
Estoy que me salgo. Por fin es viernes noche y mañana me voy a Graná a hacer el ganso un rato, por desconectar que es lo bueno que tienen los días de descanso. Si no se sale del entorno o madriguera, un día de asueto es un día perdido. Además, estoy feliz porque me he comprado un portátil y me encanta un montón esto de llegar a casa y conectarme a internet para soltar por mi lengua viperina (¿es con v o con b esta palabra?) todo lo que me sale de las entrañas. Este ejercicio solitario me deja la mar de a gustito, sí señor. Es como una terapia antiestrés que no había probado hasta ahora. Yo llego del curro, de escribir, y me pongo a escribir más para despotricar sobre lo divino y lo humano y luego me voy a dormir más ancha que pancha. Quien lo entienda que venga y me lo explique. Yo sólo digo que mañana me largo de Córdoba en mi Arturito y ya está. Adiós a las teclas por un par de días. Adiós a la mala leche y adiós a todo lo que no sea risa. Uf, no sé qué me pasa que cada vez tengo más necesidad de reírme, soy adicta, creo, pero es tan guay reírse a carcajadas que no puedo evitar que me guste y ahí ando todo el día, buscando motivo de burla para hacer aquello que propiamente se llama descojonarse. Lo dicho, me despido no sin antes desear: buenas noches y buena suerte. Mus vemo.
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