
La vida es realmente muy dura. Hace unos días suplicaba a los Dioses del Olimpo para que me dejaran alejarme del mundanal ruido. Quería olvidarme del estrés y de la rutina del entorno civilizado y ahora, después de volver de tres días de acampada furtiva, doy gracias a los mismos dioses por permitir que exista el teléfono, el water, los ascensores, el enchufe antimosquitos y el aire acondicionado. No sé, la verdad es que no dejo de contradecirme, pero es que la vida tampoco deja de sorprenderme. Como les digo, he pasado tres días haciendo turismo salvaje por la costa, en plan natural, acampando aquí y allí, durmiendo bajo un manto de estrellas y he vuelto estresada sólo de pensar en lo mucho que dependo de la tecnología.
En primer lugar, a mí no me gusta andar. Soy de las que van en coche a la panadería y la búsqueda de playas vírgenes supone un trabajo de senderismo no apto para piernas de carácter, digamos, perro. A mí me gustan los ascensores, los telesféricos, los monopatines con motor, las escaleras mecánicas, todo lo que me lleve en volandas hasta mi destino. En segundo lugar, los mosquitos tienen debilidad por mi sangre. A juzgar por ello, si existieran los vampiros, mi sangre seguro que se vendería como delicatessem, así que dormir sin el Fogo al lado es un suplicio. Y luego está el tema de la nevera. Porque cuando uno se va a la aventura y en plan semicutre, siempre se le ocurre la idea de que el agua fresquita y el goyú del mediodía tienen que conservarse en alguna parte. Lo que nunca piensas es que la nevera no tiene piernas, es decir, hay que cargarla. Si vas en familia, tus padres se encargan del trance, pero si vas con amigos, el transporte de la nevera no es un tema para el que salgan voluntarios. Todo el mundo desaparece cuando hay que enfrentarse a una playa llena de gente, con arena ardiendo bajo tus pies y un objeto peso pesado que parece ser el centro de atención de todos los que toman el sol relajados. Te entra un complejo de maru... En fin, que si me dan a escoger entre un hotel de lujo y el manto de estrellas, igual me voy de visita al planetario.
No comments:
Post a Comment