Saturday, November 26, 2005

De mayor, quiero tener piojos

¿De dónde vienen los piojos? Nadie lo sabe. Por lo visto, no viven ni en los animales ni en las plantas ni en ninguna otra parte, su único habitat posible es la cabeza humana y sus víctimas favoritas los niños. Es curioso porque sólo se pueden contagiar de cabeza a cabeza y no están relacionados, en contra de lo que mucha gente cree, con la higiene. Esto me llama mucho la atención porque recuerdo que, de pequeña, cuando alguien tenía piojos era como que se destacaba por guarro cuando en realidad no tiene nada que ver, porque lavarse más a menudo no supone ninguna garantía contra la invasión del piojo.
Los parásitos que sí están relacionados con la higiene son los que acampan, no en las cabezas, sino en los genitales, las ladillas vamos, pero esos insectitos son menos visibles y no se distinguen tan fácilmente como las molestas y casi brillantes liendres que casi todos hemos visto de pequeños anidar en nuestro cuero cabelludo. Estamos ahora en plena campaña navideña piojera. Los piojos, habiten donde habiten, sólo se ven durante la época escolar porque es ahí donde encuentran terreno abonado para desarrollarse. Miles de cabezas infantiles pegándose las unas a las otras entre juegos de recreo. Es sintomático que de mayores los piojos ya no nos quieran. Ellos saben a quién chuparles la sangre y las cabezas de los adultos deben estar vacías de fantasías y de la imaginación que nutre a los pequeños y también a sus piojos. Esos bichitos misteriosos saben lo que hacen. Dicen que la explicación es que de mayores ya no nos acercamos tanto los unos a los otros y que al evitarse el contacto humano, se acaba el peligro de contagio. Tremenda decepción. Daría lo que fuera por tener piojos ahora mismo, con 31 años, porque eso significaría que aún hay una parte de mí que sigue siendo niña y que los piojos no me odian del todo. Pero sobre todo, significaría que tengo un contacto humano, quiero decir, con humanos, fuera de lo normal y eso, en principio, no me parece ninguna mala idea.
No sé qué tiene este tema de los piojos que cuando empiezas a pensarlo o a hablarlo, te pica todo. ¿No les pasa? ¿Acaso no se están arrascando ya? Es como la melodía odiosa que se te pega cuando alguien la canta en el autobús, que te la quieres quitar de la cabeza y no puedes... En fin, voy a revolcarme un poco por ahí a ver si pillo algún piojo. Buenas tardes.

