Wednesday, October 05, 2005

Pon un perro en tu vida


“Más sufre el que ve que el que enseña”, dice un viejo refrán bastante desfasado cuyo inventor se olvidó de lo que disfrutan algunos con sus dos ojitos y algo que mirar. Y es que los voyeurs lo tienen claro: “ojos que no ven, corazón (por no decir otra cosa) que no siente”. Aunque el voyeurismo está considerado por la vieja escuela psiquiátrica como una patología de perversión sexual (más extendida entre los hombres que entre las mujeres) consistente en la búsqueda del orgasmo a partir de la mirada anónima de escenas reales de sexo, lo cierto es que, en la práctica, la vista es uno de los sentidos más explotados a la hora de buscar el placer desde tiempo inmemorial. Prueba de ello es el auge de la pornografía impresa o audiovisual y el éxito de las escenas eróticas televisadas casi en directo en programas como Gran Hermano o Aquí hay tomate. Cuántas pajillas cruzadas se habrán hecho algunos a costa de la famosa escena de restregón de Terelu y Pipi. Está claro que una imagen, para muchos, vale más que mil palabras. Según el Informe Durex, el 42% de los españoles afirma haber consumido pornografía en compañía y un 26% dice haber grabado o fotografiado a su objeto del deseo. ¡Ay!, si es que este país está lleno de mirones.
En lo que se refiere a la vista, mirar ha dejado de ser un ejercicio pasivo aplicado al sexo para convertirse en un ejercicio activo de motivación sexual. Basta con echar una ojeada a las corrientes que llegan de los países más fríos (me refiero a la meteorología) para saber que los desafíos están a la orden del día. En Gran Bretaña, el voyeurismo activo ha pasado a llamarse “dogging”, nombre derivado del gusto de algunos que con la excusa de ir a sacar el perro se entretienen viendo sexo en directo en parques, jardines y aparcamientos. La organización de este tipo de eventos erótico festivos corre de cuenta de internet. En el dogging (también llamado en la península ibérica cancaneo puro y duro) se combinan otras técnicas también de origen anglosajón como el swinging o cambio de pareja. Según los datos más recientes sobre el tema, el 60% de los parques británicos cuentan con su propio rinconcito-dogging y la práctica empieza a extenderse a lugares como Alemania, Francia, Bélgica, Italia, Irlanda y cómo no, Estados Unidos. Allá donde una teta de Jannette Jackson constituye un revuelo internacional, dicen que hay gente fornicando en zonas públicas. ¡Qué fueeeerteee! España, donde la represión sexual digamos que no atraviesa su momento más álgido, parece no ser caldo de cultivo para estas prácticas, pero internet a veces hace milagros así que igual acaba imponiéndose como moda. El perfil del dogger es el de parejas hetero de más de 30 años que buscan nuevas experiencias y que se excitan con el punto exhibicionista mientras los que hacen de mirones suelen ser hombres ya maduritos, la mayoría casados y de clase media y hasta alta (se han visto en las sesiones perros de alta alcurnia acompañados por dueños con jerseys de rombos, dicen las malas lenguas). El cancaneo no se limita a parques y jardines, un buen coche es otro de los receptáculos posibles, a veces dentro y a veces sobre él. Y, no se lo pierdan, circulan manuales sobre las posturitas más provo para hacer en un vehículo, tanto de penetración como de sexo oral o anal las preferidas de los sujetos voyeurs. Y es que, se me olvidaba, las sesiones doggeras no se limitan al ámbito hetero sino que se están especializando, pudiéndose encontrar en el mercado encuentros también homo y bi. Busque, compare, y si encuentra algo mejor, mírelo. El único problema detectado en torno a esta práctica es el aumento del número de violaciones, asaltos o chantajes, así como la proliferación de enfermedades a cuenta del cambio de pareja. Tanta diversión tenía que tener su lado malo.
Y pasando al terreno más naif del voyeurismo, un 85% de los hombres confiesa que sería capaz de reconocer a sus compañeras de trabajo mirando sólo sus pechos o sus traseros. La vista es el sentido más desarrollado del género masculino y parece estar bien enfocado. Las mujeres, que tienen oído y olfato privilegiados, dicen sentirse más impactadas por las manos y los ojos de los hombres. Debe ser por sus ojos que Brad Pitt es el hombre más sexy para las féminas españolas. O son sus ojos o es que hay mucha mentirosa suelta por este país.
En todo caso, los sexólogos apuestan porque mirar es una práctica sana y natural que todo individuo sexualmente activo debería emplear como un posible motor de arranque. Para empezar, no estaría mal iniciarse con la pareja y una sesión de masturbación exhibicionista en el asiento del copiloto mientras el/la otr@ conduce. En principio, que todo quede entre tu pareja y tú. Nada de irse a la calle desnud@ y con la gabardina. Mientras el dogging llega a España, hay tiempo para entrenarse en el arte del voyeurismo casero consentido. Otro juego para descubrir nuevas opciones sexuales relacionadas con la vista es cerrar los ojos. Ese viejo juego de hacer como que no ves puede abrirte muchos horizontes desconocidos por obra y gracia de la madre imaginación. Sí, sí, a veces no hace falta “ver para creer”, sólo hace falta probar.

1 comment:

La menda lerenda said...

Artículo de sexo de la Revista 40 en el número de octubre del 2005.