Murphy me trae por la calle de la amargura. El otro día, viendo las noticias en televisión, me entero de que las agencias de viaje han optado este verano por lanzar todo tipo de superofertones para rellenar como sea los huecos que la crisis ha dejado libres en los hoteles, los balnearios, los aviones, los restaurantes de lujo y hasta los chiringuitos de playa. Tras el suave mensaje de permítase un capricho, subyacía otro más rotundo: ¡No sea usted un pringao y gástese lo que no tiene en irse a la Conchinchina, aproveche la crisis para alardear de que usted sí que puede viajar, si no se va de vacaciones todo el mundo va a saber que está usted tieso, ignorante, échese la mochila al hombro y lárguese de una vez a vivir la vida que igual el año que viene está usted criando malvas! Vamos, algo lamentable. El único personaje o personaja que faltaba en aquella información era el señor o señorita dominicano o dominicana (uf, qué difícil y cansado resulta escribir en el ámbito o ámbita de lo ortográficamente dudoso o dudosa, pero políticamente correcto o correcta, yo paso) gritando eso de ¡olé, qué precios! Y es que con esto de vender como sea, las agencias se han vuelto locas y hay destinos para los que solo les falta ofrecer cheques en blanco a los que quieran viajar. Viendo tal desmadre, al final, me entró el coraje. Para un año que somos previsores y nos apuntamos a la venta anticipada con tal de que las vacaciones salgan más baratas, resulta que esta vez lo económico es esperar a última hora. Ay, Murphy, Murphy, ¡qué razón tenías! Esa noche, con el cabreo, acabé en La Corredera, olvidando mi ira al aire libre. Aquello estaba de bote en bote, no cabía ni un alfiler, así que me dije: España está en crisis, pero las crisis de ahora ya no son como las de antes. ¡Qué alivio!
Tuesday, November 11, 2008
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