Thursday, March 31, 2005

El tamaño ¿importa?

Que no se asuste nadie. No vengo a hablar del tamaño del miembro viril. Bueno, no sólo de él. Aunque, pensándolo bien, mejor será abordar este tema cuanto antes y seguir con el resto. El otro día escribí una columna describiendo al hombre ideal, hablaba del sentido del humor, de la comprensión y del cariño. Se lo pasé a unas amigas y me quitaron las ganas de publicarlo. Después de tres minutos de conversación, la conclusión fue que una de las piezas claves en una relación es que la pareja funcione bien en la cama, para lo cual el tamaño es tan importante como la imaginación o el don del movimiento rítmico sincronizado.
Y es que, haciendo repaso a las cosas de la vida, aquello de que lo bueno viene dado en frascos pequeños se aplica en muy pocas ocasiones. Y si no, hagamos memoria. Los hombres prefieren a mujeres con tetas cuanto más grandes mejor, con culo potente y que tengan ojos que destaquen junto a los labios carnosos.
Las mujeres todavía tomamos como referencia aquello que dicen de que en el hombre casi todo es proporcional. Pies y nariz pueden servir de referencia para calcular la medida de otras partes del cuerpo. Así que, si es narigón y calza un 46, la cosa a primera vista tiene posibilidades, aunque siempre haya sorpresas de última hora.
Lo de que el tamaño no importa es muy relativo. Decir que todo depende de ello sería como afirmar que la penetración lo es todo en el sexo, pero las que han padecido un micropene confiesan que la talla también tiene su importancia aunque no lo digan abiertamente al ser querido.
Y si pasamos a lo puramente material, ¿dónde está el gusto por lo pequeño? El coche, la televisión o el piso, si son grandes, mejor que mejor. Y si hablamos del bolso, ¿qué mujer se conforma con una carterita cuando puede llevar todo tipo de potingues en uno más holgado?
Hoy en día, el tamaño XL es pieza de cambio de valor incalculable por el que muchos se rigen a la hora de comprar un regalo o sopesar el cariño de un ser querido. A caballo regalado, no le mires el diente, pero si el jamón que da la empresa por Navidad es pequeño, parece que no tiene tanta gracia como si es uno de peso consistente. En definitiva y retocando el refrán, habría que decir que lo bueno, si grande, dos veces bueno.

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