Friday, April 15, 2005

Mujeres machistas


Tengo una amiga que tiene una madre que siempre me dice que escriba una columna sobre un tema algo escabroso. Llevo tiempo dándole vueltas y hoy me he decidido a coger el toro por los cuernos. El asunto en cuestión es el machismo femenino, no sé si creciente, pero verdaderamente insultante.
Cierto sector de la población que luce ovarios en lugar de pene tiene como costumbre enjuiciar a sus colegas cuando el comportamiento de éstas no se ajusta a sus deseos o enseñanzas parroquiales. Desde tiempos remotos, los hombres han dividido a las mujeres en santas y ligeras de cascos. Es una terminología todavía en uso que viene a separar a las señoras decentes, regidas en su vida por la moral imperante, de las que hacen uso de su libertad sin remilgos. Muchas de las decentes, a quien nadie pide explicaciones por su honorable vida, se creen en la obligación de llevar al resto por el buen camino, convencidas de que están en posesión de la verdad.
Ese tipo de mujeres, de todas las edades ¡ojo!, que difícilmente se encontrarían a las seis de la mañana en la puerta de una discoteca si no es para tomar nota de lo que hacen otras, son las que echan de Gran Hermano a las pilinguis de turno por hacer uso de su sexualidad o las que critican por lo bajuni a la vecina divorciada que se atreve a echarse un novio más joven que ella.
En mi opinión, esas ganas de etiquetar al personal tienen la raíz en una mentalidad claramente machista, quizás defendida por los hombres del sector más conservador, pero aceptada por ese sector femenino como parte de su condición sumisa. También es posible que el origen del problema esté en la envidia de las que quieren y no pueden, perfectamente comprensible, aunque sumamente criticable.
La liberación de la mujer, lejos de consistir en ir a trabajar o en dejar a los hijos con una niñera, se basa en la superación de una larga lista de prejuicios infundados. El día en que una mujer activa sexualmente pueda serlo sin tapujos, el mundo estará evolucionando, pero nada cambiará si nosotras no damos el primer paso.

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