Muy valiente, desde el otro lado del cable, no hacía más que repetir que la matara sin más. No era consciente del temblor de piernas que se cernía sobre mí. Entre gritos histéricos, conseguí mi objetivo aunque casi me asfixio en el intento. Se me ponen los vellos de punta solo de imaginar que ese animal infesto pusiera sus patas sobre mi piel. Agggg. No puedo, no puedo. En mi opinión, el miedo que despiertan las cucarachas solo es comparable al que provoca el amor entre las almas sensibles, las mismas que se dejan atemorizar por ese tipo de insectos, o sea, todas. El mismo sudor frío, el mismo no saber qué hacer, la misma cara de idiota, las mismas ganas de que acabe el sufrimiento, la misma desesperación y el mismo horror a cada intento fallido de que pase lo que tú quieres sin éxito (unas veces, que se muera y otras…). Lo malo es que las cucarachas, como decía el anuncio, nacen, crecen, se reproducen y con un spray se mueren. Lo otro no. Hay que aguantarse o esperar a que el bicho se muera solo. No basta con pisarlo con una zapatilla. Qué coraje, no?

Saturday, June 10, 2006

Con mis manitas













Los pies










Dicen que la cara es el reflejo del alma, pero yo me pregunto si el alma no estará más en los pies que en el rostro. Son ellos los que soportan el peso del cuerpo, los que reflejan la edad, la buena o la mala vida de unos y otros, la raza, el color y hasta la clase social. Las pitonisas siempre leen las líneas de la mano y se olvidan de las líneas de los pies que, para mí, siempre contuvieron más información. No sé, igual me equivoco, pero el mundo de los pies, en cualquier caso, me parece interesante aunque no me dedique a chuparlos como la protagonista de La teta y la luna. Me conformo con fotografiarlos, por si acaso algún día acabo interpretando las marcas de cada cual.

Wednesday, May 31, 2006

El imperio de la no justicia


Ayer volví a ver en la tele El primer caballero, una película que, como muchas otras, habla del triunfo del valor, la sinceridad o la integridad por encima del odio, la cobardía y el egoísmo. Transcurre en la época del rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda. Cuenta justo esas cosas que ya sólo se ven en el cine. A mi generación, nos educaron en valores abstractos como la justicia, la paz o la igualdad que ya no están de moda a efectos prácticos y que seguimos buscando, sin éxito, en nuestro alrededor. Es cierto que a muchos se les llena la boca con esas palabras. Todo el que tiene el poder intenta convencer que lo posee porque lo merece y vende la moto de su legitimidad para administrarlo. Ja. Nada más lejos de la realidad. La integridad, el honor y el amor propio se están vendiendo a precio de saldo en cada esquina, en cada empresa, en cada ayuntamiento, porque el mundo está reinado por la mediocridad, ni siquiera por los malos más inteligentes. Tal y como está el patio, se me han quitado las ganas de tener hijos. Si los tuviera, habría que elegir entre educarlos para ser buenas personas o para tener éxito en la vida. Por supuesto, en teoría, es posible ser ambas cosas a la vez, pero se debe sufrir tanto cuando uno está arriba e intenta no caer en la tentación de olvidarse de los que están abajo, que muy pocos se resisten, así que igual es mejor optar por una educación que promueva lo que la sociedad premia, es decir, el egoísmo, la injusticia, el despotismo y la superficialidad. Al menos, se evitaría la frustración del que quiere y no puede y todos sabríamos a qué atenernos. Puede que mi discurso sea pesimista, pero el mundo que describo lo hacemos entre todos.

¿Consumidor o presa?


