Tuesday, June 10, 2008

Por una sonrisa

Miss X lo conoció cuando aún era una adolescente. Él era unos años mayor que ella y lucía canas casi desde su primer encuentro. A ella le gustaron sus manos, grandes y de dedos largos, pero odiaba su forma destartalada de reír con sus amigotes cada vez que salía de la tasca, después de tomar sus impepinables copinas de Fino. No tenían hijos porque alguno de los dos era estéril, pero no quisieron averiguar cuál era el seco, así que nunca se hicieron las pruebas. Miss X se encargaba de acicalar la ropa de Ramón, le guisaba ricas lentejas y jugosos cocidos y preparaba la cama cada noche. Él le regalaba un beso y una carcajada envuelta en su aliento de borrachín antes de dormir. Cuando Miss X lo conoció, le gustó que fuera un hombre sin demasiados recovecos, humilde y sano. Trabajaba en el negocio textil de la familia y, de jovencilla, solía llevarla a los largos viajes que cada tres meses iniciaba en busca de telas nuevas. A Miss X le gustaba viajar más que ninguna otra cosa en el mundo. Al principio de su matrimonio, recordaba que había sido feliz. Luego Ramón empezó a beber más de la cuenta y ahora ya no era capaz de imaginarlo sobrio. A pesar de todo, nunca le había tocado un pelo –insistía a sus amigas--. “Es un hombre muy correcto”, recalcaba, “y hemos disfrutado tanto en nuestros viajes...” Las señales que lucía en los brazos y algún ojo morado del que habían sido testigo les hacía poner en duda lo que Miss X defendía con tanto ahínco. Una noche, la casa de los señores X empezó a convulsionar y los gritos retumbaron en Valdecasillas como una tormenta de granizo. Ramón había llegado tarde y, de la forma más correcta, quiso tener su ratito de juerga, pero Miss X se lo negó. Él montó en cólera y destrozó uno a uno cada plato de la vajilla nueva. Ella decidió dar media vuelta, cogió su maleta y cruzó en plena noche el pueblo en dirección a la carretera. Desde entonces, nunca más se supo de Miss X. A veces, llegan postales de los rincones más remotos del mundo hasta Valdecasillas. Ramón ha dejado el alcohol y ahora ofrece recompensa por tener noticias de ella. Algún forastero dice que la vio con un precioso bebé en los brazos, montada en un tren de mercancías. Sonreía.

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