Sunday, July 24, 2005

Hablar por hablar


Estoy harta de hablar por hablar. Tengo complejo de loro. El otro día leí en un artículo de Buenafuente, ese milagro televisivo cuya ausencia sufro cada día en silencio, como los hemorroides, que en el mundo en el que vivimos nadie escucha a nadie. Y es verdad, coño. ¿Cuántas veces no nos pasa que estamos ahí, en medio de una conversación supuestamente personal y muy interesante, con alguien en frente soltando la retahíla y tú mientras estás pensando lo que vas a soltar en cuanto que acabe lo que está diciendo? Millones de veces, seamos sinceros. Es más, no recuerdo en este momento cuándo fue la última vez que "escuché" a alguien lo bastante atenta como para poder repetir lo que me decía al minuto siguiente. Qué pena. Somos una pandilla de egocéntricos incorregibles. Y digo somos porque aunque yo sea la única que reconozca que pienso en otras cosas mientras me hablan, he comprobado que es algo muy común. Desde que leí lo del Buenafuen, a veces tiendo trampas a mis interlocutores. Me pongo a hablar y a hablar y de buenas a primeras, zas, me paro un poco y les pregunto. A ver, qué estaba yo diciendo ahora mismo. Muy pocos han podido superar la prueba y salir airosos. La mayoría pueden decir el tema: estabas hablando de fulano o de mengano, o estabas hablando de la calor o de la facultad. Sí, sí, pero qué, qué exactamente. ¿Lo sabes? Pues dilo. No me estás escuchando. En fin, es como que hago pagar el pato a otros por mi propio egocentrismo. Este mundo está mal, muy mal, señores. Lo sé porque vivo en él. Hoy estoy con la regla. Si alguien quiere escuchar mis lamentos, que lo diga. Pero que sea para escucharlos. Si no, prefiero seguir divagando sobre un papel. Bueno, mejor me callo. Si es que no paro de hablar. Tengo complejo de loro. ¿Lo había dicho ya?

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