
Hace tiempo que tengo ganas de hablar de lo escatológico, del morbo de algunas palabras. Es un tema que me llama mucho la atención. Es asombroso lo difícil que puede ser para muchas personas hablar en público de algo tan natural como puede ser la mierda, un término que ofrece gran resistencia a ser escrito en mayúsculas sin provocar cierta sensación indecorosa. Sin embargo, es una palabra que recoge la Real Academia y, digo yo, que si no mancha las páginas de un diccionario tampoco ha de manchar las de un diario. Utilizar esta palabra por escrito produce la misma vergüenza que nos da a las mujeres decir que vamos a cagar, es decir, que vamos al baño o a hacer caca. Se me olvidaba que es de mala educación que una mujer cague. Nosotras sólo vamos al water (no vale especificar intenciones), son los hombres los que pueden cagar a gusto y además confesarlo sin sonrojo. Alguna vez, en medio de una reunión formal con desconocidos he tenido fuertes tentaciones de levantarme y anunciar con sonrisa inocente que voy "a mear" sólo para comprobar la reacción de los compañeros, pero me han faltado las fuerzas para tal osadía. Los principios inculcados por la familia son más poderosos de lo que creemos, tan poderosos como contradictorios. No hay cosa que me dé más rabia que ver cómo los padres más modernos ríen cuando entre las primeras palabras del hijo de 3 años está algún taco malsonante del tipo coño o gilipollas, pero ese mismo niño recibe un tortazo cuando se le ocurre pronunciar la misma palabra en edad adolescente. ¿Acaso eso es coherencia? A parte de eso, a las mujeres nos encanta hablar de la mierda. De la mierda de trabajo que tenemos, de la mierda de novio, de la mierda que tiene la casa... Pero ¿cuántas veces hemos tenido que aguantar un pedo o un erupto con tal de no dar mala impresión a nuestra pareja mientras ellos se expanden a sus anchas? Tanto pudor lingüístico acaba por convertirse en continencia doméstica. Necesitaría más papel para quedarme a gusto pero como esta columna ya empieza a oler, yo me lavo las manos. Sólo digo que ya está bien: o todos moros, o todos cristianos.
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