Thursday, March 31, 2005

De mayor, que sea fontanero


No sé si algún día tendré un hijo o no. Al paso que voy, o lo tengo rapidito o, como dice mi abuela, se me va a pasar el arroz. Yo, de momento y mientras mi ginecólogo diga que hay posibilidades, no pierdo la esperanza en ofrecer al mundo mi descendencia.
Lo que sí tengo claro es que, al contrario que hicieron mis padres y todavía hacen hoy en día los padres jóvenes que conozco, no intentaré convencer a mis hijos para que desperdicien su tiempo y mi dinero en la Universidad. Si no me sale ningún empollón, los guiaré por el buen camino hacia oficios más recomendables como el de electricista o fontanero. No bromeo. Para mí, el trabajo es una forma de ganar dinero que, si tienes suerte, te reporta de vez en cuando alguna satisfacción. Pero, por encima de todo, es una forma de ganar el jornal que hace falta para vivir y punto. No nos engañemos, las satisfacciones te pueden llegar igualmente por otras vías y, normalmente, son más dulces si el bolsillo está lleno. Siento sonar tan materialista, pero no conozco a nadie que, después de ganar la lotería, haya seguido yendo al curro como de costumbre.
El caso es que el otro día tuvimos una urgencia en la comunidad de vecinos. Se fundieron los plomos y nos quedamos a oscuras en la escalera. Alguien llamó a un electricista y éste se presentó allí con una lista de precios que daba vértigo. A saber: 24 euros en transporte (que no sé yo si vendría desde Burgos porque con ese dineral voy y vuelvo yo a Sevilla dos veces), 50 euros por hora (el señor no empleó más de 30 minutos en el arreglo, pero la tarifa mínima incluye 60 y no hay más que hablar) y, por supuesto, 21 euros por la urgencia (que tiene guasa. Le llamaron a las 9.30 de la mañana y apareció a eso de las 12).
Si hago el cálculo, a poco que este hombre haga dos o tres servicios al día, triplica mi sueldo seguro. Un tío listo, se ahorró el dinero de la Universidad y ahora se culturiza leyendo todo lo que puede mientras a otros, cinco años hincando codos nos quitaron el tiempo y las ganas de seguir leyendo.

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