Friday, January 26, 2007

No me entero

Desde que no tengo mando a distancia en la tele del dormitorio (es algo temporal, solo hace falta que le cambie las pilas) vivo condenada a ver anuncios de televisión. Digo bien, los veo, porque no siempre los entiendo. Y mira que me esfuerzo por averiguar qué es lo que me están queriendo decir con esa especie de cortometrajes condensados llenos de símbolos indescifrables. La cuestión es que nada es lo que parece. Si en la pantalla se ve una niña comiendo un yogur y hablando con un chimpancé sobre el tiempo que hace, lo más probable es que se esté anunciando una marca de zapatillas de paño y si de un bosque plagado de setas surge una manada de zorros que se detienen a olfatear una flor, en contra de lo que pudiera dictar el sentido común, es decir, se está publicitando un desodorante, lo cierto es que después de quinientas visualizaciones descubres que el anuncio es de una ranchera que se ve al fondo y casi de pasada. Es muy fuerte. Da la sensación de que los pensadores de la publicidad se afanan en que tú no sepas lo que te quieren vender. En eso, las marcas de deportivas y las de coches se llevan la palma. Mira que dan vueltas a la marrana para decir que sus zapatillas son las más fuertes o sus vehículos los más rápidos. Impresionante. Por si fuera poco aprender a descodificar el arte contemporáneo que se ve en los museos, ahora van los creativos de publicidad y se dedican a complicarnos la vida con mensajes subliminales. Con lo fácil que es recurrir a la técnica del Supersol o el Lidl, que para decir que venden tomates, se limitan a decir que venden tomates. Lógico. Para dos minutos que sale la marca en televisión, no van ellos a andar desperdiciando el tiempo. Eso sí que es tener visión comercial. A ver si aprenden las grandes firmas.

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