Thursday, March 31, 2005

Estoy de obra


Hace unos meses me até la soga al cuello y di el sí a una hipoteca para comprarme un piso, por llamarlo de alguna manera. En realidad, es un estudio diminuto donde queda prohibido que se te escape un minúsculo gas siquiera en el cuarto de baño cuando hay visita porque el espacio es único e indivisible y la intimidad es una utopía si hay más de una persona dentro. Por la misma regla de tres, las fiestas en mi casa tienen que ser chiquititas y silenciosas porque la calle entera rebota si yo pego un salto en el salón. Es todo lo que pude encontrar que se ajustara a mi presupuesto, pero no me quejo. Me voy acostumbrando a vivir en la casa de Pin y Pon. Lo que aún me rebela es mi ineptitud a la hora de controlar al personal encargado de las reformas y hacer que cumplan con su trabajo. Parece que cuanto más pequeño es el piso, mayores son los problemas de los albañiles a la hora de terminar la faena. Es como si todos los pisos del mundo tuvieran prioridad sólo por ser más grandes que el mío. Si tengo yo razón al decir que el tamaño importa.
Cuando cuento esto la gente cree que exagero pero créanme que le quito hierro a asunto. He esperado más de tres meses para ver el baño alicatado (tres metros cuadrados escasos) y eso que el albañil no era perfeccionista precisamente. La llave de paso del agua, por ejemplo, ha decidido colocarla en medio del salón en vez de en el cuarto de aseo, lugar lógico y natural de la misma, y después ha tratado de convencerme de que me será muy útil para colgar la talega del pan ¿?
Pero la cosa no acabó ahí. Cuando se fueron los albañiles, llegaron los del parquet, que me prometieron que en dos días se irían de mi casa. Bueno, pues va para tres semanas y el puzzle del suelo sigue incompleto. Mi madre está convencida de que me han echado un mal de ojo y está deseando que acaben todos para rociarme el suelo con agua de rosas y barrer la estancia con laurel, que dice ella, ahuyenta a los malos espíritus.
Desde luego, la cosa muy normal no es. Mis nervios están rozando la histeria y hasta le estoy cogiendo miedo al pintor, que todavía está por venir, por si se le ocurre hacerme un fresco en el techo o disimular la llave de paso con un mural picassiano. Sólo espero que este capítulo de Manos a la obra tenga un final feliz.

No comments: