
Esta mañana, sentada en el retrete, vi pasar velocísima a una hormiga sobre mi alfombrilla del baño y la pisé. Al minuto, me arrepentí. Pensé, pobrecilla, si no me ha hecho nada y es tan pequeña. De la pena pasé al odio hacia mi persona. Eres una asesina, has matado a un ser vivo por impulso, sin pensar, mala mujer, pedazo de trozo, asquerosa. En fin, que me eché una bronca en un momento...
Fueron minutos de angustia que me envolvieron en una paranoia de rencor hacia mí misma a la que estoy muy acostumbrada. Digamos que me como la cabeza con casi cualquier cosa. Luego seguí pensando en aquella hormiga que murió a mis pies y me dije: quizás le has hecho un favor. Nadie sabe adónde van las hormigas cuando han muerto. Para mí que no suben al cielo como, dicen, vamos los humanos cuando estiramos la pata.
¿Qué sentido puede tener pasar una corta y entregada vida al trabajo en un diminuto cuerpo de hormiga, expuesta a tantos peligros y amenazas si no es un mero trámite hacia un mundo mejor, hacia una conciencia más amplia, hacia un yo que no sea hormiguero?, continuó mi reflexión.
Debe haber un cementerio de hormigas si hay uno de elefantes y debe haber un más allá también para ellas, que tanto padecen para llevarse una miga de pan a la boca. Entonces, me alegré. Ahora estoy segura de que la hormiga a la que asesiné esta mañana ha pasado a mejor vida, o al menos, como en los videojuegos, ha pasado a la pantalla siguiente y vive en el cuerpo de alguna otra especie superior. Se ha reencarnado, seguro. Lo que no sé es si ahora será escarabajo pelotero o abeja reina. Mira que si se ha saltado algún escalón y de insecto ha pasado directamente al estatus de anfibio, pez o ratón... ¿No será la hormiga el perro ése que me está sacando los dientes? Ah, ay, que me voy, que la hormiga era rencorosa y el perro éste cabrón me quiere morder.
Debe haber un cementerio de hormigas si hay uno de elefantes y debe haber un más allá también para ellas, que tanto padecen para llevarse una miga de pan a la boca. Entonces, me alegré. Ahora estoy segura de que la hormiga a la que asesiné esta mañana ha pasado a mejor vida, o al menos, como en los videojuegos, ha pasado a la pantalla siguiente y vive en el cuerpo de alguna otra especie superior. Se ha reencarnado, seguro. Lo que no sé es si ahora será escarabajo pelotero o abeja reina. Mira que si se ha saltado algún escalón y de insecto ha pasado directamente al estatus de anfibio, pez o ratón... ¿No será la hormiga el perro ése que me está sacando los dientes? Ah, ay, que me voy, que la hormiga era rencorosa y el perro éste cabrón me quiere morder.
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