Buceando por los recovecos de las noticias de agencia, me he dado de bruces con un encuesta que me ha dejado de piedra marmórea, transtornada. Resulta que la mitad de las mujeres británicas dice que es adicta a la limpieza y, ¡atention, please! , para el 25% de las consultadas, la actividad, que consideran una mental therapy (terapia mental) es más placentera que el sexo. Excuse me? (¿me lo repita?). A saber cómo usarán la escoba y el recogedor. Me abstengo de hacer ningún chiste con la palabra polvo porque sería demasiado fácil y, la verdad, no me motiva. Para más Inri , dice el sondeo que 6 de cada 10 mujeres con hijos están convencidas de que, si su casa está sucia, los "visitantes" (¿quiénes, los marcianos?) pensarían que son malas madres. Horror! (¡horror!). Lo que más me inquieta es que las casas inglesas (cualquiera que haya estado en una lo sabe) no son exactamente las más relucientes de Europa (o eso, o es que la moqueta es menos agradecida que el suelo de plaqueta del área mediterránea), con lo cual no quiero ni imaginar los resultados de una encuesta similar realizada entre las españolas, donde toda una generación de madres ha inculcado, sobre todo a sus hijas, el amor por un invento patrio como la fregona. En cualquier caso, aquí somos más presumidas. Mientras las inglesas dedican 2 horas y 23 minutos diarios a limpiar, o eso dicen las 2.000 señoras consultadas, su aseo personal lo solucionan en 52. Que digo yo que deben tener casas muy grandes, porque con un piso de 30--60 metros no hay lugar para tanta hora de plumero. Sin embargo, la gran pregunta es por qué el objeto de la encuesta no fueron los hombres. Con lo avanzados que son en el Reino Unido, ¿no se han enterado que ellos también tienen dos manitas?
Tuesday, April 25, 2006
Monday, April 24, 2006
Friday, April 21, 2006
Que me salgo

Estoy que me salgo. Por fin es viernes noche y mañana me voy a Graná a hacer el ganso un rato, por desconectar que es lo bueno que tienen los días de descanso. Si no se sale del entorno o madriguera, un día de asueto es un día perdido. Además, estoy feliz porque me he comprado un portátil y me encanta un montón esto de llegar a casa y conectarme a internet para soltar por mi lengua viperina (¿es con v o con b esta palabra?) todo lo que me sale de las entrañas. Este ejercicio solitario me deja la mar de a gustito, sí señor. Es como una terapia antiestrés que no había probado hasta ahora. Yo llego del curro, de escribir, y me pongo a escribir más para despotricar sobre lo divino y lo humano y luego me voy a dormir más ancha que pancha. Quien lo entienda que venga y me lo explique. Yo sólo digo que mañana me largo de Córdoba en mi Arturito y ya está. Adiós a las teclas por un par de días. Adiós a la mala leche y adiós a todo lo que no sea risa. Uf, no sé qué me pasa que cada vez tengo más necesidad de reírme, soy adicta, creo, pero es tan guay reírse a carcajadas que no puedo evitar que me guste y ahí ando todo el día, buscando motivo de burla para hacer aquello que propiamente se llama descojonarse. Lo dicho, me despido no sin antes desear: buenas noches y buena suerte. Mus vemo.
Como los mocos

Qué razón tenía mi abuela cuando decía aquello de "los novios son como los mocos, se van unos y vienen otros". Con las novias supongo que pasa igual, pero no rima así que no vale. Lo digo porque de un tiempo a esta parte no dejo de saber de mujeres presuntamente inteligentes, sensibles y libres de complejos que viven atadas a un tío que no sólo no las estimula para que crezcan como personas sino que además las machaca psicológicamente. No hablo del típico caso de mujer maltratada que todos imaginamos sino de señoras hechas y derechas, aún jóvenes para empezar una nueva vida con gente distinta, que entregan sus mejores años a señores que no se las merecen. Lo peor del caso es que, sabiendo como saben que están haciendo el tonto, son incapaces de escuchar aquello que no quieren oír e intentan convencer a todo el mundo de que ésos que todos vemos cuánto las ignoran en el fondo las aman con locura. Quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra, debería haber empezado diciendo. La que más y la que menos ha estado engañada y enamorada, todas hemos hecho el indio y nos hemos dejado convencer de que éramos el centro del mundo a sabiendas de que éramos sólo un grano en el culo de alguien. Pero, ¿adónde quiero ir a parar? Pues al hecho mismo de que estar sola tampoco es tan grave, que vivir al lado de alguien que te quiere es la hostia, pero un horror si quien se acuesta en la otra orilla de la cama sólo se acuerda de ti para dedicarte sus pedos. Lo digo yo que estoy sola y tampoco me muero diariamente del disgusto. Conformarse con lo primero que se te cruza por el camino no es la mejor opción, digo yo, no pasa nada por hacerse de rogar con el destino para que cuando te ofrezca algo sea de buena calidad. Como dice el slogan de la Guiness, lo bueno se hace esperar y mientras tanto, a disfrutar que la vida son dos días. En fin, que no me cuadra porqué el siglo XXI es tan retrógrado para algunas cosas y tan avanzado para otras.
Thursday, April 20, 2006
Ay, quién maneja mi barca
Que a la deriva me lleva, quién... Toy necesitá de playa, creo yo. Llevo sin ver el mar en vivo y en directo desde hace demasiado tiempo y así no se puede vivir. Menos mal que dentro de unos días voy pa Cádiz, tacita de plata. Si Córdoba tuviera playa... en vez de río, por muy lleno de estatuas flotantes que le pongan... otro gallo cantaría.
Ay, quién maneja mi barca, quién... que a la deriva me lleva... No puedo cantar más porque la canción no tenía más letra así que ahí queda eso.
Una casa de locos

