Sunday, June 25, 2006

Adivina, adivinanza






A ver, ¿qué se ve en estas imágenes? Si lo aciertas, es que eres un monstruo. Y si no, tampoco pasa nada. No hay premio...

¿Compras o te enriqueces?








Comprar es una especie de terapia antiestrés. Sobre todo, si tienes estrés, claro. Es genial practicarla cuando no hay nada importante que comprar, cuando el paseo se hace por puro placer. Hoy es domingo y yo quisiera poder irme de compras. Me conformaría con un mercadillo. Pero todo está cerrado. Qué contrariedad.

Qué tristeza sin fin (je, je)

Estoy de bajona. Es increíble cómo cuando alguien está de capa caída todo se conjura para hacer que te sientas lo peor posible. Enciendes la tele y ves una película que es muy triste. Pones la radio y sólo suenan canciones de lamento. A tu alrededor, todo el mundo parece exultante de vitalidad y buen humor, lo que hace que te sientas un pequeño grano lleno de pus en el culo del mundo. Ah, por supuesto, si te tomas una tostada se te cae por el lado del aceite con tomate. Qué fatalidad. Qué fantástico es sentirse una caca en medio de un jardín de florecillas. No es por quejarme, es solo que no recuerdo en qué momento me crucé con el puto tuerto que me echó el mal de ojo. Si lo hubiese visto, le habría partido la cara. Lo único bueno de todo esto es que sé que estoy con la regla y que en cuanto se me pase dejaré de ver la vida en blanco y negro. Mientras tanto, qué mejor tarea que recrearse en la miseria. Ayyyyy, qué triste estoy. Ay, madre, qué triste. (Je, je).

Qué vida tan perra

La vida es una perra en el sentido más animal de la palabra. Y una perra mala, de esas que muerden y te destrozan las vísceras a bocados. Bueno, es así de perra cuando te va mal. Luego pasa la mala racha, empieza la buena, y entonces la vida es un caniche buena gente que se sienta en tu falda y te hace mimitos. O se convierte en perra pelotillera y faldera que te lleva por donde tú no quieres ir a base de engaños. La vida es una perra sucia cuando no deja que te laves por dentro ni que se te curen las heridas y una perra de concurso canino cuando te renuevas como ave fénix y sales a comerte el mundo vestida de limpio. La vida siempre es perra y nunca perro aunque vivamos la vida hombres y mujeres porque la vida es de todo menos vaga. Aunque a veces parezca que se ha quedado dormida en los laureles y te ha dejado en paz, la perra que lleva dentro te despierta un día a ladridos y descubres que todo ese tiempo que pasó desapercibido no era más que un impás previo a la gran tormenta. La vida es una perra mala, sucia e hija de puta. Qué perra es la vida. Y qué bonita.

Y tú, ¿cómo ligas?

Ayer hice un sondeo para saber cuál es la mejor manera de ligarse a un tío. Para ello interrogué a los novios de mis amigas que son muy colaboradores y están deseando que me eche un novio yo también. Hablamos de hombres a los que ya se conoce pero con los que se quiere dar un paso más. En estos casos, lo más importante es encontrar el equilibrio, ese concepto abstracto que Aristóteles se hartó de definir y que tan difícil es de conseguir. Y el equilibrio entre qué. Pues hay que encontrar la justa medida entre lo que una quiere transmitir de atracción y el margen que debe dejar al otro para que éste no se sienta acosado. Palabras textuales: "que no note que estás desesperada por llevártelo a la cama ni que tu indiferencia aparente sea tan real que crea que pasas de él". Luego dicen que las mujeres somos complicadas. Alguien recomendó ir directamente al grano. Lo peor que puede pasar en ese intento de seducción es "que os convirtáis en amigos". Peligro mortal. Si eso ocurre, no habrá Dios que remonte. "Que sepa que quieres algo más". Ah, muy bueno esto. "Los hombres no entendemos el lenguaje no verbal y todo lo que son pistas evidentes para vosotras pasan desapercibidas ante nos". Qué difícil, coño. Así no hay quien ligue. En medio del debate, alguien (una de las chicas) insistió. "Sobre todo, nunca cambies tus planes para hacer algo con él. Ten presente tus prioridades". Avanzando un poco más en la conversación, pregunté en voz alta cómo se había producido el enganche en los casos presentes y cada uno ofreció su versión. No había nada en común. Cada uno cuenta la película según le fue a él y, si hubo éxito, se deduce que es el método o la vía adecuada. Uno se hizo el interesante, la otra se dejó llevar, el de más allá atacó a la yugular y la que faltaba solo sabe que se encontró una lengua dentro de su boca un buen día. La conclusión y moraleja de mi encuesta está clara. Los sentimientos y las relaciones no se pueden planear. O salen o no salen. O salta la chispa o se apaga. Da igual el empeño que uno ponga porque cada persona es un universo a parte y si alguien simplemente no ve tus señales y acaba liándose con otra es porque solo vio lo que quiso ver y porque, básicamente, no es pa ti. Por eso he decidido que no voy a hacer ni esto ni lo otro sino todo lo contrario. Total, si la cosa no depende de mí, para qué andarse con tanto miramiento. Anda, anda.

