Sunday, April 08, 2007

Uf, qué hambre

No sé qué me pasa últimamente, pero me aqueja un complejo de hipopótamo del zoo. Tengo tanta hambre que abro la boca a todo lo comestible que se me cruce en el camino. Lo mismo da una gominola que un trozo de zanahoria que un montadito de anchoas con leche condensada. El caso es que en medio de este trance, que me trae por la calle de la amargura cada vez que pienso que el verano está a la vuelta de la esquina, el otro día me dio por irme a comer a un restaurante moderno. No sé si han probado la nueva cocina, pero a mí me entraron ganas de llorar. Para empezar, los platos están presentados de forma tan espectacular que te da pena hincarles el diente. Además, es todo taaaaaan pequeño que se te queda una cara de idiota... ¡Pero si he pedido un cocido, cómo me van a dar tres garbanzos con un trocito de patata y otro de tocino! No es de extrañar que al terminar solo pienses en irte de tapas a otro bar... Y es que el minimalismo imperante en estos restaurantes de última generación, todo sofisticación y elegancia, tiene un defecto muy grande. Se olvidan de que no todo el mundo que va a estos lugares acude para exhibir su último modelito de Zara, conocer a gente chupi, hacer amigos o hablar de trabajo. Hay muchos que van porque quieren comer. Lo peor del caso es que este tipo de cocina está extendiéndose como la pólvora y parece tener la intención firme de acabar con la comida tradicional. No digo yo que tal catástrofe esté a la vuelta de la esquina, pero se avecina, como el cambio climático. Yo estoy por encadenarme a una taberna con un cartel que diga ¡arriba el flamenquín, abajo las bolitas de fua de oca anoréxica! Y es que, encima de que vas a un restaurante, haces como que comes y sales de allí con más hambre de la que traías de casa, te clavan.

Ese olor a incienso

La Semana Santa me pone triste, vamos, aún más triste que la Navidad, que ya es decir. Al menos, en Navidad vienen los Reyes Magos con regalos, si hay suerte nieva, comemos grandes cantidades de turrón y jamón y, si tienes familia o amigos fuera, vienen todos de golpe. En Semana Santa, la cosa es distinta. En el mejor de los casos, tienes unos días de vacaciones, pero como, en lugar de ser costumbre, por ejemplo, ir de compras, leer o ir al cine, en estas fechas se impone sufrir, pues sufres. Es como que viene regulado por decreto y nadie puede protestar. Si no te gusta, te vas. Si te quedas, tienes que concentrarte en la pasión de Cristo y punto. Nadie te pregunta, pero si tú prefieres pensar en otra cosa no puedes porque no te dejan. Si sales a la calle a dar una vuelta, te encuentras con un paso y empieza el estrés. Te tienes que enfadar. Hay demasiados motivos. Si vas en coche, tienes que esperar colas porque las procesiones te cortan el tráfico, si vas andando tienes que abrirte paso entre cientos de peatones, si eres torpe o despistado te escurres con las pipas de los desaprensivos o la cera que dejan los nazarenos en las calles (que ya podían tener más cuidado), no puedes beber una cerveza tranquilo en un bar porque está todo abarrotado y, para colmo, todo huele a incienso. No sé exactamente a qué me recordará ese olor, debo tener algún trauma de la infancia o algo, pero me entran unas ganas de llorar cada vez que lo huelo... Es una mezcla de sentimiento y alergia. Eso por no hablar de las marchas procesionales a altas horas de la noche. Que tendrán su público, pero yo es que para dormir, prefiero el silencio. El caso es que los anti-Semana Santa somos minoría y ya se sabe. Mientras no hagamos una plataforma, no nos queda otra que llevar la procesión por dentro.

