Me he mudado. Acabé por irme de La Judería, agobiada del estrés de vivir en una zona tan super-super-protegida que es imposible aparcar tu coche a menos de 7 kilómetros de la puerta de casa. Ahora vivo en otro barrio y tengo cochera. Eso no me exime, claro está, de pagar multas por párking azul ni de que la grúa se lleve mi coche cuando le viene en gana. Sin ir más lejos, ayer lo retiré del depósito porque estoy fichada por la Policía. Tengo un pasado oscuro que sale en el ordenador chivato de los agentes cada vez que pasan por mi matrícula. Son cosas con las que los reincidentes de la zona azul tenemos que vivir. A lo que iba. Ahora tengo cochera, pero aparco en la calle. Resulta que, viviendo en una zona de esas que llaman pijas (la zona, no yo, que soy más de barrio que el autobús 16), vivo atemorizada por unos vándalos juveniles que le han cogido manía a mi Arturito (mi coche). Lo mismo me arrancan un limpiaparabrisas que cogen una llave cualquiera y me arañan el coche de cabo a rabo. Una (yo) que ha vivido siempre en zona polinganera se sorprende de que estas cosas pasen en áreas no periféricas. En mi barrio de toda la vida me robaban la radio o abrían el coche para intentar un alucinaje. Había un objetivo más allá de dar por allá donde la espalda toma otro nombre. Aquí no. Los vecinos sospechan (al parecer, no soy la única afectada) que los culpables son chavales, jóvenes, vecinos quizás aburridos de no hacer nada y que buscan nuevos retos. Supongo que se levantarán por la mañana pensando: "De reto, hoy no sé si rajar una rueda o aplastar un retrovisor". Y yo me pregunto si no sería mejor que el policía que toma nota de mis multas se diera una vuelta por mi cochera, aunque sea para jugar a los policías con los chavales.
Wednesday, May 28, 2008
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