Friday, November 18, 2005

Hombre rico, hombre pobre

Odio a la gente llorona, no a la gente que cuando tiene motivos derrama lágrimas, sino a los que lloran en seco constantemente, esa gente que se cree víctima del mundo, de la sociedad, de la vida. Oooh, todo es tan duro. Me revienta esa gente. En mi trabajo hay más de una persona que cumple con este perfil y no sé cómo me contengo para no sacar el látigo y hacer que espabilen. Tampoco es que tenga derecho a cambiar cómo son, pero como este diario es mío, diré que me sacan de quicio todos los lacrimógenos que me rodean a diario. Es desesperante ver esas caras de asco y esa forma sorda de refunfuñar por lo bajuni de lo mal que les tratan los compañeros o entes abstractos sin nombre y apellido a los que dirigen su gesto retorcido y mala follá. Por lo menos, si tuvieran valor para nombrar el origen de sus desdichas, merecerían mi respeto. Esta actitud se puede encontrar tanto en hombres como en mujeres aunque en este caso he de reconocer que hay más mujeres que la utilizan porque parece que ir de débil o de tacita de cristal viste, como que da femenidad frente al lloriqueo masculino que siempre roza la sensiblería. Lo peor es que la mayoría de la gente que llora sin lágrimas lo hace únicamente para llamar la atención entre los que le rodean. Si estuvieran solos en una isla desierta, probablemente, sonreirían felices y contentos porque no tendrían a nadie a quien dar la brasa con lo desgraciados que son. Yo me solidarizo con los llorones que tienen motivos para llorar. Hay algun@s a los que, realmente, la vida los trata a patadas y esa gente, si es capaz de soportar los duros golpes que reciben tan sólo compartiendo sus malos ratos a base de lagrimeo esporádico, no me importa, tienen mi hombro para eso porque verdaderamente tienen razones para sentirse como mojones humanos aunque no lo sean. Los verdaderamente insoportables, a mi modo de ver, son aquéllos que creen que el mundo se hunde cuando se les rompe una uña, no les entra una foto, se les mancha el pantalón de café o alguien les grita capullos sin venir a cuento. Se creen con el derecho de resoplar a viva voz por semejantes tonterías cuando hay gente por ahí perdida en el mundo que está muriéndose de hambre, cagando y limpiándose el culo con cartones de la calle o viviendo entre ratas. Tanta tontería me da náuseas y no porque a mí a veces no se me escape también sino porque es el vicio generalizado de este mundo de ricos mediocres que hemos creado que ni siquiera sabemos disfrutar lo que tenemos y sonreír a la vida por la suerte que tuvimos cuando nos parió nuestra madre y no otra. Debe ser puro complejo de culpa porque sabemos que vivimos tan bien a costa de que otros vivan entre basuras. Pero si no vamos a ser capaces de donar todo lo que tenemos a la Beneficencia y pasar de lo material, por lo menos, coño, no nos amarguemos los unos a los otros, que la vida son dos días y pronto la vamos a palmar.

Thursday, November 17, 2005

De la cabeza a los dientes

Hoy es el cuarto día consecutivo de jaqueca de esta semana y, por fin, encuentro un respiro. No sé si se debe al chute de Spidifen que me he tomado o al hecho mismo de que ya la cosa no podía durar más sin que mi cabeza acabara estallando. He estado al borde mismo de la locura porque las noches con jaqueca son horribles. Es como si te estuvieran comiendo los sesos con cucharilla de café y tú mientras tanto estuvieras ahí, en posición horizontal, haciendo como que no pasa nada cuando lo que te pide el cuerpo es pegarte cabezazos con la pared. Afortunadamente, y no quiero cantar victoria, el dolor se ha ido y nadie sabe cómo ha sido. Cuando todavía me estaba quejando de mi dolencia, he hablado casualmente con otra amiga mía a la que acababan de colocarle un segundo aparato en los dientes. Tenía uno bastante incómodo ya y en la fecha prometida de que éste desparecería, no sólo no se ha ido sino que le han puesto un artilugio mecánico extra entre los dientes. Y todo porque tiene problemas de mordida, la chiquilla. Ahora anda preocupada por su novio, porque entre aparato y aparato se va a llevar dos años sin poder compartir algunos de esos placeres de la carne para los que la boca está indicada por receta médica. En fin, que hablando de lo suyo y de lo mío, me ha dicho que ella también tenía migraña antes y que los dolores se le fueron justo cuando le pusieron el aparato éste en los dientes porque el problema era justamente que su mandíbula estaba tan desencajada que acababa explotando por ahí. Qué misterios los del cuerpo humano. Yo, después de eso, me he quedado parada y he pensado que igual lo mío no era tan grave. Mi neurólogo dice que mis dolores son benignos y mi mandíbula encaja perfectamente. Al rato de hablar con ella, se me han quitado los dolores. Hay que ver que no hay nada como mirar el que se come las cáscaras de tus altramuces para que tus salaíllos sepan más ricos. Pues sí, ésta es mi moraleja de hoy. Come todo lo que puedas, mientras puedas, que cuando menos te lo esperes, te colocan un aparato en los dientes. Y se jode la marrana.