Tuesday, March 20, 2007

Entrevista completa al anónimo Doctor Perol



¿Qué personaje público cordobés le inspira mayor ternura?
Rivalizan por ese puesto el presidente de la Asociación de Peñas, D. Francisco Castillero y Olé –por su sutileza, por su elegancia, por su saber estar- y el guardia urbano ese del bigote, el sargento nosequé, el último de la estirpe de los hermanos Marx.
¿A cambio de qué estaría usted dispuesto a hablar así: cordobeses y cordobesas o jóvenes y jóvenas…?
A cambio de cualquier sustanciosa subvención que me convierta con gusto en marimacho de cuota.
¿A qué está usted esperando para dar la cara?
Al 2016.
¿Cuántas caras tiene el doctor Perol?
Bastantes. La esquizofrenia es lo que tiene.
¿Por qué doctor y no enfermero o jardinero o camarero o costalero?
Sueño constantemente con enfermeras del Reina Sofía con faldas muy cortas y generosos escotes.
¿Cuál es la política (mujer) con más glamour de esta ciudad?
Antonio Hurtado.
¿Quién le sugiere los temas que publica en su blog?
El mismísimo San Rafael.
¿Le da morbo escribir sin que se le vea la cara y mirar lo que dice la gente de usted, como un voyeur cualquiera?
Sólo cuando dicen cosas en lencería.
¿Quién tiene más poder en esta ciudad, los vecinos o las peñas?
Al igual que Ramón y Cajal u Ortega y Gasset, vecinos y peñas son ya parte del mismo apellido: vecinopéñez.
¿Cuál es el artículo que ha recibido más críticas y cuál el que ha pasado más indiferente?
Nunca se puede saber. El Perol Sideral no tiene contador de visitas. Si nos guiamos por los comentarios, el que más debate suscitó fue uno sobre San Rafael Gómez. Pero los comentarios no son una guía fiable, pueden enzarzarse pocas personas en un debate. Quizá un texto con pocos comentarios o ninguno se ha leído más, pero no hay manera de saberlo. En cualquier caso, este blog no destaca por tener demasiados comentarios en general.
¿Por qué hay tanta gente interesada en ser anónima en esta ciudad y que no firma los comentarios que firman en su web?
Se dejan contagiar por la velocidad y las prisas, le dan a “Enter” después de intervenir y se olvidan de ponerse “Chika_kaliente 21” o “Bien_Dotado_24cm”,
No sé porqué, pero imagino que es usted un hombre. ¿Cree que se puede identificar a un hombre o a una mujer por su forma de escribir?
Sin duda, aunque esto es muy políticamente incorrecto y no me van a dar la subvención de cuota de la que hablábamos. Si los hombres suelen tener la voz más grave y las mujeres más aguda, en la escritura sucede algo similar. Los campos de intereses, el tipo de sentido del humor, la manera de expresarse… hacen que tengan “voces” suficientemente diferenciadas. Pero eso es tan sólo un punto de partida. Después decide el talento, claro, como en un tenor y una soprano.
¿Cree que la mala leche es más frecuente en el género masculino o en el femenino?
Si hablamos de escritura, el hombre es más violento, más agresivo. Pero es una agresividad de taberna, un “eh tío, no me empujes, que te meto”, “eh, qué haces, no me toques”, “a que nos vemos fuera”. Puede haber algún golpe duro, pero es una violencia fundamentalmente estética. La escritora suele evitar ese tipo de estética, pero cuando se decanta por la mala leche no se limita a algún golpe duro, se entrega a esa pelea. No recuerdo nada más brutal que el titular de Carmen Rigalt al morir Carmina Ordónez: “Divina de la muerte”. Ningún hombre sería capaz de algo semejante.
Como doctor, ¿a qué personaje público diseccionaría para saber qué hay en su cerebro?
A esa concejala de Juventud que dijo que se fueran de Ciudad Jardín los vecinos si no soportaban el botellón. Un prodigio.
Mucha gente piensa que usted está cerca del poder, ¿cree que el poder corrompe? ¿Es usted tan fácilmente corruptible como parece?
Estoy cerca del poder cada vez que voy al banco a comprobar mi saldo, en ninguna otra ocasión. Bueno, una vez le di la mano a Castillejo el de Cajasur, y de la emoción no me la lavé en tres días. Y claro que soy corruptible. Aprovecho para pedir a Cajasur que me corrompa ya, por Dios.
Defina a la alcaldesa en tres palabras.
Buena, bonita, barata.
¿Cuántas personas saben la verdadera identidad del doctor Perol?
Muchas. Pero se olvidan de mí al momento y ni siquiera me dejan una nota al despedirse ni flores en la almohada.
¿Quién es el bufón del Ayuntamiento de Córdoba?
Por vocación un concejal del PP, Ricardo Rojas. Ha hecho del chiste malo su modo de subsistencia política.
¿Qué número de pie tiene usted?
Tengo dos pies.
¿Qué libro está leyendo y cuál fue la última película que fue a ver al cine?
Leo “En Picado”, de Hornby. Y ya no voy al cine, sólo al DVD bajado de internet. Un saludo a los miembros de la SGAE.
Si tuviera que escribir un libro sobre la política de los últimos diez años en esta ciudad, ¿cómo se llamaría?
Lógicamente como subtitulo el blog: “La ciudad de las tres inculturas”.
¿Cree que la libertad de expresión es una quimera y por eso no firma sus artículos con su verdadera identidad?
La libertad de expresión en el articulismo es también cuestión de talento. De talento de los responsables de un medio para reclutar a gente que no sólo sirvan de mercenarios de la línea editorial, y con la voluntad de tener fuertes filtros de calidad que, a su vez, permitan al escritor exigir una aceptable cantidad de dinero por sus textos. O sea, la libertad de expresión en el articulismo pasa por considerarlo una profesión con una función social, ya sea analizar, divulgar o, simplemente, divertir. Pero no se toma en serio por ninguna de las dos partes. La tercera parte de los articulistas cordobeses ya sabes lo que van a decir de antemano, otra tercera parte escribe gratis o casi gratis para engordar su currículum, la otra tercera está vinculada a una institución y debido a la escasez de partidos en el poder no puede criticar casi nada. El nivel ahora mismo es ínfimo en esta ciudad. Falta valentía, falta sarcasmo, falta ironía, falta un análisis que se salga de los lugares comunes. Y ya digo que todo eso parte de los responsables de un medio. La libertad de expresión se encuentra ahora mismo en internet.