Hace un mes y medio, después de haberme resistido durante años a la invasión de las nuevas tecnologías en casa, llamé a Telefónica y pedí un completo de los que te incluyen adsl, televisión y teléfono (llamadas nacionales) por una cantidad irrisoria. Bueno, lo de irrisorio es un decir. Dijeron que pagaría unos 40 euros al mes (los 3 primeros meses) y asentí porque no había nada más barato. El tiempo que estoy en mi pisito es tan escaso que, de antemano, sabía que no iba a amortizar. Hoy he recibido la primera factura y, en números gigantes, aparece la cantidad de 217 euros a pagar. El recibo salió de mi buzón esta mañana, lo abrí en el coche y el shock fue tal que tuve que parar en la primera cabina para informar de que se había producido un grave error, un malentendido. Al otro lado de la línea, una voz me aclaró que todo estaba en orden. “Señora, la oferta son 40 euros, a lo que hay que sumar 86 por instalación de línea (que me dijeron que era gratis), 34 por instalar el aparatito de la tele (tampoco nadie me dijo que aquello costara dinero), 13 euros por alquiler de línea (que al precio que pago ni siquiera es mía) y que se multiplica por tres porque se cobra un mes por adelantado, ah, y 2 euros por unas llamadas que hice a un 902 porque la línea se estropeó un par de veces. Todo esto, con la cantidad de IVA correspondiente según ley y bla, bla.. suman 217 euros. Si hubiera tenido una cámara en el bolso, me habría hecho una foto para enseñar al mundo cómo se te queda la cara cuando te timan con tanto estilo. Como mi solicitud fue por teléfono, no tengo contrato, así que he hecho una queja formal, que es lo único que me queda y aquí estoy, esperando un milagro. Eso le pongo un pleito que podría acabar costándome a mí el dinero. A fin de cuentas, para los grandes depredadores, la gente normal no somos consumidores con derechos sino presas a las que chupar la sangre. Lamentable, simplemente, lamentable.

Thursday, May 18, 2006

Wednesday, May 17, 2006

Las líneas de la mano


Hay momentos en la vida en que hacemos cosas que, en nuestro sano juicio, no tienen explicación porque, según cómo se miren, son absurdas. El otro día, caminando a paso ligero por la Mezquita, una gitana me cogió la mano y empezó a leerla en voz alta. Yo, que acababa de rechazar el ramito de romero y negado con la cabeza, como hago siempre cuando paso por ahí (y paso diariamente dos o tres veces), sufrí un shock al escuchar, sorprendida, cómo aquella mujer hacía un resumen de mi personalidad y, como guinda, me dibujaba un futuro a medida de mi capricho. Supersticiosa y tonta como sólo algunos podemos serlo, le solté diez eurazos por una tarea que a ella le llevó tres minutos y a mí un día de dolor de estómago. Sucumbí al efecto de la pitonisa en un momento de debilidad que, probablemente, leyó en mi cara y asumí que el dinero no es importante si se da “con agrado”, solicitud que ella me hizo antes de tomar el billete. “Tiene que ser dinero en papel, diez euros mínimo o te dará MALA SUERTE”, dijo. Aquella mujer había pronunciado las palabras mágicas para que la caja registradora abriera la boca y pillara un buen bocado, yo. Tanto poder tiene a veces la sugestión que en semejantes circunstancias uno no tiene escapatoria. Mi particular vidente me advirtió que no debía contar a nadie sus predicciones y desde entonces ando con la lengua cosida al gaznate. Pero, llegados a este punto, hoy me pregunto: si pasado un tiempo razonable, el destino que ella me auguró no se cumple, ¿tengo derecho a protestar? Algo me dice que en este servicio no hay hoja de reclamaciones. Qué injusticia. Por si acaso, yo “me he quedado con su cara”.

Sunday, May 14, 2006

Transexuales diferentes


Esta tarde, circulado a toda velocidad a bordo de mi ciclomotor después de ver una película argentina de esas que invitan a filosofar sobre las relaciones humanas, se me iluminó una idea en la cabeza. De repente, pensando porqué hay tantas mujeres atraídas por hombres gays, se me antojó si no existirá un tipo de transexualidad aún por descubrir. El fenómeno por el cual hombres gays se encuentran en realidad atrapados en cuerpos de mujeres y viceversa. Si a una mujer le gustan los hombres pero justamente los hombres gays, ¿no debería quizás ser esa mujer un hombre y así poder disfrutar de ellos? El transexualismo no es otra cosa que la equivocación, el desencuentro fortuito entre un cuerpo de un sexo y un espíritu de otro. No sería raro por tanto que un hombre gay no se sintiera mal en el cuerpo de una mujer porque su lado femenino está especialmente desarrollado, pero sus anhelos sexuales estarían dirigidos a un tipo de hombre que no corresponde con el modelo heterosexual. Dios mío, creo que he descubierto un fenómeno nuevo en el que nadie ha caído hasta ahora. ¿O sí? Da igual. El caso es que quería compartirlo con mi ordenador antes de que se me fuera el santo al cielo. Misión cumplida. Hasta la próxima elucubración mental transitoriaaaaaaaaaaaaaaaaa.

