
Tengo un amigo que siempre dice que de mayor quiere ser jefe. Yo antes, de pequeña, más que jefe, pensaba que a mí en la vida me gustaría llegar a ser alguien, pero ahora me da un poco igual, no sé, me he vuelto conformista. Aunque eso de ser jefe tiene sus inconvenientes, no crean. Debe ser muy aburrido cobrar un dineral por no hacer nada, y andar disimulando todo el tiempo que uno hace algo y, lo peor, aguantar encima que todos tus subordinados de pacotilla te miren de reojillo, ¡envidiosos!.
Eso sí, a mí lo que, de verdad, de verdad, me da morbo de ocupar un alto cargo es que nadie me pueda llevar la contraria. Que hace un día soleado y tú lo ves gris, oye, pues dices que está lloviendo a cántaros y nadie te rechista. O casi nadie. Siempre hay un pamplinas de turno que se cree en la misión de aclarar la verdad en estos casos. ¿Qué necesidad tendrá el tío de decir que es mentira lo que el jefe ha dicho? ¡No te enteras, que es el jefeeeeee! Es ganas de meterse donde no lo llaman a uno. Distinto es que el jefe diga que sabe hacer puenting y se quiera tirar, seguro que el listillo ése no le lleva la contraria entonces. Y hasta lo anima.
Desde luego, a mí, si me ofrecen un puesto de jefa quiero ser de las de toma pan y moja, de ésas que tienen gente a su cargo y todo, y sin nadie por encima, con podeeer, mucho podeeeer. Menuda jefa iba a ser yo. Me iban a crecer las cejas hasta la coronilla de tanto fruncir el entrecejo y, si me apuras, hasta me fabricaría un cartelito con un NO muy grande para sacarlo cada vez que alguien viniera a mi despacho, para dejar claro desde primera hora que conmigo no se juega. Además, pediría que me colocaran en la puerta un letrero bien grande que dijera que soy jefa. Para que nadie lo pudiera poner en duda. Porque siempre hay por ahí alguno que dices que eres jefe y como no lo vea escrito en algún sitio, oye, se cree que te estás dando aires. Como si a ti te hiciera falta... Y es que hay que aguantar mucho siendo jefe, yo lo sé. Mucha incomprensión y mucha intolerancia de ¡mentecatos ignorantes! En fin, esto sólo la gente con aspiraciones lo sabemos.
Eso sí, a mí lo que, de verdad, de verdad, me da morbo de ocupar un alto cargo es que nadie me pueda llevar la contraria. Que hace un día soleado y tú lo ves gris, oye, pues dices que está lloviendo a cántaros y nadie te rechista. O casi nadie. Siempre hay un pamplinas de turno que se cree en la misión de aclarar la verdad en estos casos. ¿Qué necesidad tendrá el tío de decir que es mentira lo que el jefe ha dicho? ¡No te enteras, que es el jefeeeeee! Es ganas de meterse donde no lo llaman a uno. Distinto es que el jefe diga que sabe hacer puenting y se quiera tirar, seguro que el listillo ése no le lleva la contraria entonces. Y hasta lo anima.
Desde luego, a mí, si me ofrecen un puesto de jefa quiero ser de las de toma pan y moja, de ésas que tienen gente a su cargo y todo, y sin nadie por encima, con podeeer, mucho podeeeer. Menuda jefa iba a ser yo. Me iban a crecer las cejas hasta la coronilla de tanto fruncir el entrecejo y, si me apuras, hasta me fabricaría un cartelito con un NO muy grande para sacarlo cada vez que alguien viniera a mi despacho, para dejar claro desde primera hora que conmigo no se juega. Además, pediría que me colocaran en la puerta un letrero bien grande que dijera que soy jefa. Para que nadie lo pudiera poner en duda. Porque siempre hay por ahí alguno que dices que eres jefe y como no lo vea escrito en algún sitio, oye, se cree que te estás dando aires. Como si a ti te hiciera falta... Y es que hay que aguantar mucho siendo jefe, yo lo sé. Mucha incomprensión y mucha intolerancia de ¡mentecatos ignorantes! En fin, esto sólo la gente con aspiraciones lo sabemos.
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