Saturday, November 12, 2005

A tomar por culo

Estoy un poco rara hoy. Creo que el tiempo me afecta más de lo que pensaba y hoy, como está la cosa revuelta, que parece que llega una borrasca o no, que hay nubes pero no llueve, viento, y tal y tal, así ando. Bueno, la verdad es que llevo al menos tres días con una mala lecheeeee.... con una violencia contenida.... con unas ganas de coger a alguien y pegarle una tunda palos....
Bueno, esto es una forma de hablar. A diferencia de otras personas, mi capacidad para repartir candela está muy poco desarrollada. Cuando era pequeña, en el cole, yo era muy grandota, pero siempre me llevaba las tortas de las típicas enanas malajes que abundan en todo colegio de monjas que se precie y que se gastan una mala hostia... En fin, que siempre fui de instinto violento contenido, aunque de palabra hiriente. Mi manera de canalizar toda esa violencia que a veces, sin venir a cuento, me atrapa, es soltar barbaridades por la boca. Es un ejercicio que practico a diario, pero cuando estoy de mala hostia, verbalizo cada monstruosidad que a veces me doy miedo. Mira que si un día me da por traducir toda mi agresividad bocal en forma de guantazos.
Para mí que más que llover mañana, se acerca un tsunami o un huracán, por el elevado tono de mal carácter que hoy me embarga. Vamos, que si en vez de mi mal humor, midiera la meteorología por el dolor de los juanetes, como mi tía Maricarmen, tendría los pies del tamaño de un centollo.
Me sorprende que no esté con la regla porque tengo esa típica sensación en la que lo bueno y lo malo suenan mucho más bueno y más malo de lo normal. Ese estado de ánimo en que alguien te dice. Hola qué tal? Y tú respondes. ¿Qué tal, qué tal? ¿Y tú para qué coño te metes en mi vida, hijo de puta? No sé si me explico. Pues así estoy hoy. Creo que la culpa es del Teletipo de los cojones, que me está asfixiando. Pero bueno, hay que relativizar. Mañana descanso, así que mañana me dedicaré a relativizar. Hoy por lo pronto, me cago en la madre que parió a Paneque, me cago en los muertos de la tía Frasca y me cago en todo, ¡cipote! Qué me gusta la palabra cipote. Creo que es el taco que más mala leche puede expulsar de tu cuerpo. Ojalá pudiera gritar ahora mismo aquí, a pulmón partío ¡cipoteeee! ¡cojoneeeeeeeeeeeessss! ¡a tomar por culo tooosssss, cabrones de mieeeeeeeeerdaaaaaaaaaaa! Bueno, lo dejo, que me embalo. Karma, karma es lo que a mí me hace falta, mucho karma. Lo mejor será que me vaya a los baños califales, a ver si el agua me inspira un poquito de buena onda.