¿Cuál es su principal complejo como persona?
No sé andar con tacones.
¿A qué dedica el tiempo libre?
A unos cuantos pecados capitales. Sobre todo a la pereza. Y a la lujuria cuando me dejan.
Ya que no me dice su nombre, dígame su edad, su color de pelo (si es que lo tiene) o su marca de desodorante.
No, que después va la gente olfateando las axilas para ver si coincide.
¿Qué partido se merece un batacazo electoral en las municipales?
Decir todos suena a tópico. Quizá la falta de una oposición inteligente haga que PP y PSOE merezcan perder, sin que IU merezca ganar.
¿Cuál es el asunto más manido y rancio de esta ciudad?
Esta ciudad tiene varios asuntos manidos, como las parcelas o el aeropuerto, como las actividades de mayo o la protección del casco histórico, que se han convertido en cuestiones cíclicas, como artículos de consumo para el poder. Los transforman en publicidad y ocultan los verdaderos problemas de esta ciudad, desde el paro bestial al crecimiento urbanístico incontrolado, además de una situación cada vez más cercana al caos en materia de ruido, contaminación etc.
¿Cuál es el chisme mejor guardado de la política municipal que ha llegado a sus oídos?
Los motivos por los que los políticos siguen en política salidos de sus propias bocas y nada esperanzadores para esos ciudadanos y ciudadanas que también están en sus bocas siempre.
¿Cuándo se casará la alcaldesa?
Confío en vencer mi timidez, pedir su mano pronto y que diga sí para casarnos en el Palacio del Sur el día de su inauguración, en 2067.
¿A quién le dedicaría un pasodoble este carnaval?
A los propios miembros de las chirigotas cordobesas, animándolos a que se dediquen a otra cosa.
Complete esta frase: Los cordobeses somos unos……………….. porque…………………… y si pudiéramos………………… acabaríamos…………….
He tenido que censurarlo todo por emplear un vocabulario inapropiado para el horario infantil.
Si le hicieran director del Diario Córdoba, ¿qué sería lo primero que haría?
Tengo entendido que la situación en Diario Córdoba es idílica. No hay jóvenes sin contrato durante años con sueldos míseros que han de protestar en el Bulevar. Así que dejaría las cosas como están, cuando algo es perfecto mejor no tocarlo. “No la toques ya más, que así es la Rosa”.Como doctor, ¿suele usted ser negligente en sus diagnósticos?
Trato de serlo todo lo posible, y dejar alguna herramienta de la operación en el cuerpo del paciente una vez operado.
¿Disfruta más con la escatología, con la provocación sexual o con el insulto político más o menos irreverente?
Intento que sea un blog irónico, si utiliza alguna vez la escatología, la provocación sexual o el insulto político siempre acompaña a una intención irónica, o bien a una parodia.
¿Cree que hay cosas que no se deban decir? ¿En qué temas (de la política), en su opinión, es mejor callar?
En un mundo ideal, como el de la Sirenita, se debe decir todo. En la realidad están silenciados los problemas más cercanos a la ciudadanía, como por ejemplo el asunto inmobiliario o la naturaleza de multitud de empleos. No digamos ya los detalles del gasto de dinero público, donde conocer las cifras de teléfonos “institucionales” o comidas sería una comedia difícil de asimilar, y son dos asuntos poco graves. También hacer una lista de apellidos relacionando la afiliación a un partido o sindicato y el puesto que se ocupa y dónde se ocupa daría para una tragicomedia. Y conocer qué bancos prestan cantidades a las instituciones y cómo sería la gran película de terror. Pero claro, ahora es todo cine mudo.
Si no fuera doctor, sería…
Una combinación de cofrade, peñista y vecino con una ong, la combinación perfecta para no dar ni golpe en esta ciudad salvo que se sea concejal o delegado de la Junta.
¿Se considera un escritor frustrado?
No, de hecho uno de mis grandes proyectos vitales es no escribir jamás una novela o un ensayo. Poesía a lo mejor, que es cortito y ya no tiene ni que rimar, y caen subvenciones de vez en cuando.
¿Acepta usted las críticas con la misma deportividad con la que espera que se asuman las que usted hace?
Sí, de hecho el sistema de comentarios de un blog está para encontrarte cualquier cosa, desde el elogio al insulto directo.
¿Quién es su enemigo público número uno?
La gente con poder de Córdoba es demasiado mediocre, tiene unas ambiciones de andar por casa, falta un verdadero malvado. Para serlo, además de la falta de escrúpulos común a tantos personajillos de la ciudad, hay que tener talento. Hay algunos que están cerca, los responsables de que un terreno esté un día vacío y al siguiente hay cientos de edificios, pero es algo común en toda España. Tenemos, eso sí, mucho malo cómico, esperpéntico.
Elija un tipo de música: el rock, el rap, la música de cantautor, el heavy, el flamenco o la música clásica.
El rock siempre.
Si mañana le nombraran concejal de Ferias y Festejos, lo primero que haría sería…
Declarar todos los meses como mayo, salvo agosto que nos vamos de vacaciones. Once mayos y un agosto.
Y si le nombraran concejal de Juventud…
No puedo imaginar ya una Córdoba sin la actual concejala de Juventud. Su pérdida sería una tragedia para todos.