Wednesday, May 03, 2006

Ya no puedo más

Ya no puedo más. Estoy hasta el moño de estatutos. Que si el estatut de Cataluña por aquí, que si el estatuto andaluz por allá y lo que nos queda. Pero no, no estoy cansada de que los políticos hagan su trabajo y se arranquen las tiras del pellejo para conseguir aquello que prometieron a sus votantes, eso me parece cuando menos, lo normal. Lo que me cabrea es que a propósito de reformar un estatuto de autonomía todo el mundo pueda opinar sobre el sentimiento nacional que tenemos unos y otros. Y sobre todo, que pongan en boca de, por ejemplo, "los andaluces" lo que cada cual piensa o siente sobre su propia identidad nacional, que como sentimiento, es algo puramente personal. Porque, si bien es cierto que los andaluces no tenemos problemas para ser andaluces a la par que españoles, eso no significa que estemos dispuestos a quedarnos atrás en el carro de la acumulación de derechos. Que alguien se lo explique al PP, que parece no entenderlo. Capaces como han sido de criticar hasta la saciedad a los catalinos por llevarse el oro y el moro de la corona del estado ahora pretenden que los andaluces renunciemos a llevarnos nuestra parte del pastel simplemente porque aquí nadie tiene problemas de doble personalidad sobre el concepto andaluz-español-nacional. Que ya está bien, por Dios mío. Si me preguntan a mí si creo en la identidad nacional de Andalucía, diré que me trae al fresco, pero si me dicen si quiero para los míos los mismos derechos y las mismas posibilidades de gestionar nuestros recursos que Cataluña, el País Vasco o Madrid, tendré que decir que sí. Porque lo cortés no quita lo valiente y la tranquilidad andaluza no hay que confundirla siempre con indiferencia o, lo que es peor, con ignorancia manipulable. No sé, me cabreo, me cabreo.

Tuesday, April 25, 2006

El orgasmo del plumero

Buceando por los recovecos de las noticias de agencia, me he dado de bruces con un encuesta que me ha dejado de piedra marmórea, transtornada. Resulta que la mitad de las mujeres británicas dice que es adicta a la limpieza y, ¡atention, please! , para el 25% de las consultadas, la actividad, que consideran una mental therapy (terapia mental) es más placentera que el sexo. Excuse me? (¿me lo repita?). A saber cómo usarán la escoba y el recogedor. Me abstengo de hacer ningún chiste con la palabra polvo porque sería demasiado fácil y, la verdad, no me motiva. Para más Inri , dice el sondeo que 6 de cada 10 mujeres con hijos están convencidas de que, si su casa está sucia, los "visitantes" (¿quiénes, los marcianos?) pensarían que son malas madres. Horror! (¡horror!). Lo que más me inquieta es que las casas inglesas (cualquiera que haya estado en una lo sabe) no son exactamente las más relucientes de Europa (o eso, o es que la moqueta es menos agradecida que el suelo de plaqueta del área mediterránea), con lo cual no quiero ni imaginar los resultados de una encuesta similar realizada entre las españolas, donde toda una generación de madres ha inculcado, sobre todo a sus hijas, el amor por un invento patrio como la fregona. En cualquier caso, aquí somos más presumidas. Mientras las inglesas dedican 2 horas y 23 minutos diarios a limpiar, o eso dicen las 2.000 señoras consultadas, su aseo personal lo solucionan en 52. Que digo yo que deben tener casas muy grandes, porque con un piso de 30--60 metros no hay lugar para tanta hora de plumero. Sin embargo, la gran pregunta es por qué el objeto de la encuesta no fueron los hombres. Con lo avanzados que son en el Reino Unido, ¿no se han enterado que ellos también tienen dos manitas?