
El otro día discutí con mi pareja sobre la lotería. Uy, eso de "mi pareja" me ha sonado tan frío, pero es que el español es cojo en vocabulario sentimental. De los novios, ese estado en que dos que se quieren (tocar, jeje) se ven por las noches para tomar una copa o ir al cine, pasa al amante o al marido, sin escalones, a excepción de ese horrible palabro que vale para todo lo que se cuenta en pares: pareja. Si no hay firma de por medio, dos que viven juntos ¿qué son, amantes Por ejemplo: El otro día discutí con mi amante de la lotería. Me juego la cabeza a que han visualizado --no mientan-- dos cuerpos desnudos sobre sábanas de raso que se citan fortuitamente para mantener relaciones exentas de todo romanticismo. Nada que ver con la realidad. Por otro lado, al casarse, los novios pasan a ser esposos, o marido y mujer. Esa es otra. ¿Por qué yo me llevo un marido o un esposo, que suena a yugo, y ellos a una mujer Si me casara, ¡querría a mi hombre! En fin, que las parejas de ilegales, quizás la mayoría, carecemos de un nombre social que defina nuestra situación y eso resulta, además de discriminatorio, frustrante. Siempre me lío. Yo hablaba de la lotería, ¿no Pues eso, que a cuenta de imaginar, mi amante y yo, que somos una pareja, discutimos sobre la posibilidad de que nos tocara la lotería. Él se conforma con 100 millones, yo con 40 (no es que yo sea más generosa, es que tengo mentalidad de pobre). Después de horas de conversación sobre las ventajas e inconvenientes de ser millonarios y sobre lo que haríamos si nos cayeran miles de euros del cielo, llegamos a la conclusión de que discutir por el dinero de la lotería antes de que te toque es perder el tiempo. Total, le va a caer a los otros, y ellos, como en la peli de Amenábar, siempre acaban volviéndose invisibles.

