
Con esto de los micropisos que propone el Gobierno debe pasar como con los micropenes, que te acabas acostumbrando cuando no te queda más remedio, pero nunca dejas de soñar con tener uno más grande. Lo que más trabajo cuesta imaginar es el tema de que los pisos supongan compartir el baño con los vecinos. No sé, con lo difícil que se le hace a la gente dar el paso e independizarse, debe ser jodido que cuando por fin lo consigues tengas que compartir el vasito del cepillo de dientes con el presidente de tu comunidad, por poner el mejor de los casos.
Eso, por no hablar de la claustrofobia que debe provocar vivir en 25 metros cuadrados, por muy altos que sean los techos del recinto. Lo sé porque mi piso mide 40 metros y soy incapaz de imaginar que alguien logre incrustar una cocina, un saloncito y una habitación en menos espacio del que dispongo yo. Claro que el mío sí que tiene cuarto de baño, pero no, no mide 20 metros cuadrados, así que algo se me escapa.
En mis muy superiores dimensiones habitables a las propuestas por el Gobierno todavía no he sido capaz de encajar una cama de matrimonio y, miren que he hecho cábalas sobre el tema, así que no quiero ni pensar el tamaño del catre de los micropisos gubernamentales.
Lo que está claro es que te limpias el piso en un pis pas. Algo ventajoso tenía que tener, a parte del precio, que quiero suponer será muy muy barato. Alguno habrá que comprará los pisitos a pares para tirar tabiques y poder hacer obra en sus super 50 metros.
Con lo difícil que es para los jóvenes españoles lanzarse al abismo de la independencia, la única alternativa que se le ocurre a los lumbreras del Urbanismo nacional es guardarlos en cajitas de cerillas. Así se evita la posibilidad de que monten fiestas porque no caben más de tres en cada piso. Me temo que el pato lo acabarán pagando los padres, que no se van a librar de los niños grandes ni con agua caliente.
No comments:
Post a Comment