Monday, March 12, 2007

Vivir mola

Me estoy haciendo mayor. Lo sé porque me lo dijo el otro día una amiga. Cuando la oí soltarme aquello a bocajarro, he de reconocer que me dio un poco de coraje. ¿Cómo se atreve?, pensé. Supongo que todo el mundo piensa que, aunque cumpla años, nadie se da cuenta y espera que si alguien lo nota tenga la prudencia de callarse. El caso es que mi amiga tiene razón. Ya no soy apta para el carnet joven ni puedo obtener descuentos juveniles en el cine o el teatro. He superado la barrera de los treinta y avanzo lentamente hacia la de los cuarenta. Pero tampoco está tan mal esto de hacerse mayor. Y es que, visto con perspectiva, lo de ser joven es una paliza. Tanto o más que intentar vender que uno es un chavalito más allá de cierta edad. Como cuando, en la prensa, hablamos de creadores, artistas o poetas jóvenes de, al menos, treintaytantos. No sé qué interés general obliga a todo el mundo a creerse joven en contra de la propia evidencia. Ese síndrome Peter Pan del personal me pone nerviosa. ¿Acaso no se dan cuenta de que ser joven es una cosa muy estresante? Y si no, quien pueda, que recuerde ese momento en que se enfrentó a su primer empleo (o la primera beca), la tensión del primer beso o las primeras calabazas. Revivan ustedes el agobio de esperar las notas en la facultad o el instituto, la trascendencia monumental de un simple cambio de peinado, el grano inesperado que sale el día de la fiesta de fin de curso y la tragedia de no encontrar un traje digno para fin de año. Todo eso, visto desde lejos, adquiere un cariz anecdótico que solo es posible cuando uno asume que se hace mayor, que madura, como la fruta. Al fin y al cabo, como dice mi abuela, cumplir años no es más que la demostración de que uno está vivo. Y vivir mola. ¿O no?

