Friday, November 18, 2005

Hombre rico, hombre pobre

Odio a la gente llorona, no a la gente que cuando tiene motivos derrama lágrimas, sino a los que lloran en seco constantemente, esa gente que se cree víctima del mundo, de la sociedad, de la vida. Oooh, todo es tan duro. Me revienta esa gente. En mi trabajo hay más de una persona que cumple con este perfil y no sé cómo me contengo para no sacar el látigo y hacer que espabilen. Tampoco es que tenga derecho a cambiar cómo son, pero como este diario es mío, diré que me sacan de quicio todos los lacrimógenos que me rodean a diario. Es desesperante ver esas caras de asco y esa forma sorda de refunfuñar por lo bajuni de lo mal que les tratan los compañeros o entes abstractos sin nombre y apellido a los que dirigen su gesto retorcido y mala follá. Por lo menos, si tuvieran valor para nombrar el origen de sus desdichas, merecerían mi respeto. Esta actitud se puede encontrar tanto en hombres como en mujeres aunque en este caso he de reconocer que hay más mujeres que la utilizan porque parece que ir de débil o de tacita de cristal viste, como que da femenidad frente al lloriqueo masculino que siempre roza la sensiblería. Lo peor es que la mayoría de la gente que llora sin lágrimas lo hace únicamente para llamar la atención entre los que le rodean. Si estuvieran solos en una isla desierta, probablemente, sonreirían felices y contentos porque no tendrían a nadie a quien dar la brasa con lo desgraciados que son. Yo me solidarizo con los llorones que tienen motivos para llorar. Hay algun@s a los que, realmente, la vida los trata a patadas y esa gente, si es capaz de soportar los duros golpes que reciben tan sólo compartiendo sus malos ratos a base de lagrimeo esporádico, no me importa, tienen mi hombro para eso porque verdaderamente tienen razones para sentirse como mojones humanos aunque no lo sean. Los verdaderamente insoportables, a mi modo de ver, son aquéllos que creen que el mundo se hunde cuando se les rompe una uña, no les entra una foto, se les mancha el pantalón de café o alguien les grita capullos sin venir a cuento. Se creen con el derecho de resoplar a viva voz por semejantes tonterías cuando hay gente por ahí perdida en el mundo que está muriéndose de hambre, cagando y limpiándose el culo con cartones de la calle o viviendo entre ratas. Tanta tontería me da náuseas y no porque a mí a veces no se me escape también sino porque es el vicio generalizado de este mundo de ricos mediocres que hemos creado que ni siquiera sabemos disfrutar lo que tenemos y sonreír a la vida por la suerte que tuvimos cuando nos parió nuestra madre y no otra. Debe ser puro complejo de culpa porque sabemos que vivimos tan bien a costa de que otros vivan entre basuras. Pero si no vamos a ser capaces de donar todo lo que tenemos a la Beneficencia y pasar de lo material, por lo menos, coño, no nos amarguemos los unos a los otros, que la vida son dos días y pronto la vamos a palmar.

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