Thursday, November 10, 2005

Calvas

Hace días que le llevo dando vueltas a este tema y no encuentro respuesta. ¿Por qué sólo los hombres se quedan calvos? ¿Por qué las mujeres no perdemos el pelo al hacernos mayores? Hablaba el otro día con una amiga, intentando averiguar el motivo genético, la explicación racional para que las mujeres, que somos las que sometemos nuestras cabelleras a mayor suplicio con permanentes, tintes y cosas varias, tengamos el privilegio casi asegurado de llegar a la vejez con una melena nutrida mientras la mayoría de los hombres ven peligrar, pelo a pelo, la densidad de su cuero cabelludo. Mi amiga me dijo que la cosa se debía a un tema hormonal. Eso, a nivel puramente fisiológico, podría ser y de hecho, creo que es la explicación. Pero ¿qué motivo argumental está detrás de este hecho? ¿Por qué los hombres calvos suelen tener más pelo en el resto del cuerpo que otros? No creo que la explicación sea la que dice el saber popular de que si piensas mucho se te cae el pelo, porque conozco yo a cada calvo... cuyas ideas brillan por su ausencia. Tampoco se explica biológicamente como una evolución lógica de los humanos, que perdemos el pelo porque ya no nos hace falta para abrigarnos ya que entonces se perdería en el cuerpo y no en la cabeza. Y otro tema, ¿por qué el pelo se pone blanco? Quiero decir, ¿por qué a una gente le sale canas y a otra gente no? Me explico. Que se te caiga el pelo sin ton ni son no tiene lógica ninguna, pero que se te ponga blanco podría ser una consecuencia inevitable derivada del envejecimiento de las células del cuero cabelludo. Pero hay gente con 20 años y el pelo blanco y otra parte de la población que muestra sus primeros pelos blancos a muy avanzada edad. ¿Qué explicación puede tener esto? Canas y calvicie son temas que, no sé, me quitan el sueño por las noches. Bueno, me lo quitan cuando no tengo porque cuando tengo sueño, caigo como un tronco sin remedio. Por cierto, este otro tema también me intriga. ¿Por qué hay gente con insomnio y gente que duerme o que dormimos como un lirón? .
Otra cosa que hablé el otro día con un colega del trabajo y que también resulta muy misterioso es el hecho de que los hombres tengan mamas, tetillas. ¿Alguna vez los hombres las usaron para amamantar a alguien? Si no los hombres, ¿los monos macho quizás?. Y si no es así, ¿por qué conservan esos pezoncillos en sus cuerpos? ¿Es posible que no los usaran nunca, pero estén ahí en previsión de que alguna vez sean hermafroditas? Porque lo cierto es que todo lo que tenemos en nuestros cuerpos suele tener una función o acaba atrofiándose a través de las generaciones. Qué cosas. La vida y el cuerpo humano está lleno de misterios. Y una última pregunta antes de irme. ¿Ha visto alguien alguna vez un torero con gafas o bigote? ¿Alguien puede contestar a esta pregunta? En fin, ya volveré mañana a hacer nuevas disquisiciones. Ahora me tengo que ir, me estoy cagando. Debe ser del esfuerzo de tanto pensar. Je, je.

Friday, November 04, 2005

Orgullosa


Estoy un poco preocupada. Resulta que la prioridad prioritaria de mi vida es la familia seguida directamente por mi orgullo. En cuarto lugar ¡en cuarto! queda el amor, después de mi carrera y sólo antes que el dinero. Estaremos todos de acuerdo en que tengo un problema serio. Bueno, sé esto de mis prioridades porque acabo de hacer el test de Buda que me ha mandado una amiga por email y he puesto en segundo lugar el tigre en una lista de cinco animales. El primero fue el caballo, menos mal. Y después puse a la vaca, la oveja y el cerdo. Yo creo que el que montó el test hizo trampa. ¿Quién se iba a imaginar que la oveja sería el amor? No pega. Para mí que lo hizo algún resentido para hacer que la gente se sienta mal. Todo el mundo al que le he hecho el test ha dicho lo primero de todo el caballo o el tigre, excepto uno que tiene vocación de cabrero. En este caso, yo creo que no cuenta porque su amor no está enfocado a las personas sino en concreto al género animal bovino.
Desde hace una hora, ando dándole vueltas al temita. Mira que si soy una orgullosa y por eso no me quiere nadie. Es que... vaya tela con los test que te mandan las amigas. Si hay alguna que me esté leyendo, que tome nota y no me envíe cosas así para que yo no me coma la cabeza de esta forma. Me consuelo porque no he puesto al cerdo primero y, en consecuencia, no soy una materialista de mierda. Aunque más materialista que orgullosa sí que soy, pero claro, ¿quién va a poner al cerdo el primero de todos?
Luego hay otra pregunta sobre definiciones de animales y en esa me ha salido que el mar, que es lo que yo espero de mi vida, es para mí la paz. Ahora resulta que soy una tía orgullosa, pero pacifista. Y el amor, que se define a partir de la palabra café, yo lo interpreto como una reunión. Menos mal que no puse cigarrito, que es lo que me vino a la cabeza lo primero o si no, sería una orgullosa pacifista y guarrilla. Lo único que acerté de pleno fue la rata, que representa a mis enemigos, y que yo definí como asco porque los pocos enemigos que tengo lo único que me provocan es asco.
Luego también tenía que decir una palabra para perro y puse amigo. De aquí resultó que ésa es mi personalidad. Y digo yo, ¿esto cómo se interpreta? Qué pasa que soy una amiga superguay o que necesito amigos más que otra cosa o que yo soy mi mejor amiga. Es que, claro, con una palabra no hay quién se entere.
Lo que más me sorprendió fue el gato. Yo le coloqué la palabra arisco y resultó que el gato equivale a la personalidad de la pareja que yo busco. ¿Arisco? ¿Arisco? ¿Arisco? Esto qué significa, por Dios, que estoy buscando a un sieso? No hay derecho.
Los tests son una mierda y quien los hace más. Por favor, que nadie me mande más test de personalidad, que me agobio. Gracias. Firmado: La orgullosa.