Ya no hay aeropuerto

No sé si se han fijado, pero desde que se produjo el derrumbamiento en Santa Marina nadie habla del aeropuerto. Ni del aeropuerto, ni del referéndum ni de esas cosas con las que a diario desayunamos, almorzamos o cenamos y cuya trascendencia real dista mucho de ser trascendente. Lo importante, sin embargo, se nos escapa entre los dedos, y no hablo solo de políticos o periodistas, sino del común de los mortales. Anestesiados estamos todos y nos cuesta emocionarnos con lo que pasa alrededor, no tenemos entrenada la empatía. La prensa, la radio o la televisión son solo el reflejo de la sociedad en que vivimos. Hace tiempo que las tragedias cercanas, ésas cuyas víctimas tienen nombre y apellido conocidos, son las únicas que remueven sensibilidades. Dos muertos en Irak o 200 víctimas de un terremoto en la India son un simple dato tan impersonal que, por más que deseemos que nos afecte, nos deja indiferentes. Desoladora evidencia que he oído comentar mil veces. Cuando un suceso como el desplome del miércoles acontece en una ciudad como la nuestra algo se mueve. Todo el mundo intenta poner cara al que murió, saber qué hacía, conocer detalles de su familia, averiguar si alguna vez se cruzó por nuestro camino o compartió mesa cercana en algún restaurante. "Claro que la conoces, es la mujer rubia y bajita tan graciosa...". "Ah, claro, ya me acuerdo". Es un intento desesperado por resucitar, no el morbo, como piensan muchos, sino el pellizco de dolor que nos estremezca y nos recuerde que somos seres humanos y que estamos vivos. Al fin y al cabo, todos confiamos en que alguien se acuerde de nosotros cuando hayamos muerto, que nos llore. Un segundo, al menos, antes de que el aeropuerto vuelva a ser tema de conversación.

Friday, January 26, 2007

No me entero

Desde que no tengo mando a distancia en la tele del dormitorio (es algo temporal, solo hace falta que le cambie las pilas) vivo condenada a ver anuncios de televisión. Digo bien, los veo, porque no siempre los entiendo. Y mira que me esfuerzo por averiguar qué es lo que me están queriendo decir con esa especie de cortometrajes condensados llenos de símbolos indescifrables. La cuestión es que nada es lo que parece. Si en la pantalla se ve una niña comiendo un yogur y hablando con un chimpancé sobre el tiempo que hace, lo más probable es que se esté anunciando una marca de zapatillas de paño y si de un bosque plagado de setas surge una manada de zorros que se detienen a olfatear una flor, en contra de lo que pudiera dictar el sentido común, es decir, se está publicitando un desodorante, lo cierto es que después de quinientas visualizaciones descubres que el anuncio es de una ranchera que se ve al fondo y casi de pasada. Es muy fuerte. Da la sensación de que los pensadores de la publicidad se afanan en que tú no sepas lo que te quieren vender. En eso, las marcas de deportivas y las de coches se llevan la palma. Mira que dan vueltas a la marrana para decir que sus zapatillas son las más fuertes o sus vehículos los más rápidos. Impresionante. Por si fuera poco aprender a descodificar el arte contemporáneo que se ve en los museos, ahora van los creativos de publicidad y se dedican a complicarnos la vida con mensajes subliminales. Con lo fácil que es recurrir a la técnica del Supersol o el Lidl, que para decir que venden tomates, se limitan a decir que venden tomates. Lógico. Para dos minutos que sale la marca en televisión, no van ellos a andar desperdiciando el tiempo. Eso sí que es tener visión comercial. A ver si aprenden las grandes firmas.

