¿De dónde vienen los piojos? Nadie lo sabe. Por lo visto, no viven ni en los animales ni en las plantas ni en ninguna otra parte, su único habitat posible es la cabeza humana y sus víctimas favoritas los niños. Es curioso porque sólo se pueden contagiar de cabeza a cabeza y no están relacionados, en contra de lo que mucha gente cree, con la higiene. Esto me llama mucho la atención porque recuerdo que, de pequeña, cuando alguien tenía piojos era como que se destacaba por guarro cuando en realidad no tiene nada que ver, porque lavarse más a menudo no supone ninguna garantía contra la invasión del piojo.
Los parásitos que sí están relacionados con la higiene son los que acampan, no en las cabezas, sino en los genitales, las ladillas vamos, pero esos insectitos son menos visibles y no se distinguen tan fácilmente como las molestas y casi brillantes liendres que casi todos hemos visto de pequeños anidar en nuestro cuero cabelludo. Estamos ahora en plena campaña navideña piojera. Los piojos, habiten donde habiten, sólo se ven durante la época escolar porque es ahí donde encuentran terreno abonado para desarrollarse. Miles de cabezas infantiles pegándose las unas a las otras entre juegos de recreo. Es sintomático que de mayores los piojos ya no nos quieran. Ellos saben a quién chuparles la sangre y las cabezas de los adultos deben estar vacías de fantasías y de la imaginación que nutre a los pequeños y también a sus piojos. Esos bichitos misteriosos saben lo que hacen. Dicen que la explicación es que de mayores ya no nos acercamos tanto los unos a los otros y que al evitarse el contacto humano, se acaba el peligro de contagio. Tremenda decepción. Daría lo que fuera por tener piojos ahora mismo, con 31 años, porque eso significaría que aún hay una parte de mí que sigue siendo niña y que los piojos no me odian del todo. Pero sobre todo, significaría que tengo un contacto humano, quiero decir, con humanos, fuera de lo normal y eso, en principio, no me parece ninguna mala idea.
No sé qué tiene este tema de los piojos que cuando empiezas a pensarlo o a hablarlo, te pica todo. ¿No les pasa? ¿Acaso no se están arrascando ya? Es como la melodía odiosa que se te pega cuando alguien la canta en el autobús, que te la quieres quitar de la cabeza y no puedes... En fin, voy a revolcarme un poco por ahí a ver si pillo algún piojo. Buenas tardes.