Saturday, June 24, 2006

Las cucarachas y el amor

Abrir los ojos a la mañana y encontrarse con una cucaracha americana (rubia), gigante y voladora pisoteando por entre las cuatro paredes que conforman tu hogar es una de las visiones más espeluznantes que se me ocurren. Miles de películas de terror deben haberse ambientado en esa imagen y si no, es que los directores de cine no saben lo que realmente da miedo a los seres humanos. Lo sé porque lo tengo muy reciente. Me pasó justo ayer. Dormía plácidamente en mi cama. A eso de las siete de la mañana, abrí los ojos y me di de bruces con el animal. Ese horrible bicho campaba a sus anchas por mi apartamento. Cuando una vive sola, la experiencia terrorífica es aún más macabra y si te pilla con la regla y con las hormonas revueltas, la cosa se vuelve indescriptible. Chillar no es suficiente entonces. Es como que no sabes muy bien qué hacer para desahogarte. Antes que el bote de Cucal, cogí el teléfono y llamé a mi madre. Una madre es muy socorrida en estas circunstancias. Ellas siempre saben lo que hacer. Muy valiente, desde el otro lado del cable, no hacía más que repetir que la matara sin más. No era consciente del temblor de piernas que se cernía sobre mí. Entre gritos histéricos, conseguí mi objetivo aunque casi me asfixio en el intento. Se me ponen los vellos de punta solo de imaginar que ese animal infesto pusiera sus patas sobre mi piel. Agggg. No puedo, no puedo. En mi opinión, el miedo que despiertan las cucarachas solo es comparable al que provoca el amor entre las almas sensibles, las mismas que se dejan atemorizar por ese tipo de insectos, o sea, todas. El mismo sudor frío, el mismo no saber qué hacer, la misma cara de idiota, las mismas ganas de que acabe el sufrimiento, la misma desesperación y el mismo horror a cada intento fallido de que pase lo que tú quieres sin éxito (unas veces, que se muera y otras…). Lo malo es que las cucarachas, como decía el anuncio, nacen, crecen, se reproducen y con un spray se mueren. Lo otro no. Hay que aguantarse o esperar a que el bicho se muera solo. No basta con pisarlo con una zapatilla. Qué coraje, no?

Saturday, June 10, 2006

Con mis manitas













Los pies










Dicen que la cara es el reflejo del alma, pero yo me pregunto si el alma no estará más en los pies que en el rostro. Son ellos los que soportan el peso del cuerpo, los que reflejan la edad, la buena o la mala vida de unos y otros, la raza, el color y hasta la clase social. Las pitonisas siempre leen las líneas de la mano y se olvidan de las líneas de los pies que, para mí, siempre contuvieron más información. No sé, igual me equivoco, pero el mundo de los pies, en cualquier caso, me parece interesante aunque no me dedique a chuparlos como la protagonista de La teta y la luna. Me conformo con fotografiarlos, por si acaso algún día acabo interpretando las marcas de cada cual.