Friday, January 19, 2007

Un día cualquiera de una mujer de su casa

Esto no lo he escrito yo, me lo han pasado por mail, pero me ha hecho gracia y puede que alguna que otra se ría al leerlo, así que ahí va.
¿Qué me decís del trauma que supone mirarte al espejo por la mañana y encontrarte con que ese gremlin que te mira fijamente eres tú? Te duchas, te vuelves a mirar, y decides que lo mejor va a ser darte una capa de titanlux,a ver si aquello mejora. Y no, no mejora.
Sigues siendo un gremlim, pero así como churruscao. Una vez churrascada, te diriges a despertar a tus niños. Aquí siempre ocurre algo.
Supongamos que el niño tiene fiebre. Tú eres una mujer con recursos!!! ......recurres a la súplica ....y suplicas a la suegra, que se quede con el niño hasta que llegue la chica, ....a la chica, que venga un poco antes para que se vaya la suegra, ....al cielo, que la seguridad social deje de comunicar, ....a la "encantadora enfermera" que te dé cita tarde para no pedir permiso......a tu jefe que te dé permiso porque la encantadora enfermera ha pasado de ti y entre súplica y súplica tú sigues trabajando, así como haciéndote la relajada. Y al final del día, nunca antes, te llama tu ocupadísimo marido, y te pregunta ¿qué tal cariño?.
Cuando te oye rugir como un rinoceronte en celo, recuerda que el niño estaba enfermo y hace ver que no se le había olvidado y te cagas en to lo que se menea...
Y sales corriendo al pediatra, y llegas por los pelos, y te dice lo del virus, y te manda no se qué medicina, y cuando llegas a la farmacia han cerrado, y llamas a tu marido y le suplicas que cuando salga de trabajar, si no le supone mucha molestia, se pase por una farmacia de guardia, y entonces él te dice "no voy a poder, ya sabes que no puedo salir de mi trabajo que tengo una reunión", que yo creo que mi marido no vive, se reúne!!
Y le matarías, pero por teléfono no puedes así que decides arrastrarte hasta la farmacia de guardia, y allí que llegas tú con todo colgando: Al pequeño que le cuelgan los mocos, el mayor que se cuelga literalmente de tu manga. De la sillita cuelga tu bolso, la bolsa del bebe, la bolsa de gimnasia, la bolsa del trabajo, y la mochila del mayor, que ya quisiera Pérez de Tudela, que yo creo que este niño no crece porque la mochila se lo impide. Parecemos unos "sin-techo".
Entras en la farmacia y el espejo del fondo te enseña al gremlin churruscao pero como a trozos porque el maquillaje también se ha "descolgao" y te suda el bigote como una foca, y te la encuentras a ella, la SUPER-ORGANIZADA.
La super-organizada es esa mamá del colegio de tus hijos que siempre quisiste ser. Lleva a sus nenes a alemán, a judo, a pintura, al foniatra, a fútbol y a natación.
......Y es de las que comen y no engordan, y es delgada.
......Y en los cumpleaños del nene, lleva a toda su clase "un güevo Kinder", que son tres deseos a la vez, y tu niño con su bolsa de sugus, que yo creo que le estoy creando un trauma,
......Y además prepara la bechamel de las croquetas.
Yo hace tiempo que descongelo las famosas croquetas ¡que le den por culo a la bechamel!.
......Y todo esto sin movérsele ni una de las siempre perfectas mechas; porque a este tipo de mujer no le crece el pelo. Yo creo que tampoco "sudan", pero de esto no estoy segura.
......Y tú que "intentas recolocar todo lo que te cuelga y ella" y su perfecta hilera de dientes que te sonríe y te suelta:
"Chica, es que no te organizas, ¿por qué no pides reducción de jornada..?"
Aquí es donde le soltarías una leche por cada euro reducido por reducir tu jornada.
Superada la prueba, tus colgajos y tú regresáis a casa. La autoestima decidió quedarse en la farmacia. Y bañas a los niños, haces los deberes del mayor, le das la medicina al pequeño, les preparas la cena, se la das y les acuestas y te tiras en el sofá.
Y para rematar el día, al cabo de un rato, llega tu marido a casa y te dice que no ha parado en todo el día de reunión en reunión en la oficina (ha tenido tres reuniones) y que ha tenido que comer con los compañeros en un restaurante de aúpa y te pregunta "que qué hay de cena" y que si no te importa preparar a ti la mesa porque él está muy cansado.
Y ni siquiera te pregunta por el niño, tu trabajo, la suegra, la chica, el jefe, la enfermera, el médico, la farmacéutica y la super-organizada, y remata diciendo que "vaya pinta de gremlin churruscada que tienes con el maquillaje descolocado"; que "a ver si te cuidas un poco, con la cantidad de tiempo libre que tienes". Y al encender la tele aparece otra super-organizada que te dice: "Auxonia, hoy me gusta ser mujer".

