El sábado fue el Día de la Mujer Trabajadora y día de reflexión, todo en uno, y a mí me dio por reflexionar sobre las trabajadoras de mi género. El viernes fui a una rueda de prensa sobre este tema en un sindicato. Sindicalistas y periodistas allí presentes éramos todas mujeres, algo, por otra parte, bastante habitual. Cuando acabó la cosa oficial, nos enfrascamos en una conversación sobre la conciliación de la vida familiar y laboral, preguntándonos todas por qué resulta tan difícil para las empresas tomar medidas de este tipo que, además de hacer a sus empleados más felices, aumentarían el rendimiento. La inevitable conclusión es que los puestos de organización de las empresas están, mayoritariamente, ocupados por hombres, justo los que menos idea tienen de organizar. Ya sea por tradición histórica o por pura necesidad estratégica, han sido las mujeres (valgan aquí todas las excepciones posibles) las expertas en sacar tiempo de donde no lo hay para hacer mil y una cosas en el menor tiempo posible y, por tanto, somos nosotras y no ellos quienes poseemos las herramientas más afiladas cuando se trata de exprimir el reloj y sacar el máximo partido a las 24 horas del día. No hay más que dejar a un hombre al cargo de una casa para comprobar que para hacer las mismas tareas que hace una mujer a diario, y por mucha voluntad que pongan, ellos suelen emplear el doble de tiempo. Hasta la fecha, ellos no han desarrollado la visión práctica de conjunto que a nosotras nos sobra, ésa que les hace sentir desbordados cuando se les plantea un listado de lo que se supone que tienen que hacer. Si extrapolamos esta idea a la organización de una empresa, el caso es el mismo. La conciliación familiar y laboral requiere una visión global de necesidades para la cual las mujeres están mucho más capacitadas. Lástima que las empresas pasen por alto las potencialidades de sus empleados.
Wednesday, May 28, 2008
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