Tuesday, November 01, 2005

Buenos días, Marga



Me acabo de enterar de que tengo una fan. Juro y perjuro que no está comprada. Dice ser mi fan y yo no he tenido nada que ver, se le ha ocurrido a ella solita, para que vean que la gente se engancha a cualquier cosa, por absurda que pueda parecer. Yo también soy fan de ella, de mi Marguita, la loca de las peinetas que en silencio entra en mi página web y ahora, por primera vez, me ha dejado un mensaje. Qué ilusión. Yo que pensaba que escribía para mí misma y que todas mis palabras se ahogaban en el anonimato más absoluto.
Pero yo a Marga me da que la conozco. Si no me equivoco, Marga es es... es... mi amiga Marga, la recién casada que recién ha llegado de su segunda luna de miel, de Argentina, con su marido, el Nasho, ése que tan mal me caía antes y tan bien me cae ahora. Y es que el Nachete ha resultado ser un pedazo de pan y no un mendrugo como yo pensé al principio. Sí, lo reconozco, tengo muchos prejuicios y me encanta poner etiquetas antes de conocer a la gente. Sobre todo, etiquetas malas. Me gusta crearme enemigos ficticios y mis verdaderas amigas lo saben, saben que soy inofensiva pero tengo esa mala uva al principio. Yo con la gente nueva soy como el vino, o me convierto en Rioja del gueno gueno o me agrio y me hago vinagre. Necesito tomarme mi tiempo para que lo bueno que hay dentro de mí salga por sí solo. Luego soy bastante entrañable, cuando se me conoce, a pesar del pronto bruto que a veces se me escapa. ¿Verdad Marga?
Marga me entiende porque ella es tauro, como yo, y sabe que mi cabezonería es más grande que yo misma. A veces, cuando me equivoco, me da vergüenza reconocerlo y refunfuño mucho, pero si la cosa me importa de veras, siempre me puede mi Pepito grillo particular y rectifico. Eso me pasó con el esposo de Marga, don Ignacio.
Es más, ahora ya no puedo pensar en mi amiga Marga sin pensar a la vez en el Nachete al lado. Es como si tuvieran adhesivos colocados y vinieran de golpe uno con el otro cuando tiro de ellos en mi memoria. Qué cosa tan curiosa. Quién le iba a decir a Marga hace unos años, cuando las dos nos lamentábamos a dúo de lo idiotas que son los tíos y lo mal que nos lo hacen pasar, de lo tontos que son y lo poco que se merecen que suframos tanto por ellos, que acabaría tan felizmente casada con todo un señor dentista con el que siempre anda mostrando sus dientes (quiero decir sonriendo, para los torpes que no entiendan las metáforas) y por el que se le cae la babilla.
Ojalá pudiera decir lo mismo de todas mis amigas. Ojalá todas fueran tan felices como la florecilla de Marga. Y ojalá acabemos todas teniendo la misma suerte que mi amiga Margarita. Yo no pierdo la esperanza. Si la Leti está con el príncipe y mi Marga con un dentista, seguro que debe quedar un modelo de pasarela o un marajá árabe para mí. Tampoco pido tanto, un cuerpo serrano que me quite el sentío y un corazón como un camión. Pero a lo que iba. Buenos días Marga y gracias por venir a verme. Un día de éstos, voy a tener que hablar un poco de ti...