Friday, January 12, 2007

Sueños reales

Cuando ustedes lean esto, yo estaré de vacaciones y he de decir que, mientras escribo, estoy taaan hecha polvo que solo de pensar que me quedan horas para dejar de trabajar unos días, me lleno de satisfacción, que diría el Rey. Por cierto, que este año no he visto, ni de refilón, el mensaje del abuelo Borbón. Pero he soñado con él. Les cuento. Ocurrió la noche de Nochebuena. Cuando me acosté y cerré los ojos el 24, pude ver con absoluta nitidez a Su Majestad repitiendo una versión hiphopera de su clásico tostón-mensaje-navideño ante una cámara de vídeo casero que se atascaba a cada toma. El realizador, un becario en prácticas, hacía lo que podía, pero el material era de segunda mano y él un novato. Una pena. Además los arreglos eran malísimos y encima Juan Carlos no daba una por culpa de sus nietos. A saber. Leonorcita, una especie de muñeca Rosaura gigante en mi imaginación, le sacaba la lengua mientras sonreía con cara de mala, Froilán tiraba papelitos a la cara del pobre hombre para distraerlo (lo de pobre es un decir) y a los hijos de la infan Cristi (mi sueño era muy real y yo me sentía como parte de la familia) se les veía escondidos detrás del trono con sus manitas enzarzadas en un ataque masivo de cosquillas que el abuelo no podía soportar. Unas risas... Después de veinte veces repitiendo aquello de: "Españolas y españoles...". Eso suena más a Rosa Aguilar. Bueno, no me acuerdo. Después de repetir la misma frase una decena de veces, Su Majestad alzaba las posaderas del sillón y se cagaba en todo (verbalmente). Al final, el mensaje no se emitía, a Juan Carlos le cambiaban el puesto de Rey por el de Baltasar en un Carrefour y yo me despertaba republicana. Para que luego digan que oír el mensaje del Rey durante años no traumatiza.

Toy fatal

Hoy me he traído al trabajo una tableta de turrón del duro. Me lo he echado en el bolso porque no sé qué pasa, pero como no sea en momentos de hambruna desesperante nadie quiere hincarle el diente a esta modalidad navideña y me da una pena tirarlo... Y además, a última hora de la tarde, a mí me entra una gusa en el estómago... Así que aquí estoy, dale que te pego a la almendra y pensando en lo du_ra que es la vida. Casi tanto como el turrón. Bueno, en realidad, tampoco es para tanto. El otro día me di cuenta de que la mayoría de los problemas han sido inventados por técnicos del lenguaje. Por ejemplo, en la época de mi abuela las mujeres se levantaban a las siete de la mañana, cuidaban de un montón de churumbeles y preparaban comida sin la mitad de los ingredientes de la receta mientras sobrevivían a una guerra, pero no tenían estrés ni ansiedad. Y ¿por qué no? Pues porque no existía la palabra estrés. Ellas se agobiaban, iban corre que te pillo, pero no padecían esa horrible enfermedad crónica que además es incurable. En esa época, los niños iban al colegio, se pegaban, se tiraban de los pelos, se molían a palos, llegaban a casa con un ojo morado, pero no eran víctimas de acoso escolar. ¿Por qué? Porque el bullying no existía. Solo había niños traviesos alias monstruos cuellicortos, no acosadores. Y por tanto, tampoco había conciencia del acoso. En la misma línea, piensen en el síndrome postvacacional. Toda la vida la gente se ha ido de vacaciones y nadie ha sufrido después esa cosa de tan largo nombre. Por todo ello, desde aquí reivindico que los inventores de problemas se tomen un ansiolítico y unas laaaargas vacaciones para que dejen de agobiarnos con problemas que, de no habernos chivateado ellos el nombre, no serían problemas.