Hoy no es mi día. Bueno, digamos que no es mi noche. La cosa empezó bien esta mañana, con mucha euforia y buen humor, pero ha acabado como el rosario de la Aurora. La culpa la tiene la presión y el estrés que es muy malo para el talante. Y si no, que se lo digan a Rajoy que de eso sabe mucho. Me he ido del trabajo como alma que lleva el diablo, refunfuñando como una vaca y haciendo fu como el gato. Normal, el supertacañón de los supertacañones se ha propuesto que acabemos todos en un psiquiátrico y anda aprentando las tuercas a diestro y siniestro, con lo cual la gente está que trina y así no se puede trabajar. Cuando uno tiene la sensación de que nada de lo que hace está bien del todo porque hay un ojo escudriñando cada milímetro para buscarle el defecto te entra la paranoia. Si ya lo decía un sabio. Ojo ladrador, pega ca bocao... Con las ganas que tenía yo de que cambiaran al gran jefe y ahora viene un señor con lupa dispuesto a sacar el látigo. Y el caso es que yo hablo y siento de oídas porque a mí no se dirige para pedir explicaciones de mis actos laborales, atornilla a los que hay por encima y éstos a su vez descargan su nerviosismo con los de más abajo. Y así estamos todos, desquiciados como locos. Tiene guasa la cosa. Nunca llueve a gusto de todos. Siempre hay algo de lo que quejarse. ¿Existirá acaso la felicidad absoluta o, aunque sea temporal, con contrato de unos meses? Qué coraje. A este paso, yo creo que un día me da el volunto, agarro mi mochila y me vuelvo de camarera a Londres. Allí por lo menos cuando se me ahumaba el pescao, decía ahí os quedáis y vuelta a empezar en otro restauran. Lo importante en la vida, lo dicen los expertos en ocio, no es trabajarla sino vivirla así que... Que les den, que nos den y que nos guste. A las buenas noches.
Sunday, April 16, 2006
Semana Santa

Por fin ha resucitado Cristo. Ay, qué ganita tenía ya de que acabara la semana más santa del año. Ésa que obliga a todos a ser buena gente y prodigarse en el arte del comer pipas como los monos y dejarlo todo hecho una mierda, la semana que arranca a los corazones exaltados gritos a partes iguales en las procesiones de cristos y vírgenes y en las de coches atascados que no pueden andar ni patrás ni palante. Tenía ya ganas de poder llegar a mi hogar, en pleno casco histórico sin que las ruedas me chirríen por el contacto de los neumáticos con la cera reseca sobre los adoquines y sin que un millón de chinos y americanos rojos como tomates me miren con mala cara por atravesar con mi coche la calle que bordea a la mezquita, la misma que me lleva a mi casa. Debo ser la única que odia las tradiciones locales tanto como las respeta y también la única que firmaría por una semana de teletrabajo en estas fechas para no tener que salir a la calle. En cualquier caso, la Semana Santa ya no es lo que era. Prueba de ello es que los costaleros ya no gastan alpargatas sino modernas Converse, la gente ya no aguanta de pie a que llegue el paso sino que se sienta en pequeñas sillas plegables y las bandas de música prefieren tocar cuando entran las vírgenes el Soy Cordobés. Lo más triste del caso son los cientos de niños pequeños, devotos por herencia familiar a la tradición semanasantera, que han tomado todo lo malo de sus progenitores en esta pía tarea, y se han olvidado de las buenas costumbres que sustentan la cosa santa. Para los pequeños cofrades, prima hacer la bola de cera lo más gorda posible, aunque para ello tengan que pisotear a nazarenos, penitentes y público en general. Son capaces de recitar de memoria el librito más beato de las librerías pero su memoria es tan fugaz como las vacaciones y al acabar las fiestas ya no saben en qué calle andan. Llevan una mochila al hombro llena de bocadillos con los que aguantar el tirón santero, pero cuando acaban de zamparse el bollo y la coca cola se les olvida ir en busca de la papelera y lo dejan de tapadillo en el primer macetero que encuentran a su paso. La culpa no es de ellos, monstruos de una civilización maleducada, sino de los padres, que enseñan la forma, pero no el fondo de las cosas. En fin, un año más acabó mi cruz. Qué alivio Dios mío.
Subscribe to:
Comments (Atom)












