Wednesday, May 28, 2008

¿Alquilas o enriqueces?

Qué manía tiene todo el mundo con el piso en propiedad. ¡Con los precios astronómicos que se gasta el sector inmobiliario! Me faltan dedos en las manos para contar el número de amigas que han tenido que esperar durante años para, antes de casarse (ésa es otra, y lo digo desde el respeto, la costumbre del bodorrio, con el escaso índice de éxito que tiene el matrimonio), firmar el contrato que les ligará al banco casi de por vida (y digo casi porque supongo que habrá alguno que se jubile con la deuda saldada). Y eso, a pesar de lo bien que se vive de alquiler. Que se te rompe un grifo, llamas al casero y él lo arregla y lo paga. Que vives en San Agustín, en el Zoco o en Las Tendillas, me da igual, y te toca un vecino pelmazo, buscas otro piso y te cambias de comunidad. Que te quedas en el paro y la cuota mensual te queda grande, pues te buscas otro más barato y en paz. Y si el piso está amueblado, se ahorra uno comprar electrodomésticos, la mesa de camilla y hasta la obrita de rigor en el cuarto de baño. Bueno, tampoco es todo tan fácil y tan ideal, pero comparado con lo otro... sí. Me sorprende que, con lo caras que están las hipotecas, nadie quiera renunciar a tener una. Yo es que no lo entiendo. Debe ser que la gente no se para a pensar, con la euforia del casamiento, en que si uno se casa y se arrepiente, tiene la opción de recurrir al divorcio express y separarse en menos que canta un gallo, pero que separarse de la hipoteca es más difícil. Y es que, por mucho que duela reconocerlo, el lazo de unión con el banco es igual o más indeleble que el de pareja. En el resto de Europa, eso no pasa. Nadie tiene interés en comprarse un piso. Total, para que lo disfruten luego los descendientes... Y eso, si no nos meten antes en una residencia. Anda ya.

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