Thursday, March 31, 2005

La compresa top modern



El otro día, viendo en la tele la serie Cuéntame y escuchando hablar a la abuela Herminia sobre la modernidad, caí en la cuenta de la importancia de un invento tan revolucionario como la rueda o la fregona, la compresa top modern de hoy en día. La primera vez que me vino la regla mi madre me dio una especie de ladrillo blanco con tiras adhesivas de escasa adherencia con las que me recomendó adornar mis braguitas cada mes desde entonces en adelante. Mi conmoción fue mayúscula cuando tuve que echar a andar con semejante armatoste de escasa flexibilidad entre las piernas, que en épocas de anemia pasajera debía multiplicar por dos. A una le entraban unas ganas terribles de inyectarse estrógenos y convertirse en un hombre de pelo en pecho con tal de no soportar semejante suplicio. Mi madre me decía que en sus tiempos aún era peor, que se usaban toallitas al estilo pañal de bebé y aquello me hacía sentirme afortunada. Lo de usar el támpax era poco más que una experiencia religiosa y un desafío a la virginidad que a pocas se les ocurría plantearse. Aunque, la necesidad nos obligó a más de dos y de tres a probarlo a escondidas para poder disfrutar de las vacaciones en la playa. Refugiadas en los servicios de chiringuitos de turno las más avanzadas de la clase dieron cursillos repetidos a las más rezagadas sobre la mejor manera de colocarse el artefacto en cuestión sin equivocarse de orificio. Todo un arte. Mirando atrás la imagen parece sacada casi de la edad de piedra.
Hoy, lo de la regla es poco menos que una bendición divina según los anuncios. Pobres los hombres, que nunca han podido disfrutar de la maravillosa sensación de colocarse una minúscula compresa con alas colocada estratégicamente sobre un tanga, porque ellos nunca podrán volar.
Pobres los hombres que nunca podrán usar un diminuto salvaslip negro, conjuntado con ropa interior de encaje, porque ellos no sabrán lo que es el glamour.
Y pobres también los hombres porque nunca podrán colocarse un Támpax para descubrir que no duele, ni se nota, ni traspasa.
Lo del dolor de ovarios, la inflamación pectoral, la mala leche pre, post y during menstrual o el temor al embarazo no deseado también se lo ahorran pero eso son pequeños gajes del oficio de ser mujer, privilegio que todos ellos quisieran poder experimentar algún día. Y si no, que me expliquen porqué siempre se acaban poniendo tacones y falda cada vez que suena la palabra disfraz o carnaval.

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