España ha perdido los matices. Al menos, en lo que a pensamiento y política se refiere. Basta con colarse en cualquier foro de internet, con ver el telediario, hasta charlar con los amigos sobre algún tema que tenga cierta implicación socio-política para descubrir que los términos medios no existen. En este mundo lleno de banderas en pro del mestizaje, de la interculturalidad y de la tolerancia solo cabe decantarse en dos sentidos. O eres progre o eres facha. A quién votas, si es que votas, es lo de menos. Total, "todos los partidos hacen lo mismo..." Así, no vale ser un poquito de esto y otro poco de aquello. Nadie parece estar preparado para asumir que la personalidad compleja del ser humano permite que uno sea muy avanzado en unas cosas y muy poco en otras. Para ser progre, basta con poner a parir a los empresarios, al sistema educativo o a la Iglesia, decir que te gusta mucho ir de fiesta, que crees en el amor libre, defiendes a los inmigrantes o eres feminista. Por supuesto, no es necesario respaldar las declaraciones con actuaciones concretas porque nadie hace lo que dice. Para ser facha, la clave está en decir que crees en Dios (si vas a misa es peor), tener un boli del PP (aunque solo lo uses para escribir), vestir de chaqueta o ser contrario al botellón, criticar a los inmigrantes, a las feministas o defender el libre mercado. No se contempla ser homosexual, pero católico y contrario al aborto; o ejemplo de compromiso social y sindicalista, pero ni feminista ni machista y miembro de la liga anti alcohol y porros. En este mundo etiquetado, pedir eso, por lo visto, es pedir demasiado, como pedir demasiado es reclamar un partido de centro o un pensamiento mixto. Algo que nos saque de este largo y aburrido partido de ping pong.
Wednesday, May 28, 2008
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