Thursday, March 31, 2005

A dieta



Mi madre se ha puesto a dieta. Se ha puesto ella y toda la familia, en consecuencia. Bueno, todas las hijas que todavía comemos habitualmente en casa. Yo me independicé pero soy una okupa a la hora del almuerzo. Cocinar para una persona da mal rollito.
A lo que voy. El toque de corneta anti-calorías ha sonado en mi domicilio materno y todas hemos sido abducidas por la tentación de perder unos kilos. El problema es que la dieta made in mi madre es muy peculiar. Está basada en el consumo masivo de productos des-, integrales, bio o light. Vale tomar leche desnatada, yogur desnatado, descafeinado, patatas deshidratadas, pan y galletas integrales y coca cola light. Un conjunto de guarreridas españolas con las que no te queda claro que vayas a rebajar peso pero como sube la cuenta del supermercado, te sugestiona pensar que si lo que tomas es mucho más caro, debe ser más sano y por lo tanto, adelgazante.
El problema de mi casa es la inconstancia. Nadie tiene la fuerza de voluntad para resistirse a un buen dulce y así pasa lo que pasa. Por mucha sacarina y leche desnatada que uno tome, si se moja una torta o un bollo como acompañamiento, la váscula no acaba de notar la diferencia. De esta forma, lo habitual es alternar una semana de penuria a base de filetitos de pollo y pescadita a la plancha en la que alguna que otra, si hay suerte, pierde unos centímetros de volumen, con otra semana de derroche y lujuria cucharetera, en la que circulan por la cocina todo tipo de manjares, cocidos, salsas, pasteles y chucherías varias. Es una técnica muy depurada desarrollada más que para perder peso, para mantenerse y seguir apreciando el placer de un buen chocolate con churros comparado con un biscotte integral reseco y una pieza de fruta (odio cuando los endocrinos llaman así a un plátano o un buen melocotón).
La creencia de que perder kilos es fácil viene de la televisión, donde las chicas más divinas dicen adelgazar bebiendo agua ligera, como si el agua del grifo estuviera hecha de jugo de chorizo, y los cuerpos Danone siempre se ajustan los pantalones más minúsculos después de zamparse un buen goyú bio (¿degradable?). Lo que no dejan claro es si además de agua y yogur, está permitido comer algo más.

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