Wednesday, May 28, 2008

Que no llegamos

Llevo un mes y medio recibiendo cartas de todo tipo de bancos que me ofrecen préstamos a precio de ganga. Cada vez que abro un sobre y veo "¡Tiene usted hasta 12.000 euros en media hora!" corro a una papelera, rompo el papel y lo tiro al fondo de la basura para evitar cualquier tentación, sobre todo teniendo en cuenta que se acercan las vacaciones. Yo no sé qué pasa en este siglo XXI que si, en verano, no viajas a más de 500 kilómetros de distancia, todo el mundo cree que tus vacaciones han sido un chasco. ¡Hasta tú mismo lo crees! Como alternativa digna a cruzar el Atlántico, solo vale pasar un mes en un apartamento a pie de playa a cambio de un mínimo de 2.500 euros por dos habitaciones. (Para eso, viajo). Qué digo yo, ¿dónde ha quedado aquella vieja costumbre de antaño de coger el coche el sábado casi de madrugada, con la nevera y los bocatas, y volver el sábado por la noche con la espalda achicharrada por el sol, y derrotada toda la familia por el efecto de las olas para reposar el domingo, sentados juntos en el suelo frente al ventilador con el cuerpo embadurnado en apestoso after sun ¡Qué daño han hecho la UE, las tarjetas de crédito y los pagos a plazo a este país! (antes obrero, ahora sibarita). El problema es que tan mal visto está quedarse el verano en casa que mucha gente se entrampa hasta las cejas para pasar el verano en Cancún o en Las Galápago. Ya ni los niños se conforman con ir a Fuengirola. Y los padres, que no se enteran de que no es bueno dar a los niños todo lo que piden, se esfuerzan para evitarles el gran trauma de no haber visto, pongamos por caso, las pirámides de Egipto antes de cumplir los 7. ¿Estamos locos El caso es que viajar está muy bien, pero si no se puede, no se puede y punto. Que luego viene septiembre, la vuelta al cole... y no llegamos.

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