Un eufemismo para cada ocasión


Me di cuenta cuando un gamberro empujó a una chica en el metro de Madrid y tuvieron que amputarle una pierna. La joven pasó a ser calificada por los medios "discapacitada" del tirón en lugar de obtener el tradicinal título de coja. Los eufemismos en este país están a la orden del día, son como una especie de plaga que lo impregna todo de mala manera y a mí me dan un poquito de corage, sí señor. Yo es que soy así de rara.
Sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate, maquilla ya tu realidad...
Hace tiempo que en España no existen ciegos porque ahora los que no ven son invidentes, no hay cojos, paralíticos o mancos sino discapacitados, ni bizcos o tuertos sino deficientes visuales. Ahora los enanos son bajitos, los viejos son la tercera edad y los feos gente poco agraciada. Los defectos tradicionales han dejado de existir gracias al maravilloso mundo del camuflaje verbal a gran escala y algunos ingenuos deben andar por ahí pensando que a fuerza de no nombrarlos han desparecido eso, los cojos, los mancos y los ciegos.
Lo impresionante del tema es que, mientras en los medios de comunicación, todo el mundo se afana en inventar términos a cuál más complejo o surrealista para denominar realidades que no cambian por tener un nombre distinto (un muerto en una guerra siempre será un muerto aunque la prensa lo llame caído en misión patriótica o pálido objetivo de una mina antipersona), nadie se preocupa de borrar las verdaderas palabras malsonantes que no son las que nombran realidades sino las que las interpretan.
A la par que han desaparecido los cojos, se han multiplicado los gilipollas, las putas, los cabrones, los maricones y los coños, cipotes o cojones que acampan a su antojo en nuestros oídos sin grandes sonrojos. Digamos que nos hemos acostumbrado a lo que en mi tiempo eran "palabrotas" de ésas que te costaban una señora "hostia" (permítanme la licencia literaria) con nada más surrurarla. Recuerdo yo que cuando quería llamar a mi hermana algo más fuerte que tonta (imbécil, no vayan a pensar), me acercaba mucho a su oreja para que nadie oyera lo que iba a decir y soltaba mi insulto prohibido como quien lanza una bomba. Luego tu hermana se chivaba a tu madre de lo que habías dicho y aquello solía acabar como el rosario de la Aurora. ¡Qué tiempos, se te ponía la cara o el culo más rojo que un plato de salmorejo! Sólo de pensarlo, me entran unas ganas locas de crear una liga reivindicativa en pro del cachete justificado: por pura nostalgia más que nada. Y por hastío de ver cómo sufren ahora esos padres hijos de la democracia, tan condescendientes, que viven con la dictadura y el chantaje emocional de sus propios hijos, a los que sólo les falta nacer con una mini Constitución infantil de sus derechos bajo el brazo. Pero sin obligaciones, que eso no mola, tío.
Ahora nadie se escandaliza al ver a los grandes hermanos de turno o los locutores de la realidad más rosada, por no hablar de políticos de alta alcurnia, insultar a bocajarro o soltar el taco de rigor delante de una cámara y hasta con micrófono en mano (todavía resuena en mi memoria el ¡Andrea, coño, cómete el pollo! de Belén Esteban o el ¡Manda huevos! de Federico Trillo). Es como que hace gracia incluso, como que la gente es más mona o entrañable cuanto peor hable. Pero ¡eso sí! que a nadie se le ocurra decir que ha visto a un cojo, por muy pata chula que ande o tuerto, aunque le falte un ojo. Preferimos el insulto a la verdad. No se puede ser más patético. Yo lo siento por los niños, que a fuerza de ver la hipocresía general, acabarán creyendo que puta es un nombre de pila, capullo un color de piel y un ataúd una cama muy dura donde uno se echa a dormir la siesta más grande de su vida. Angelitos. Con lo monos que son de pequeños.