Thursday, March 31, 2005

Amigo conductor


Yo no soy feminista, machista ni sexista, aunque firme esta columna y digan algunos lo que digan. Me dan repelús los --ismos en general. Soy persona antes que mujer y como tal, me contradigo en casi todo. Sin embargo, hay cosas de los hombres que verdaderamente claman al cielo. Una de ellas es ese inexplicable complejo de superioridad que a la mayoría del género masculino le entra cuando se pone delante de un volante. Y recalco lo de mayoría porque me consta que, gracias a Dios, hay muchos a los que nunca les he oído decir esa odiosa frase que reza: ¡mujer tenía que ser! Una sentencia tan condenadamente repulsiva como aquella otra que aún escucho a modo de broma incluso entre los sectores más civilizados en relación a los malos tratos: ¡algo habrá hecho!, a lo que sigue una risotada que viene a decir "que es brooooma". Pues, menuda broma. ¡El que acaba de decir algo digno de un bofetón eres tú y me aguanto!, me entran ganas de responder.
El caso es que esta mañana me ha sacado de quicio un jovencito de 50 años que, a bordo de su coche, intentaba pasar por encima del mío, sin intermitente y comentando a su señora esposa "¡Verás tú ésta!". Lo sé porque le leí los labios mientras invadía mi carril. Y es que ellos tienen derecho a incumplir toda norma protegidos por el halo de la sabiduría genética que proporcionan los años de conducción de sus antepasados, mientras las mujeres tienen que pedir permiso antes de entrar en una rotonda porque somos recién llegadas al mundo del motor. Hay que ver las cosas como son. La mayoría de las mujeres (sálvese quien pueda) no tenemos ni idea de cambiar una rueda, somos inútiles con las bujías o, como yo, nos enteramos después de dos años con coche que existe una pieza importante que se llama correa de distribución. Los hombres, o mejor, muchos hombres, saben de mecánica más que nosotras. (Lo cual tampoco es un mérito, teniendo en cuenta que nosotras estamos pegadas). Sin embargo, al volante, somos mejores, mucho mejores que ellos. Pero nunca lo reconocerán. Tampoco hace falta. Para eso están las aseguradoras, que nos prefieren a nosotras. Por algo será.

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