
Hace ya más de un año, me inscribí en una página web de contactos. Estaba escribiendo artículos sobre los hombres y las mujeres y quise probar una nueva técnica de ligue contemporáneo para hablar de ella. Al principio, me limité a ser una voyeur del personal, sin implicarme en el tema. Quería captar la esencia de las relaciones basadas en la red cibernética, pero como observadora era un poco difícil pringarse de verdad. Como mucho, lanzaba algún beso virtual de vez en cuando. Un día, después de meses de ir y venir, colgué mi perfil en la paginita, match.com y esperé a ver qué pasaba. Para empezar, sólo puse el texto. Más tarde, al ver que no surtía efecto, colgué mi foto también. Me hice una especial para este fin, con mirada sugerente y gesto pícaro y eso sí que funcionó. Empezaron a lloverme mensajes de toda España y parte del extranjero. Yo estaba flipada por el aluvión. La mayoría de los que contactaban eran chicos con perfil atractivo que no adjuntaban foto. Decidí responder a algunos para entrar en la dinámica y el resultado no pudo ser más nefasto. La ingente cantidad de mensajes, no exagero, me hacía confundir a unos y a otros, confusión justificada en parte porque no era posible poner cara a los susodichos y recordar nombres nunca fue mi fuerte, y más de uno me mandó mensajes de rencor incipiente o despecho por mis contactos erróneos o por mi falta de respuesta. La experiencia rozó la esquizofrenia, llegué a asustarme del lío en el que me estaba metiendo y decidí parar. Mi cara estaba expuesta en una página y yo desconocía con quién estaba hablando en esos mensajes. A veces mentía, a veces decía la verdad, a veces bromeaba, pero cómo alguien que no me conoce podría diferenciar cuándo hacía cada cosa. Y hay tanto loco suelto por el mundo. Eliminé mi perfil, borré mi foto y me di de baja en la web en cuestión. Sin embargo, todavía hoy match. com sigue mandándome mensajes a mi e-mail con asunto "hombres que responden a tu perfil elegido". Desengancharse de estas páginas es casi tan difícil como borrarse de las compañías de teléfono que ofrecen superconexiones a precio de ganga. Lo mejor es no probar, así la nicotina del contacto internauta nunca llegará a entrar en tu cuerpo y no hará falta desintoxicarse.
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